El Comercio

Pliegues con mucha ciencia

Ramón Jiménez enseña alguna de sus figuras.
Ramón Jiménez enseña alguna de sus figuras. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • Ramón Jiménez habló en la EPI del origami, el arte que emplea papel y que tiene también aplicaciones técnicas

Un arte como el origami necesita tiempo, paciencia y disciplina. La belleza que pueden alcanzar las distintas piezas de papel plegado, desde la grulla más simple a la estructura más compleja, es innegable. Sin embargo, más allá de la estética, estas figuras guardan en su proceso de creación unas cuantas características técnicas que pueden ofrecer distintas enseñanzas a muchas disciplinas. «Dejando atrás los tópicos que todos hemos escuchado tantas veces, tales como que es un entretenimiento exclusivo para niños, el origami se está empezando a utilizar para muchos proyectos de gran calado técnico», asevera Ramón Jiménez, jurista de profesión pero con una pasión reconocida por la papiroflexia.

Medicina, arquitectura, ingeniería... Para entender la función que el pliegue de papel puede ofrecer a este tipo de disciplinas, Jiménez acudió ayer a la Escuela Politécnica (EPI) para charlar con alumnos y profesores acerca del tema. «Aunque no nos demos cuenta, muchas estructuras del origami se aplican en el día a día. Sin ir más lejos, el proceso de fabricación de las cajas de cartón, el funcionamiento de una persiana o un mapa de carreteras son prueba de ello», explica. En el ámbito médico, a su vez, cada vez es más frecuente experimentar con estructuras pequeñas -fruto de las investigaciones sobre nanotecnología- que, una vez introducidas en el cuerpo humano, se despliegan para desempeñar su función. Otro ejemplo es el de los cirujanos japoneses, que entrenan su técnica y pulso plegando papel. «Aunque las raíces del origami son antiguas, ahora se está viviendo su verdadera época dorada. Estos años ha experimentado un gran avance ya que los progresos en matemáticas y geometría son parte fundamental de estas técnicas», sostiene Jiménez.

De oriente a los aviones

La evolución meteórica de las técnicas de plegado se entienden observando al pasado. Con la creación del papel y su rápida difusión a Japón, los plegados surgieron de forma natural para confeccionar figuras ceremoniales, que servían de ornamentación o envoltorio. La técnica oriental y occidental crecieron paralelas con el paso de los siglos, con algunas características propias de cada escuela y con resultados finales vistosos pero poco elaborados. «No será hasta el siglo XIX, con los primeros libros sobre la materia, cuando se empiezan a difundir verdaderamente técnica y conocimiento», explica el jurista.

Con el siglo XX y las mejoras en la comunicación, las dos escuelas se dieron de la mano y empezaron a beber la una de las otra: el pájaro aleteador y la grulla -símbolos de las dos tendencias- ya volaban juntos. «Hoy en día hay grandes creadores mundiales. Por ejemplo, se realizan figuras de animales complejísimos y todo sin cortar un centímetro del papel. Teselaciones, espirales, pirámides... todo ello de una belleza inconmensurable», apunta Jiménez. Con especial interés se refiere a Akira Yoshizawa, padre de la papiroflexia moderna. Él ayudó a difundir los conocimientos adquiridos históricamente, proponiendo una nueva forma de trabajar y realizando más de 50.000 obras.

«Incluso los aviones de papel han servido para dar forma a los comerciales, aprovechado muchos diseños en función de su aerodinámica. De hecho, se han creado concursos de este tipo de obras en los que se valora la distancie en vuelo, el diseño o el tiempo que aguanta en el aire». Otro ejemplo más de que las enseñanzas del papel se acaban llevando al acero.