El Comercio

Último adiós a la «alegría expansiva y serena» de María Elvira Muñiz

Numerosos amigos, compañeros y alumnos de Marial quisieron acompañar a sus seres queridos, en primera fila, en su despedida.
Numerosos amigos, compañeros y alumnos de Marial quisieron acompañar a sus seres queridos, en primera fila, en su despedida. / P. CITOULA
  • Decenas de amigos, compañeros y alumnos acudieron a la despedida de «una mujer de la cultura y el pensamiento entregada a los demás»

Había veces, señaló el vicario de la parroquia de Nuestra Señora de Begoña, Ángel Iruzubieta, en que María Elvira Muñiz se olvidaba de sí misma, tan volcada estaba en transmitir su sabiduría y conocimientos a los demás. Pues bien, ayer, lejos de caer en el olvido, Marial, como la llamaban sus allegados, estuvo en la mente de todos aquellos que quisieron acudir al templo de los padres carmelitas descalzos a darle su último adiós. Y no fueron pocos.

Muchos eran compañeros con los que compartió innumerables jornadas de su extensa labor docente. Otros tantos fueron, en su día, alumnos de la doctora en Filosofía y Letras y catedrática en Literatura que el pasado sábado fallecía, a los 93 años. Pero también había colegas escritores, algunos de ellos empujados a tal profesión por la propia Marial, antiguos compañeros del Ateneo Jovellanos y amantes de las buenas lecturas que disfrutaron junto a ella de las diferentes tertulias literarias en las que siempre le gustó participar. Y es que, según recalcó Iruzubieta, fue María Elvira una mujer que «no se guardó los talentos que el Señor le dio para sí, sino que, con espíritu solidario, los puso a trabajar en beneficio de los demás y los hizo crecer a través del trabajo y el estudio de los muchos jóvenes de Gijón que pasaron por sus aulas y a quienes formó para que fuesen hombres y mujeres de bien». Una semilla que dio sus frutos, a juzgar por lo concurrido de la parroquia que ayer acogió el funeral de la escritora y profesora.

Valores humanos

Durante su homilía, el vicario de Nuestra Señora de Begoña, alabó «la alegría extensible y serena que María Elvira siempre demostró en sus tareas y relaciones» y recalcó cómo fue ésta «una mujer de la cultura y el pensamiento que contribuyó con creces a dejar algo mejor este mundo nuestro. Entregada a su tarea de enseñar y cercana a todos los que la trataron, vivió María Elvira de una forma sencilla y acorde a los valores humanos. Esos que llegan al corazón y quedan grabados en un recuerdo agradecido». Era, insistió, «una persona de fe volcada en los demás. Entregada en esa vocación de enseñar en las aulas y de escribir, para que su saber llegara a cada vez más personas».

El sacerdote se refirió también a la finada como «una mujer luchadora y comprometida, cuyo objetivo era conseguir que todos aquellos jóvenes que tuviesen interés por estudiar pudiesen acceder a la universidad sin restricciones de clases. Por eso se volcaba en sus alumnos. Estaba convencida de que la formación y el conocimiento son básicos para mejorar la sociedad», aseveró, y recordó «sus luchas para conseguir nuevos institutos para los nuevos barrios que se iban formando en aquel Gijón que se expandía a costa del desarrollo industrial». No en vano, fue una de las principales artífices de la creación del instituto de La Calzada, hoy Padre Feijoo, que inició sus andanzas a principios de los años 60 con dos Secciones Filiales, una femenina, que se instaló en una sala de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Fátima y que la propia Marial dirigía, y otra masculina, que hizo lo propio en lo que antiguamente había sido un gallinero.

Fue precisamente en el instituto de La Calzada donde Marial coincidió con un Laurentino Gómez Montes que se estrenaba como sacerdote y profesor y que ayer no se quiso perder el funeral de quien fue una de sus más queridas compañeras de trabajo. Además de él, acompañaron en el altar a Iruzubieta Fernando Fueyo, párroco de San Nicolás de Bari en El Coto y capellán del Sporting; José Luis Fonseca, párroco de la Purísima Concepción en Nuevo Gijón y Silverio R. Zapico, párroco de la Resurrección en Laviada. Todos ellos quisieron recordar también el gran amor que profesó María Elvira por Gijón y por Asturias. «Ese amor la llevó a comprometerse con su tierra con toda su entrega y haciendo aquello que mejor se le daba: enseñar y educar en valores», manifestó el vicario de Nuestra Señora de Begoña.

Dolor por la pérdida

Durante la ceremonia, los familiares y allegados de la profesora, entre quienes se encontraban su sobrina Cuca Cuervo, su prima Charo Quirós y su hermana política, María Luisa Fernández-Villaverde, estuvieron arropados por compañeros, alumnos y amigos de Marial. No se quiso perder la despedida la ex alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, quien fue alumna de la escritora en la Asunción, ni tampoco José Luis Martínez y Virginia Álvarez-Buylla, sus compañeros en el Ateneo Jovellanos. Desde León llegó el escritor y poeta Jaime Rollán, quien recordó, con una enorme sonrisa, cómo Marial le animó a escribir. «Ella fue mi mentora», aseveró.

Estuvieron también presentes el presidente y la secretaria de la asociación de Antiguos Alumnos del Real Instituto de Jovellanos, José Miguel Fernández y Ana María Calleja; el escritor y profesor Francisco A. Velasco, el médico Luis Ortega y el abogado, empresario y escritor Senén Guillermo Molleda, entre muchos otros.