El Comercio

Los zombies campan en Los Pericones

vídeo

Corredores que participaron en la segunda edición de la Gijón Halloween Race, que tuvo lugar en el parque de Los Pericones. / FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA

  • La segunda Gijón Halloween Race congrega a más de trescientos corredores disfrazados en el espacio verde

  • Al ponerse sol, seres terroríficos asustaron a los participantes a lo largo de un recorrido de 6,66 kilómetros

Seres de ultratumba colonizaron ayer Los Pericones. Al más puro estilo de los zombies de películas como '28 días después' y 'Guerra mundial Z', el parque se llenó de extraños personajes que corrían como alma que lleva el diablo. No se trataba del rodaje de un suceso paranormal ni del rodaje de una película de terror. Era la Gijón Halloween Race, un evento deportivo en el que participaron más de 300 personas.

El prólogo fue la Carrera de Calabazas, que dio el pistoletazo de salida a una tarde de miedo. Más de un centenar de niños y adolescentes de entre uno y dieciséis años salieron de la plaza del 3 de Abril, junto a la piscina municipal. En primer lugar partieron los los más pequeños, que recorrieron un tramo de cien metros.

Luego llegó el turno de los otros dos grupos de menores, que corrieron una distancia de 250 metros. El grupo más numeroso fue el que comprendía a los niños de entre cinco y siete años, con cuarenta y cinco inscritos. También hubo numerosos participantes de entre cero y cuatro años. En concreto, treinta y cinco. El resto de los jóvenes corredores se repartió entre las restantes franjas de edad.

Como curiosidad, los pequeños participantes corrían con un recipiente para recoger las golosinas que la organización había colocado por el camino. Así, se cumplía una de las tradiciones asociadas a Halloween, como es el reparto de chucherías. Una hora después, en torno a las nueve de la tarde, comenzaron las carreras de los adultos. Cuando ya reinaba la oscuridad. La segunda Carrera Nocturna Gijón Halloween Race, organizada por el Patronato Deportivo Municipal (PDM) y el Club Razastur-La Buena Vida, discurrió en un circuito marcado por una cifra diabólica: 6,66 kilómetros de longitud. El 70% del recorrido estaba trazado sobre césped y el resto sobre caminos de grava, asfalto y tierra.

Criaturas escondidas

Este año se modificó algún tramo para solucionar los errores de marcaje que tuvieron lugar en la primera edición. Al tratarse de una carrera con la temática de Halloween, no podían faltar los sustos. Escondidos entre los matorrales o detrás de los árboles aguardaban monstruos, vampiros y demás seres que hielan la sangre de sus víctimas.

Criaturas que aprovechaban el estado de concentración de los corredores para asustarles, tal y como explicó Raúl Barrera, miembro de la organización. A su vez, estos monstruos agazapados en los rincones de Los Pericones optaban a los premios reservados para el concurso de disfraces. De modo que algunos exprimieron su imaginación al máximo y consiguieron atemorizar a los sufridores corredores con sus aterradores atuendos. La carrera se dividió en tres tandas, en función de la destreza de los participantes. Primero salieron aquellos inscritos en la categoría 'élite' y, con una diferencia de quince minutos entre sí, los equipos -formados por cuatro componentes- y los corredores de la 'fun party'.

«El 90% venían disfrazados», apuntó Barrera, con lo que la ambientación fue total. Además de mejorar la señalización del recorrido y la puesta en escena, la organización también habilitó un sistema de cronometraje, de modo que se midiera correctamente el tiempo logrado por cada corredor. Pero la competición era lo de menos. Lo más importante para los centenares de 'monstruos' que se dieron cita en Los Pericones era celebrar el Día de los Difuntos con sustos y risas, aunque fuera a la carrera.