El Comercio

Tres meses de cárcel para el hombre que maltrató a una perra adoptada

Gonzalo G. E. sale del juzgado sonriendo tras ser condenado a tres meses de cárcel por agredir brutalmente a una perra.
Gonzalo G. E. sale del juzgado sonriendo tras ser condenado a tres meses de cárcel por agredir brutalmente a una perra. / D. ARIENZA
  • Gonzalo G. E., vecino de Pumarín, reconoce los hechos y logra una reducción de la condena. No ingresará en prisión ni deberá pagar una multa

Tres meses de cárcel por pegarle una paliza a la perra que acababa de adoptar en el albergue. Gonzalo G. E., vecino de Pumarín, reconoció ayer ser el autor de un delito de maltrato animal y llegó a un acuerdo con la fiscalía para reducir la solicitud de la condena de los nueve meses iniciales a los tres a los que será sentenciado y que no cumplirá al carecer de antecedentes. No podrá, durante los dos próximos años, ejercer una profesión relacionada con los animales.

El juicio estaba previsto que se celebrase en el Penal 3, si bien el acuerdo entre la representante del ministerio fiscal y el procesado evitó que se celebrase la vista oral. El procesado aceptó los cargos que sobre él pesaban y, además de la pena de prisión, deberá abonar las costas procesales. Sin embargo, no tendrá que pagar una multa por estar a punto de matar al animal. Los hechos tuvieron lugar en abril de 2015. Los vecinos del edificio donde reside, en la avenida de Gaspar García Laviana, llamaron a los servicios de emergencias por los aullidos de dolor de un perro. Cuando los agentes de la Policía Local se personaron en el domicilio comprobaron que la perra, de nombre 'Claire', estaba gravemente herida. Gonzalo G. E. la había agredido violentamente con un objeto contundente. Llevaba con él apenas tres meses después de que la adoptase en el albergue como animal de compañía. Una compañía que a la perra le salió muy cara.

El rápido traslado por parte de los policías a una clínica veterinaria logró sacar adelante a 'Claire', una mestiza de corta edad. Regresó después de semanas de tratamiento médico al albergue. Presentaba secuelas físicas, pero sobre todo psíquicas. Las palizas recibidas por parte del ahora condenado provocaron que ninguna persona se pudiera acercar a la perra, que había cogido un miedo terrorífico a los humanos. Hasta su traumática adopción, era un animal cariñoso y sociable con todos aquellos que tendiesen la mano, no que se la pusiesen encima. Murió meses después.