El Comercio

Fallece Popelka Sosa, pionera de la gimnasia de mantenimiento en Gijón

Popelka Sosa, primera por la derecha, con unas alumnas.
Popelka Sosa, primera por la derecha, con unas alumnas. / E. C.
  • Era una mujer «muy activa, profesional y entrañable», recuerdan sus alumnas y amigas en el tanatorio

Alumnas, amigas y antiguas colegas de Popelka Sosa, una de las pioneras en Gijón de la gimnasia de mantenimiento, se unieron ayer en el Tanatorio Gijón-Cabueñes a la familia de la popular profesora de educación física para «rendirle el homenaje que se merece» durante la despedida de sus restos mortales. Popelka Sosa falleció el pasado viernes, a los 84 años, en Denia (Alicante), adonde había ido hace aproximadamente un mes a vivir con su hijo Claudio, cuando la edad había mermado ya sus facultades lo suficiente como para impedir que viviera sola en el Gijón que adoptó como propio en cuanto llegó de su Uruguay de origen, en torno al inicio de la década de los sesenta del siglo pasado.

El traslado del cadáver a Gijón, donde ayer fue incinerado en la intimidad familiar y con sus más allegados como testigos, se realizó porque sus hijos quisieron dar la opotunidad de despedirla a las muchas personas que la admiraron y quisieron, así como para que repose en Asturias, donde difundió su filosofía de vida sana y activa.

Popelka Sosa llegó a la tierra de su esposo desde el Uruguay natal e inmediatamente empeñó todo su esfuerzo en un doble objetivo: trabajar en lo que siempre le gustó y para lo que se había formado en su país, la educación física, y motivar a sus alumnas a una práctica deportiva sin fines competitivos de la que poder obtener salud.

«Conocemos mejor nuestro cuerpo gracias a ella», dijo ayer a EL COMERCIO Nati Rodríguez, una de las dos mil personas que, calcula, recibieron sus clases. Otra recordaba las innovadoras medidas de relajación aplicadas al final de las sesiones.

De la relación directa que Popelka Sosa establecía entre deporte y salud da cuenta el hecho de que una de sus primeras colaboraciones en España fuera con el Centro Médico, según recordaban ayer sus allegados. Luego llegaría el Gimnasio Roma y el que ella misma regentó en Viesques, Portavilla, hasta que se jubiló, en 2001.

Pero mención aparte merece su aportación al Real Grupo de Cultura Covadonga. Popelka Sosa ayudó a Janel Cuesta con los más pequeños del equipo de natación en las viejas instalaciones de la calle de Emilio Tuya; organizó una coreografía gimnástica para la colocación de la primera piedra del Grupo 2000, en Las Mestas, e impartió cursos de mantenimiento hasta entrada ya la pasada década de los noventa.

Cultivó sus alimentos

Popelka Sosa predicaba con el ejemplo. Tal vez por eso tanto su amiga Viti Arbesú como Janel Cuesta coincidieron en destacar su «profesionalidad» y entrega en la divulgación de una práctica deportiva al alcance de todos, que nada tiene que ver con la alta competición. Arbesú la define, además, como «muy activa y entrañable».

Una de sus aficiones, dicen, era cultivar sus propios alimentos en una pequeña huerta que le servía a la vez de diversión y de reafirmación de sus convicciones de consumo ecológico. En esas circunstancias, las cosas no podían ser muy diferentes en el entorno familiar. Su hijo Claudio se autocalificaba ayer como deportista y comentaba que Popelka Sosa tendrá continuidad en uno de sus nietos, que ya está estudiando Educación Física.