El Comercio

Leandro Pecchia, durante la conferencia que impartió ayer al mediodía en la Escuela Politécnica de Ingeniería.
Leandro Pecchia, durante la conferencia que impartió ayer al mediodía en la Escuela Politécnica de Ingeniería. / JOAQUÍN PAÑEDA

«En unos años la ropa interior ofrecerá información sobre nuestra salud»

  • Leandro Pecchia, Profesor de Ingeniería Biomédica en la Universidad de Warwick

  • «Asturias es el entorno perfecto para desarrollar ingeniería biomédica», señaló el profesor en una conferencia impartida en la Escuela Politécnica

Suena a ciencia ficción, pero es real. Y muy rentable. Solo en Europa, la ingeniería biomédica da trabajo a más 575.000 personas en cerca de 22.500 empresas y genera beneficios anuales por encima de los 110 billones de euros. Con una sociedad cada vez más envejecida y preocupada por su calidad de vida, esta novedosa disciplina promete dar mucho de qué hablar. El profesor de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Warwick (Reino Unido) Leandro Pecchia es uno de los mayores expertos en la materia y ayer visitó la Escuela Politécnica de Ingeniería, que este mes acoge un ciclo de conferencias centrado en la tecnología al servicio de la vida.

-Cuando se habla de ingeniería biomédica, la mayoría de la gente piensa en modernos hospitales y quirófanos, ¿cómo puede ayudar esta disciplina a nuestros mayores fuera del ambiente sanitario?

-Cada vez que un paciente entra en un hospital, allá donde mire ve tecnología que antes no había. Esta tecnología, segura y de gran calidad, contribuye a mejorar la calidad de los cuidados y, de paso, nuestra calidad de vida. Cuando la gente habla del envejecimiento lo hace como si fuera un problema, pero en realidad es una bendición. El hecho de que nos hagamos cada vez más mayores significa que lo estamos haciendo muy bien. El reto, entonces, es hacer que la vida sea mejor en edades avanzadas, incrementando la independencia y autonomía de estas personas. Los ciudadanos 'senior' quieren ser reconocidos como individuos, no como ancianos, y ahí es donde entra en juego la ingeniería.

-¿Cuáles son las últimas innovaciones en este área?

-En el campo que yo domino, que es la monitorización del envejecimiento, las últimas fronteras están en la miniaturización de los sensores. Buscamos crear nanosensores para, por ejemplo, utilizar dispositivos electrónicos epidérmicos. Es decir, tatuajes que nos den información acerca de la salud de una persona con datos sobre su presión sanguínea o su nivel de colesterol, por ejemplo. No parecen demasiado necesarios en personas jóvenes y sanas, pero en el futuro será interesante que los mayores se hagan tatuajes inteligentes.

-Su equipo de investigación trabaja para prevenir las caídas en personas mayores.

-Sí. Caerse es muy común en la senectud y es un problema que subestimamos. Una persona mayor tiene un 33% de posibilidades de sufrir una caída al año, y cada vez que esto ocurre es probable que el accidente termine con daños de mayor envergadura. No podemos saber si un anciano que se cayó y ahora permanece en cama se volverá a levantar, pues puede que los daños derivados de la caída se curen, pero en el tiempo que está postrado pueden aparecer otros más graves. No es fácil enfrentarse a este problema y no tenemos recursos ilimitados, así que nosotros decidimos hacer uso de instrumentos que ya existen para investigar cómo prever estas caídas. Utilizamos electrocardiogramas y monitorizaciones de la presión sanguínea, pues tras investigar sabemos que están relacionados con la posibilidad de que una persona pierda el equilibrio y se caiga.

-¿Cómo trasladar estos conocimientos a la vida cotidiana?

-Esta tecnología todavía no está en el mercado. En estos momentos la estamos testando en nuestro laboratorio y esperamos que esté disponible como dispositivo de uso médico en pruebas dentro de un año y, más adelante, hacerla llegar a los consumidores. La idea es crear dispositivos que se pueden implantar en corbatas o camisas inteligentes para avisar a sujetos con un alto riesgo de sufrir caídas cuando éstas se vayan a producir de forma inminente para que extremen las precauciones.

-¿Veremos avances en la materia en pocos años?

-Ya los estamos viendo en la actualidad. Hay teléfonos de último modelo que ya incluyen pulsioxímetros -sensores que permiten conocer el nivel de saturación de oxígeno en sangre de forma no invasiva mediante haces de luz roja e infrarroja- y las grandes compañías saben que en pocos años todos los dispositivos que hoy tocamos serán capaces de darnos pequeñas cantidades de información acerca de nuestra salud. Si combinamos esas pequeñas cantidades que nos facilitarán nuestro teléfono móvil, nuestro bolígrafo, nuestro reloj e incluso nuestra ropa interior, podremos conocer cuál es nuestro estado de salud. Todos estos dispositivos, prendas y accesorios que habitualmente permanecen en contacto con nuestra piel, serán capaces de obtener datos como la composición de nuestro sudor y nuestro aliento o la cadencia de nuestros latidos y enviarlos por internet a un ordenador que los procese.

-Eso suena a un futuro lleno de 'terminators'.

-(Risas). No creo que lleguemos a ser 'terminators', pero sí, vamos a vivir en un futuro muy diferente. Aunque si nos fijamos, eso ya ha pasado. Hace años no vivíamos en espacios y habitaciones tan limpios como ahora, pero una vez que descubrimos la importancia de higienizar el ambiente conseguimos duplicar nuestra esperanza de vida. Dentro de veinte años nuestros entornos serán inteligentes y se relacionarán con nosotros de forma proactiva, velando por nuestra salud y bienestar. Quizás en un futuro nuestra silla nos pellizque el trasero cuando llevemos mucho rato sentados para que nos levantemos y demos un paseo.

-¿Es entonces la ingeniería biomédica una buena opción para los estudiantes?

-Yo se lo recomiendo y no me siento mal por hacerlo. Es más, duermo sin problemas, pues estoy verdaderamente convencido de que la ingeniería biomédica es el futuro.

-¿Es Asturias un buen lugar para la ingeniería biomédica?

-Por supuesto. Con vuestra larga tradición en formar ingenieros de calidad y reconocidos en todo el mundo, una muy buena y creciente integración entre cuidados sociales y sanitarios y buenos parques tecnológicos con incubadoras que están dando muchas oportunidades a los jóvenes de la región, éste es el entorno perfecto.

-¿Estarán los sistemas públicos de salud interesados en estas nuevas tecnologías?

-Si la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que necesitamos más ingenieros biomédicos y la Comisión Europea aseveró hace unos meses que la ingeniería biomédica no es un simple apartado de la medicina, sino lo que está haciendo que ésta innove y evolucione, creo que las instituciones nacionales se darán cuenta de que sí, les interesa. Ya lo están haciendo, de hecho.

-¿No es demasiado caro?

-Es cierto que esta tecnología es un poco cara y que el servicio de salud en la mayoría de los países europeos es público, así que la gran parte de la innovación en este campo deberá sufragarse con dinero de todos. Pero si hacemos cuentas vemos que es mucho más caro cuidar de una persona mayor que no es independiente. Por no hablar de la carga que esto supone para la sociedad y especialmente para las mujeres, que son quienes se siguen haciendo cargo, en gran parte, de las personas dependientes. Todo esto tiene un enorme impacto social y económico que la tecnología puede paliar. Si tienes que hacerte cargo de tus mayores pero a la vez debes salir de casa para trabajar, saber que existe tecnología capaz de monitorizarles y cuidarles te hace más libre. La pregunta entonces es, ¿merece la pena gastar dinero en esto a cambio de nuestra libertad? Sí, sin duda.