El Comercio

Hórreos y paneras

Paneras en Quintana, en la parroquia de Baldornón.
Paneras en Quintana, en la parroquia de Baldornón.
  • El concejo de Gijón contó con gran número de este tipo de graneros. En la actualidad conserva interesantes ejemplos en todas las parroquias

A pesar de la decadencia actual de la actividad agraria en el campo asturiano, en la zona rural gijonesa aún subsisten cientos de hórreos y paneras, las cuales formaban parte, junto a otras edificaciones auxiliares, de las típicas quintanas asturianas. Algunas de estas construcciones supervivientes hoy en día son realmente longevas, pues se han datado en nuestro concejo hórreos con más de trescientos años de antigüedad.

Estas ingeniosas construcciones fueron concebidas como graneros portátiles, motivo por el cual son considerados jurídicamente como bienes muebles, y su construcción está exclusivamente diseñada para ser montada y desmontada mediante el simple ensamblaje de piezas de madera sin necesidad de utilizar clavos. Su posición elevada respecto al terreno facilita la aireación y secado de los alimentos almacenados, separándose del húmedo suelo gracias a su disposición sobre esbeltos pegollos, y dificultando la entrada de roedores mediante la colocación de unas piedras en la parte superior de los mismos, denominadas muelas. Estas características, unidas a la fácil adaptación a la abrupta orografía asturiana, propiciaron que el hórreo se extendiese por casi toda la región desde la Baja Edad Media, incluyendo el concejo de Gijón.

Una de las mayores concentraciones de hórreos y paneras de nuestro concejo se localiza en el núcleo de Quintana, en la parroquia de Baldornón. En este lugar podemos admirar desde sencillos y antiguos hórreos de planta cuadrada hasta grandes paneras con corredor, contando algunas de ellas con gran número de pegollos, pues su planta rectangular hace necesaria una mayor presencia de apoyos. Varios de estos hórreos se sitúan en las antojanas de las viviendas ubicadas a largo de la carretera de Pola de Siero, conformando una bella estampa asturiana. De todas las paneras existentes en la población destaca, por su tamaño, la situada en el recinto del palacio de los Valdés Fano, contando con doce pegollos, lo que la convierte sin duda en una de las más grandes de Gijón.

Otra de las poblaciones del concejo que destaca por el gran número de estas construcciones es la de Trubia, en la parroquia de Cenero, donde podemos encontrar varios hórreos y paneras cuyo mayor interés radica en la incorporación de elementos decorativos tallados o pintados. Los detalles ornamentales añaden a estas construcciones agrícolas un valor artístico, concentrándose normalmente los motivos decorativos en las puertas de acceso, en los liños (vigas de madera que cierran la caja en su parte superior y sirven de apoyo a la cubierta), e incluso en las cabezas de los trabes (vigas de madera que conforman la estructura inferior de la caja, apoyándola sobre los pegollos).

Estilo Carreño

Generalmente, el tipo de decoración de los hórreos gijoneses se encuadra dentro del llamado 'estilo Carreño', y entre los diferentes motivos ornamentales podemos encontrar símbolos religiosos y paganos, motivos vegetales y solares, así como otros de carácter geométrico. Estos elementos tienen una fuerte simbología relacionada con el carácter protector del hórreo, haciendo referencia al deseo de prosperidad y fecundidad de las cosechas, al tiempo que se representa el anhelo de contar con una climatología óptima para ello.

Además, en algunas ocasiones podemos observar grabados que hacen referencia a la fecha de construcción. Estos elementos decorativos y simbólicos son completados con un tratamiento pictórico de la madera, combinándose vivos colores, como el rojo, verde o azul en contraste, con otros más neutros, como el blanco o el beis.

Actualmente, los corredores de nuestros hórreos y paneras rara vez se llenan de ristras de panoyas de maíz o cebollas secando al sol, pues la agricultura ya no tiene el peso de antaño en la economía rural. Ante esta situación los hórreos se han reconvertido muchas veces en simples trasteros, he incluso han cumplido las funciones de dormitorio. Entre los usos alternativos a los que han sido destinados, destaca incluso el de haber servido de escondite durante la guerra civil, como así atestigua una inscripción dejada por unos refugiados en una panera de la parroquia de Deva, en la cual se puede leer: «En esta panera dieron hospitalidad a tres jornaleros de Gijón, huidos durante la revolución del mes de julio, los que quedarán siempre eternamente agradecidos. 1936».

A pesar de que en los últimos años se han perdido valiosos hórreos, y que actualmente otros muchos se encuentran en precario estado, es necesario concienciarnos del valor etnográfico, paisajístico y constructivo que tienen estas modestas edificaciones realizadas bajo criterios constructivos de gran sencillez pero enorme inteligencia, las cuales tienen pocas arquitecturas análogas en Europa.