El Comercio

Guzmán: «Pelayo se representó mal durante dos siglos»

Agustín Guzmán y Rafael Loredo, en la sede del Ateneo Jovellanos poco antes de la ponencia.
Agustín Guzmán y Rafael Loredo, en la sede del Ateneo Jovellanos poco antes de la ponencia. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • El profesor del Fernández Vallín arrojó luz sobre la vinculación histórica entre el monarca astur y la villa, lugar «donde tuvo su primer reino»

La efigie de Pelayo, triunfal con la Cruz de la Victoria en alto, es desde hace siglos un icono que la villa de Gijón no puede separar de su propia esencia. Sin embargo, la imagen del primer monarca astur ha cambiado mucho con el paso de los años, siendo su representación motivo de estudio entre historiadores y eruditos de su trayectoria. Como muestra de la especial vinculación entre localidad y monarca, el escudo de armas gijonés apenas necesita más motivo que la representación de Pelayo, principal protagonista de la huida musulmana de la ciudad allá por el año 722.

Pero, ¿desde cuándo existe esta vinculación oficial entre rey y villa? ¿Acaso siempre se utilizó esta imagen para representar a la ciudad institucionalmente? «La primera noticia del escudo de armas de Gijón se tiene en 1649, momento en el que un documento oficial del Ayuntamiento manda realizar un nuevo sello debido a la pérdida del anterior», explica el profesor Agustín Guzmán, que ayer acudió al Ateneo Jovellanos para arrojar luz sobre la incidencia de esta figura histórica en la ciudad. En concreto, estas armas se describen como «las que solía tener la villa en la persona del infante Pelayo con una Cruz de la Vitoria».

Este sello se adjudicó por seis reales y fue elaborado en azabache, constituyendo así el primer encuentro oficial de Pelayo en la simbología gijonesa. Según cuentan las historias -ya a medio camino entre acontecimiento histórico y leyenda- el gobernador musulmán Munuza se encaprichó por Ermesinda, hermana de Pelayo. La noticia de que contraerían matrimonio, rompiendo así el casamiento que ya tenía acordado, encolerizó al futuro rey astur, provocando una sonada revuelta. «Con los años la tradición dice que Pelayo tuvo en la villa su primer reino y ésta en Pelayo a su primer rey».

Madrazo creó la referencia

Prueba de la gran implantación de su figura nace la polémica con el conde de Linares, que pretendía para sí el título de conde de Gijón en el siglo XVII. Encontró, sin embargo, la oposición de gran parte de la población gijonesa, que entendía que el cambio del escudo de armas pertenecían únicamente a la figura de Pelayo. Para decantar el litigio, que se alargó durante años, los ciudadanos mandaron al juez obsequios de todo tipo para que éste no accediera al título de la ciudad.

Sin embargo, las figuras que hasta la fecha representaban al monarca poco tenían que ver con la realidad, equivocando su vestimenta y situándole así en otra época. «Este error fue fruto de la ignorancia de los regidores del siglo XVII. Se arreglaría en el siglo XIX, con la aparición de las representaciones del pintor Luis de Madrazo, que se usan como referente hasta el día de hoy», sostiene Guzmán. Además de su presencia en el escudo, la figura más celebrada del monarca es la que preside la plaza del Marqués, construida en 1891. Con una altura de 280 centímetros y elaborada en bronce, fue obra del escultor José María López Rodríguez, que fue pagado escasamente por ella. Esta imagen serviría para ilustrar sellos, estampas y un sinfín de iconografía posterior, además de convertirse en uno de los puntos de referencia de Gijón. Sus inscripciones sirven de recuerdo al rey y de consejo al caminante, vigilando desde hace más de un siglo los continuos cambios de su ciudad.