El Comercio

«La obligación de superarte te lleva a hacer lo imposible»

En primera fila, algunos de los jóvenes guatemaltecos en su visita a la Facultad de Comercio.
En primera fila, algunos de los jóvenes guatemaltecos en su visita a la Facultad de Comercio. / D. MORA
  • Seis de los jóvenes que la Asociación Seronda ayuda en Guatemala comparten sus vidas con alumnos de la Facultad de Comercio

«Mi vida sin el proyecto Belice era muy difícil». Así de contundente sonó la voz de Raúl Soto, de 26 años, uno de los seis jóvenes guatemaltecos que ayer hablaron de su vida a los alumnos de la Facultad de Comercio, Turismo y Ciencias Sociales Jovellanos, así como de la «gran labor de la Asociación Seronda» en su país. Y es que decenas de chicos y chicas como Raúl disfrutan de una «tranquilidad» que no ha sido sencilla de conseguir, pues los escasos recursos económicos, las dificultades de transporte y los peligros de bandas organizadas como las maras interrumpen el sueño de muchos padres, niños y adolescentes que día a día luchan por la educación y la igualdad de oportunidades.

«Vivo en un hogar desintegrado donde solo tengo mamá. Ella es trabajadora y luchadora, todo un ejemplo a seguir». Dicho y hecho. Raúl Soto sigue el mejor de los modelos. Pero «no es nada fácil, señaló. Sin conocer lo que es un día libre o los fines de semana de fiesta con los amigos, contó que se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para emprender un «largo y cansado» viaje de hasta dos horas y media. Y tras la ardua jornada, el mismo caos para llegar a casa a las siete y media de la tarde, donde antes de descansar da las «gracias» por ser uno de los afortunados que ha podido terminar sus estudios y que ahora trabaja, además, como educador en la ONG. «A veces, la motivación de superarte te obliga a hacer lo imposible y más», relató con una tímida sonrisa.

«Queremos conocer la realidad en la que vivís y que vosotros veáis la nuestra. Sabemos que habéis hecho un largo viaje», les dijo una de las estudiantes asturianas a modo de bienvenida. Y tan largo. Algunos de ellos no solo terminaron la Educación Secundaria gracias a Seronda sino que, además, han tenido la posibilidad de continuar con formación superior y complementaria, según sus intereses. Soto persigue su sueño de ser chef mientras apoya a otros jóvenes que, como él, «desean salir del mundo que les rodea». Un lugar donde «264 familias» son las dueñas de los medios de producción del país. «Es como una sensación de impotencia», explicó.

Esa sensación se la provoca la falta de libertad y el miedo de los ciudadanos a hablar, algo que tiene que ver con las maras, puesto que estas bandas «llevan tiempo reclutando niños para sus fines, utilizándolos y truncando su futuro». Un porvenir por el que estos jóvenes siguen luchando a golpe de lápiz, libros y sonrisas.