El Comercio

«No paro de pensar qué pasó aquel día»

Consolación Bravo y Mario García, padres de Yolanda, en su piso de Nuevo Gijón, esta misma semana.
Consolación Bravo y Mario García, padres de Yolanda, en su piso de Nuevo Gijón, esta misma semana. / JORGE PETEIRO
  • Sus familias mantienen la esperanza de tener alguna noticia, por pequeña que sea, que les permita aliviar su dolor

  • Tres hombres y una mujer han desaparecido en los últimos siete años sin dejar ni rastro

Una carta del banco felicitando el cumpleaños. Una llamada de la compañía telefónica ofertando nuevos servicios a la titular de la línea. Una notificación del hospital para recordar una consulta médica. Unas navidades... ¿Qué hacer cuando la vida sigue para aquel del que nada se sabe? Es la difícil situación a la que se enfrentan cuatro familias gijonesas. La ausencia no deja paso al luto y hace que cada día pese como una losa. El tiempo acaba con la esperanza, aunque la naturaleza humana es incapaz de asumir una muerte cuando aún quede el más mínimo atisbo al que aferrarse.

Los familiares de Yolanda, Pedro Matías, Celestino y Cristian conocen muy bien ese sentimiento. Saben lo que es levantarse con un único propósito: tener alguna noticia, por pequeña que sea, que ayude a aliviar la agonía que sufren desde el día en el que vieron por última vez a su ser querido.

«Es muy duro decirlo, pero a día de hoy hubiese preferido que hubiese muerto cuando un año antes se intentó suicidar tomando un blíster de pastillas a estar pasando por esta incertidumbre que nos corroe ahora y que no nos deja vivir. Por lo menos tendríamos un sitio en el que llorarla». Son las demoledoras conclusiones de Mario, el padre de Yolanda García Bravo, la profesora vecina del barrio de Nuevo Gijón y de la que no se sabe nada desde febrero de 2015. «No estaba bien. Su marido murió hace seis años y ella había tenido varias recaídas, pero en las últimas fechas estaba bastante repuesta, había empezado a trabajar otra vez en un instituto en Oviedo y no notamos nada especial que hiciese pensar que pasaría esto», explica este hombre, al que el paso de tiempo le ha minado las pocas esperanzas que tenía de encontrarla con vida. «Lo anduvimos todo, recorrimos toda la ciudad y también muchos sitios de Asturias; a la Policía ya no le queda ni dónde mirar, la verdad es que les estamos muy agradecidos por todo lo que han hecho, pero por mucho que nos gustaría que las cosas fuese diferentes, son las que son...», razona. Mario, además de llorar la ausencia de su hija, saca fuerzas de donde prácticamente no las hay para intentar animar a su mujer, Consolación, que está «llevándolo peor». «Se agarra a un hierro caliente para pensar que está viva, lo que hace que la situación le sea insoportable. Yo, con todo el tiempo que ha pasado, he asumido que ya no está entre nosotros», dice.

De izquierda a derecha: Cristian Cueli, Celestino Puente y Pedro Matías. Siguen desaparecidos.

De izquierda a derecha: Cristian Cueli, Celestino Puente y Pedro Matías. Siguen desaparecidos.

Con todo, y pese a que el reloj en su piso de la calle Naranjo de Bulnes se paró aquel día de febrero, «con un temporal tremendo en la calle», recuerda, «la vida sigue y hay que tratar de llevarlo lo mejor posible dentro de toda esta desgracia, pero hay que seguir como se pueda...». Como único consuelo les queda «esperar». «Poco antes que mi hija, desapareció una chica que se había tirado desde el Cerro, encontraron los restos en una playa en Francia hace muy poco. Ya es lo único que pedimos, que el mar nos la devuelva», lamenta. Porque para su padre, Yolanda está en el mar. Se refiere Mario a una joven de 34 años que en diciembre de 2014 se arrojó al Cantábrico desde la Atalaya de Santa Catalina.

Dejó claro el destino que había tomado con una nota manuscrita que fue encontrada junto a una botella de alcohol y un paquete de ansiolíticos. Un año y medio después, sus familiares pudieron pasar de la fase de búsqueda a la del duelo, aunque los restos mortales aún no les han sido devueltos por las autoridades francesas debido a problemas burocráticos.

Más tiempo llevan esperando los allegados de Pedro Matías Sánchez, el joven que hoy tendría 37 años y que falta de su casa de la calle Puerto Rico, en El Cerillero, desde el 26 de marzo de 2009. Siete años en los que a Rosa, su madre, se le han pasado por la mente «muchísimas hipótesis, la cabeza no descansa ni un momento y solo da vueltas pensando en qué le pudo pasar aquel día». Aunque no lo verbaliza abiertamente, los años transcurridos han mermado sus esperanzas. «Al principio, creía que lo tenían retenido; ahora ya no sé lo qué creer», se lamenta.

La última pista que se tiene de este joven que se encontraba en paro después de un tiempo trabajando para una empresa siderúrgica es el testimonio de un conocido que se lo encontró cerca de la Casa del Mar. «Salía a pasear todas las mañana y volvía a la hora de comer. Al ver que se retrasaba un cuarto de hora, ya supe que había malo había pasado», asegura Rosa.

«Cada vez que suena el teléfono, pienso que es la noticia que llevo años esperando», dice. Como la que recibieron los familiares de Luis Pérez García, el anciano de 86 años cuyo cadáver fue encontrado seis años después de su desaparición a unos diez kilómetros de su casa, en Veriña, en un pozo en las vías del tren. Lo localizaron los operarios de mantenimiento. Era una de las 1.270 búsquedas activas de desaparecidos existentes en España. En Gijón, las investigaciones de personas ausentes corren a cargo de los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), que no cierran ningún caso hasta que haya resultados positivos. Por mucho tiempo que pase y por mucho que los días corran en su contra.