El Comercio

Médicos alertan de frecuentes atenciones por borracheras a menores de catorce años

Jóvenes durante un botellón en el cerro de Santa Catalina.
Jóvenes durante un botellón en el cerro de Santa Catalina. / P. CITOULA
  • Los casos aumentan, sobre todo en los días festivos, debido a la proliferación de botellones y al ocio nocturno

Poda neuronal. Así definen los médicos el grave deterioro que sufren los cerebros de los menores como consecuencia de las intoxicaciones etílicas. «La población debe saber que este órgano no termina de madurar hasta los 22 ó 24 años», explica el jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Central (HUCA), Julio Bobes. El especialista asegura que el servicio de Urgencias «atiende a menores todos los fines de semana». De hecho, señala que asistir a preadolescentes y adolescentes «no es excepcional, sino que ha pasado a ser algo normal».

Por su parte, Antón Castaño, pediatra de Urgencias en Cabueñes, indica que las borracheras en menores de catorce años «son ocasionales, pero con una que haya ya es mucho». El doctor, que también ocupa la presidencia de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), afirma que los casos «son más frecuentes en la franja de edad de catorce a dieciséis», pero no hay que bajar la guardia entre los más jóvenes. «Está claro que los hay, no son nada raro», apunta. Sobre todo, los excesos con el alcohol entre los niños se dan, en mayor número, «coincidiendo con fechas críticas».

Es decir, en días festivos en los que aumentan las actividades lúdicas, como muchos adolescentes consideran al botellón. Sin ir más lejos, el pasado 30 de noviembre, el parque de los Hermanos Castro acogió una multitudinaria fiesta en la que el alcohol corría por litros. Desde hace quince años, la edad de inicio en las bebidas alcohólicas ha ido descendiendo. En la actualidad, la media está en 12,7 años. El propio Castaño explica que el paciente más joven al que ha atendido tenía once años. «Sigue siendo una barbaridad que en los botellones se vean niños», subraya. La misma opinión comparte el jefe del servicio de Urgencias del HUCA, Luis Antuña: «Vemos intoxicaciones etílicas de menores de edad todas las semanas; son casos habituales».

Por su parte, Eduardo Carreño, experto en el tratamiento de drogodependencias y director de una clínica especializada en Gijón, también alerta del temprano inicio. «Hemos llegado a tratar a una niña de doce años por adicción a la heroína», pone de manifiesto. Esta precocidad en el consumo de alcohol y otras sustancias nocivas abarca «todos los estratos socioeconómicos». Aunque hace tiempo que se intentó establecer un perfil psicosocial, no existe», destaca. La razón de ello es que la ingesta de bebidas alcohólicas «está asociado al ocio juvenil» y esto hace que el problema se agrave, puesto que «no hay capa social que no esté en el botellón». El psiquiatra, que también forma parte de la Unidad de Desintoxicación Hospitalaria del Sanatorio Covadonga, señala que, en el año que ésta lleva operativa, el 80% de los ingresos han sido por alcohol. El paciente más joven tenía 17 años y el mayor, 82.

Desde la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría «ya tomamos conciencia real de la problemática y tomamos medidas en 2011», puntualiza Antón Castaño. La visita de un doctor norteamericano a un congreso nacional de la SEUP celebrado ese año en el recinto ferial fue la voz de alerta. «Al salir, vio un botellón en el parque de los Hermanos Castro y se le pusieron los pelos de punta. Para él, era la aberración máxima y algo impensable», explica el pediatra de Cabueñes.

«Retomar la prevención»

«No hay que esperar a que los niños mueran. Tenemos que actuar de manera preventiva», subraya Julio Bobes. El director del servicio de Psiquiatría del HUCA hace referencia al caso de Laura F., la pequeña de doce años que falleció, el pasado día 1, como consecuencia de un coma etílico en la localidad madrileña de San Martín de la Vega. Reconoce que, en Asturias, las intoxicaciones de extrema gravedad son «muy anecdóticas», pero alerta de la importancia de evitar llegar a tal punto.

En los mismo términos se manifiesta Carreño: «Tenemos que retomar la prevención. Ha disminuido la percepción de alarma social por el alcohol y se presiona menos a la hora de hacer gasto preventivo». Y, ante la primera sospechosa, aconseja «acudir a un especialista» que evalúe la situación.