El Comercio

Medicina gijonesa de excelencia

Ana María Sánchez, autora de un análisis sobre la UCI de Cabueñes.
Ana María Sánchez, autora de un análisis sobre la UCI de Cabueñes. / P. CITOULA
  • El Hospital de Cabueñes distingue a seis trabajos con sus Premios a la Calidad

  • Una técnica para operar hernias con pegamento, un análisis del trabajo en la UCI y el uso de bótox para tratar la incontinencia, entre los galardonados

'Nadie es profeta en su tierra', reza la sabiduría popular. Dicho que no se cumple en el caso de los profesionales que trabajan en el Hospital de Cabueñes. El centro sanitario gijonés ha distinguido a seis trabajos con los premios del Plan de Calidad del Área Sanitaria V que otorga cada año. Entre estas iniciativas, se encuentra un estudio de la hernioplastia sin sutura. Esta denominación alude a una revolucionaria técnica que permite operar la hernia inguinal con un potente pegamento en lugar de utilizar la sutura convencional.

El cirujano Pablo San Miguel es, además del autor del trabajo, el único profesional que realiza esta intervención en Asturias. Forma parte del servicio de Cirugía General de Cabueñes y comenzó a practicar esta técnica hace tres años. En este tiempo intervino a noventa personas y los resultados han sido más que satisfactorios. «Aumenta el bienestar de los pacientes al disminuir, de forma importante, el dolor postoperatorio», explica. De hecho, la mitad de los pacientes «al día siguiente, no toman analgésicos, al contrario que los operados con la técnica habitual, que los toman durante un mínimo de quince días».

'Doctor, ¿esto es magia?'

La recuperación de esta intervención sin sutura es tal que los propios enfermos se sorprenden. «Doctor, ¿esto es magia?», «soy la envidia de mis amigos operados de hernia» y «¿seguro que me ha operado?», son algunas de las frases que se escuchan en consulta, tal y como asegura el propio cirujano. El 'milagro' de esta técnica se debe a la ausencia de traumatismo. Con los puntos tradicionales, la malla que se implanta para reparar la hernia se cose al músculo y al pubis. Este sistema provoca dolor y molestias al caminar, puesto que la malla se mueve y tira del punto de sutura. Pero en el caso de la técnica innovadora, este 'loctite' médico permite que la malla se deslice con el músculo. Además, tiene una ventaja añadida: «el tiempo quirúrgico se reduce a la mitad», apunta el especialista. Asegura que la hernioplastia con sutura que más le ha costado efectuar le llevó treinta y cinco minutos, mientras que las intervenciones con puntos precisan de entre cuarenta y cinco y sesenta. San Miguel practica estas operaciones de forma ambulatoria y, dado que es la patología más frecuente en Cirugía (un 15% del total), «el ahorro que se consigue es de 250 euros por intervención». El único problema es que este facultativo se jubilará en 2017 «por exigencia del Sespa» al cumplir los 65 años y, hasta el momento, no hay un continuador de esta técnica en Asturias, recuerda.

«Conflictos emocionales»

Otro de los premios, en este caso, el reconocimiento a la Ética Asistencial Doctor Mariano Lacort recayó en Ana María Sánchez, especialista en Medicina Intensiva por su análisis de la limitación del esfuerzo terapéutico en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Este término designa a la decisión sobre la no implementación o la retirada de medidas de soporte vital cuando no hay posibilidades de que el paciente se recupere.

«Esto nos genera conflictos emocionales en muchas ocasiones y, por eso me planteé hacer un estudio para saber dónde fallamos», explica la médica, que lleva catorce años trabajando en la UCI de Cabueñes. Así que se puso manos a la obra y distribuyó una encuesta entre los 56 trabajadores del servicio «para saber su punto de vista». Entre las conclusiones del informe, la doctora Sánchez destaca «un fallo a la hora de retirar estas medidas, acción que se prolonga en el tiempo». Una dilatación que es «inútil» porque el paciente no va a recuperarse. Además, las encuestas pusieron de relieve que el 70% de los profesionales que trabajan en la UCI del hospital de referencia del Área Sanitaria V opina que «no es lo mismo retirar medidas que no iniciarlas». El motivo es que al eliminar las ayudas terapéuticas al enfermo ya se conoce el lamentable desenlace casi con total seguridad. Otro aspecto mejorable en el servicio es el exceso de medicalización. «Muchos fallecen con demasiados fármacos; ponemos adecuadamente los analgésicos, pero fallamos al administrar otros medicamentos», reconoce la autora del estudio.

El uso del bótox y, sobre todo, su aplicación de forma ambulatoria (sin la necesidad de que el paciente quede ingresado), fue otro de los proyectos que recibió el Premio de Calidad Asistencial. Rodrigo Gil, urólogo de Cabueñes, hospital al que llegó hace tres años, es el firmante del estudio y también fue el encargado de presentar los resultados de una técnica que va ganando adeptos y que suma cada vez más puntos a su favor. El empleo del bótox para casos de vejigas hiperactivas se inició en Gijón en el año 2009. De aquella requería hacerse en quirófano y eran pocos los que se podían beneficiar de esta técnica. Apenas unos seis pacientes al año. Las demoras, por tanto, eran elevadísimas. Unos 36 meses ya que se entendía que no era algo prioritario frente a otros procesos graves, como son los tumores. El salto a la fase ambulatoria, mediante el empleo de anestesia local, revolucionó la técnica y la «convirtió en un tratamiento mucho más accesible para los pacientes y con menor coste para la administración».

Ahorro de 250.000 euros

El consenso nacional alcanzado en 2014, y en cuyo proceso participó el urólogo de Cabueñes Luis Rodríguez Villamil, hizo que los hospitales comenzaran a aplicar el mismo protocolo ambulatorio. Cabueñes fue uno de los pioneros, en Asturias, y también, en España. En dos años, han sido tratados con bótox 130 pacientes que sufrían incontinencia urinaria. El 90% de ellos, mujeres. Los resultados de 101 de esos enfermos fueron monitorizados y presentados al Premio de Calidad Asistencial. Las conclusiones son más que prometedoras: en nueve de cada diez casos la incontinencia se reduce de manera más que sensible y la mitad de los afectados deja de sufrir escapes. Además, la técnica ambulatoria supuso un ahorro en estos dos años de 72.894 euros (721,73 euros por enfermo). En cinco años se estima que el ahorro llegaría a los 250.000 euros. El tiempo de espera también se redujo. Pasó de 36 meses a seis.