El Comercio

Los árboles pintan otro otoño en el Evaristo Valle

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Los visitantes atienden a las explicaciones del guía en los jardines de La Redonda. / FOTOS: JOAQUÍN PAÑEDA

  • El museo acogió una visita guiada donde los jardines compitieron en protagonismo con las obras pictóricas

«Si el Evaristo Valle ya es un espectáculo en sí mismo habitualmente, la belleza que adquiere en otoño es impresionante». Pilar Riveiro es una habitual de la fundación museo ubicada en Somió, pero ayer no se quiso perder la visita organizada para conocer sus jardines en época otoñal. Nada más comenzar el recorrido, los asistentes disfrutaron con el contraste entre las sobrias obras de los escultores Raquel Cohen y Yamaguchi y el estallido de tonalidades, del verde al dorado, de los imponentes jardines de La Redonda.

A la entrada de los mismos, como si de un centinela se tratase, el enorme cedro del Líbano, de más de 140 años, dejó paso a otros ejemplares vegetales de menor envergadura pero igualmente bellos y especiales. Así, la exótica Sophora japonica pendula, con sus sinuosas ramas de formas imposibles y sus hojas colgantes, hizo las delicias de todos los presentes, al igual que la nana gracilis, un arbusto de color verde intenso que parece haber sido extraído del mar por su semejanza a los corales. A continuación, el coordinador proyectos educativos del museo, el joven filósofo Jorge Mola, guió a los visitantes hasta la colección de bonsáis de que dispone la entidad gracias a la colaboración de Rolf Beyebach. A muchos les llamó la atención que el otoño también hiciese acto de presencia a través de las hojas de estos árboles en miniatura.

Finalmente, la comitiva se adentró en la edificación que hace las veces de pinacoteca, donde Mola realizó un interesante repaso por la vida y obra del pintor, centrándose en una de sus obras más especiales, el 'Encuentro'. Valle la pintó en 1930, después de que la Guerra Civil le dejase bastante 'tocado' económica y anímicamente, explicó el guía. «Fue gracias a esta pintura que el historiador del arte Enrique Lafuente Fernández se fijó en el potencial del artista y le impulsó a seguir creando en la etapa final de su vida», relató Mola.

«Fue una experiencia estupenda. Volveré seguro y traeré a todos los amigos y familiares que vengan a Gijón de visita», aseveró Araceli Sanz, quien acudía por primera vez al museo y quedó encantada con las explicaciones del guía filósofo.