El Comercio

El absentismo escolar baja un 20%, pero hay más casos reincidentes

Alumnos de un instituto gijonés, en su primer día de clase.
Alumnos de un instituto gijonés, en su primer día de clase. / PALOMA UCHA
  • La desmotivación ya tiene el mismo peso que los problemas familiares en una conducta que lleva a Servicios Sociales a atender a 99 alumnos

La Fundación de Servicios Sociales atendió el curso pasado, el de 2015-2016, a un total de 99 alumnos absentistas, esto es, aquellos que faltan en torno al 25% de los días lectivos de un mes. La cifra supone 25 menos que un año antes, lo que implica un descenso del 20,15%. Es la primera vez en los últimos cuatro cursos que baja, aunque la cifra de estudiantes sobre los que se ha intervenido resulta la tercera más elevada desde que la fundación inició este trabajo socioeducativo en 2002. La más alta fue la del curso 2014-2015, con 124 alumnos, y la segunda, la de 2004-2005, con 108.

Son los casos más graves, aquellos que el centro escolar deriva a Servicios Sociales ante la imposibilidad de encontrar una solución después de haber hecho numerosas gestiones previas. Las más frecuentes, las llamadas telefónicas a la familia, seguidas de entrevistas con padres-tutores y alumnos, y las comunicaciones por escrito, aunque también figuran otras como la coordinación con otros servicios o las visitas a domicilio.

De esos 99 alumnos, 84 estudian en la red pública y quince en la concertada y, en la distribución por etapas, 28 corresponden a Educación Primaria (un 28,28%), cuando un año antes había 36), mientras que 71 son de Secundaria (un 71,72%), diecisiete menos que el curso precedente.

La mayor parte de los casos se concentran en segundo y primero de la ESO (38 y 27, respectivamente), una tendencia que se mantiene, aunque hace un año eran más los de primer curso. La franja de edad entre quince y dieciséis años, con 42 escolares, representa el 42% del colectivo; la de entre doce y catorce, con 38, el 14%; la de entre nueve y once, con cinco, un 5%, y la de de los más pequeños, entre seis y ocho, con catorce, un 14%. Esta última, con un caso más, experimenta un aumento del 3,67% y la de quince-dieciséis años, un 6,12%. En las demás, disminuye. Por sexos, hay más chicos que faltan a clase (58) que chicas (41), lo que implica una diferencia del 17,18%, brecha que se agranda con respecto al curso precedente, cuando era de un 8,06%.

En la comparativa con doce meses atrás, resulta significativo el aumento de los alumnos reincidentes. Si en el 2014-2015, eran 25 en un total de 124, ahora son 26 de 99. Es decir, representan el 26,26% cuando un año antes su peso era del 20,16%. Son escolares que presentan dificultades importantes para retornar al centro escolar después de las intervenciones tanto del centro educativo como desde los servicios sociales.

Retraso de dos cursos en ESO

En el estudio también aparece recogido el retraso escolar de los estudiantes absentistas, que sube en todos los casos. En Primaria hay once que llevan un año de demora sobre su edad escolar, lo que supone un aumento del 0,4% y en su misma situación en Secundaria están 36 alumnos, un 0,7% más. Pero lo que resulta más llamativo es el incremento de los que acumulan una demora de dos cursos escolares en ESO. Son 26, lo que supone un alza del 15,03%.

Pero, además de las características de los escolares, la Fundación de Servicios Sociales (cuyo principal objetivo es que los alumnos en edad obligatoria acudan a clase) también analiza dónde puede estar la raíz del problema. Y en esta ocasión hay diferencias: mientras que en el curso anterior las problemáticas más frecuentes asociadas a la conducta absentista eran las familiares, con un porcentaje del 65,32%, en 2015-2016, a éstas se suma la desmotivación. De hecho, tienen el mismo peso: un 58,58%. Les siguen, más lejos, las dificultades culturales (37,37%).

La desmotivación -entendida como la falta de disposición para el estudio, la no intervención en clase y el aburrimiento por no poder seguir el mismo ritmo de sus compañeros- aumenta, como lo hacen las dificultades de integración escolar o culturales y los problemas de salud. Esta falta de interés es más acusada en ESO, con un 74,65%, que en Primaria (17,86%), etapa en la que los primeros problemas asociados a la conducta absentista son los familiares.

El modelo familiar más común es el monomaternal; es decir, el de madres solas, que representan el 59,30% de los casos, el porcentaje más elevado, y le sigue la familia nuclear, la tradicional, con un 31,4%. Al igual que en cursos anteriores, el nivel formativo de los progenitores sigue siendo básico. Saben leer y escribir o tienen estudios primarios el 73% en el caso de los padres o tutores masculinos, y el 55,29%, en el de las madres o tutoras. Asimismo, se mantienen las situaciones de fragilidad económica. El estudio destaca la situación de desempleo en la que se encuentran el 65,53% de las madres y el 55,88% de los padres.

Más adictos al móvil

Los niños absentistas pertenecen a 86 familias, de las que 65 ya habían tenido una relación previa con los Servicios Sociales, en la mayor parte de los casos por solicitud de ayudas económicas. Tras la intervención de sus profesionales y la de los centros educativos, la fundación concluye que, de los 99 estudiantes con los que se trabajó, 42 tienen una evolución negativa (42,43%). Es decir, son aquellos en los que se continúa manteniendo la problemática del absentismo. La diferencia con respecto al curso precedente es de casi ocho puntos porcentuales más. La positiva (con 35 casos, un 35,35%) aumenta casi doce puntos y la incierta, con 22 (22,22%) baja casi veinte. Se refiere ésta última a aquellos escolares en los que, aunque el absentismo se mantenga, su número de faltas a clase disminuye. La positiva se concentra en las franjas de entre seis y ocho años y las de doce y catorce, mientras que la negativa, en la de quince-dieciséis, y la incierta, en la de nueve-once.

Tras el trabajo y las reuniones de coordinación, el equipo expone una serie de reflexiones. Así, en cuanto al perfil del alumnado, advierte del incremento de estudiantes «con adicción al móvil y las redes sociales» y de las mayores posibilidades de éxito si se interviene ya en Primaria. Desde el punto de vista de la prevención, manifiesta la «escasa eficacia de las expulsiones y la repetición de curso» en el abandono escolar, pues «el alumno /repetidor no suele percibirlo como una ayuda y dificulta su integración en el aula».

En este sentido, se valora de forma muy positiva las actividades de voluntariado dentro del aprendizaje-servicio que se realizan en algunos centros escolares, en las que los estudiantes de Bachillerato desarrollan una labor de apoyo escolar con los alumnos de los primeros cursos de ESO.