El Comercio

18 barcos sacaron casi 3.000 toneladas de ocle este año, cerca del 95% del cupo

Imagen de una descarga de ocle en El Musel, tras una jornada de arranque en el verano de 2013.
Imagen de una descarga de ocle en El Musel, tras una jornada de arranque en el verano de 2013. / PURIFICACIÓN CITOULA
  • La media de las últimas campañas se sitúa entre doce y quince lanchas participantes, con una extracción de 2,2 millones de kilos

La campaña estival de ocle, la que utiliza el método de arranque para extraer las algas y está reservada a embarcaciones de pesca profesional, fue este año buena tanto por el número de embarcaciones como por el favorable estado de la mar y cantidad de mercancía obtenida, según confirmaron fuentes de la Dirección General de Pesca Marítima del Gobierno regional.

Casi 3.000 toneladas fueron sacadas de la mar por un total de 18 embarcaciones, en cada una de las cuales trabajaron cinco personas: el patrón, tres buzos y un marinero de apoyo a los submarinistas desde la superficie. Se trata de un número de tripulantes prácticamente fijo porque se ajustan al mínimo necesario para garantizar la seguridad y el máximo de rentabilidad.

Síntoma de que todo transcurrió favorablemente es que el cupo se agotó en uno de los campos, concretamente el más oriental de los habilitados; a punto estuvo de ocurrir lo mismo en el central y se superó la mitad en el ubicado al oeste del Cabo Peñas.

El cupo establecido era el mismo que en 2015, es decir, 3.200 toneladas en el conjunto de los tres distritos habituales. De occidente a oriente, los distritos son: desde punta Rebollera (faro de Cudillero) hasta cabo Peñas, de donde se podían extraer 500 toneladas; desde cabo Peñas hasta punta Entornada (al Este de la Playa de España), que tuvo un cupo de 2.000 toneladas, y de punta Entornada a cabo La Mar (al Este de la playa de Cuevas del Mar), con un máximo de 700 toneladas.

Este último cupo se agotó en torno a la mitad de la campaña, que se desarrolla tradicionalmente cada año desde el 1 de julio hasta el 30 de septiembre. En 2007, debido a que el mal estado de la mar restó muchos días de faena, se amplió un par de semanas, pero la mayoría de los barcos tenían programada con anterioridad su trabajo y solo unos pocos hicieron uso de esa prórroga de la que el Principado se reserva la capacidad de autorizar.

El distrito central, que como queda reflejado es del que mayor cantidad de algas se puede arrancar, no llegó a ser cerrado, pero las fuentes indicadas señalaron que se situó al 95% de la explotación máxima autorizada, y el occidental fue el menos trabajado, además de ser el que tenía el cupo más bajo (tan solo la cuarta parte del distrito central, por ejemplo.

En total, casi tres millones de kilos extraídos, de los 3,2 autorizados, lo que supone el 93,75%, cantidades muy alejadas de una media próxima a los 2,2 millones de kilos obtenidos en los tres años anteriores.

Interés creciente

Clave en ese aumento de producción, aparte de las circunstancias meteorológicas, es la mayor o menor participación de embarcaciones. «Hace cuatro o cinco años éramos ocho -indicaron fuentes del sector-, el año pasado se llegó a quince y ahora somos dieciocho». Entre doce y quince barcos fue la participación habitual en la última década, con una caída importante en 2010 porque las medidas de seguridad exigidas por la Capitanía Marítima, tras algunos accidentes acumulados en años anteriores, actuaron como factor disuasorio.

Las fuentes del sector consultadas descartan que el aumento de participación esté motivado por una alta rentabilidad. «A dónde va Vicente?...», dijeron con sorna y disgusto, para explicar el aumento, pero hay que considerar que las algas proporcionan menor incertidumbre que cualquier otra pesquería y constituyen una oportunidad de dejar descansar los caladeros durante tres meses, de forma que están demostrando atractivo para la flota de menor porte.

Tras la campaña de arranque, las algas pueden seguir siendo explotadas, pero solo de arribazón, es decir, cuando es la mar quien las arranca con los temporales de invierno y las deposita a lo largo del litoral. También hay un sector organizado para esa actividad, pero los recolectores no necesitan ser pescadores profesionales.