El Comercio

Repaso a las cicatrices de Cimavilla

Dos niñas colocan una de sus tiritas sobre el suelo de Cimavilla.
Dos niñas colocan una de sus tiritas sobre el suelo de Cimavilla. / PALOMA UCHA
  • «Es necesario que tomen conciencia de su entorno y tomen decisiones para cuidarlo», sostiene José Luis Rodríguez, impulsor de 'Curitas urbanas'

  • Una veintena de niños tapa con tiritas personalizadas los desperfectos del barrio

Los playinos realizarón ayer un repaso a las cicatrices de Cimavilla, que señalizaron a modo de denuncia tras realizar un taller al respecto en la Casa del Chino. «Es necesario que los niños tomen conciencia de su entorno. Que tomen decisiones activas sobre su espacio y así poder cuidarlo. Y en este barrio, más aún si cabe», sostiene el arquitecto José Luis Rodríguez, responsable de Nanolab y uno de los artífices del taller 'Curitas urbanas'. Esta actividad, organizada conjuntamente con la Asociación de Vecinos Gigia y Cholín Club de Peques, sirvió para que una veintena de jóvenes vecinos celebrara el día del niño de la mejor manera posible: conociendo su barrio y ayudando a ponerle cura a sus distintas heridas.

«La idea es colocar en las zonas deterioradas una tirita personalizada por los niños. Ponen sus mensajes y dibujos en las cartulinas y así se acostumbran a estar vigilantes con estos detalles», explica Rodríguez. La idea, surgida en Brasil para denunciar el mal estado de calles e infraestructuras, entusiasmó a los pequeños vecinos del barrio alto, que se esmeraron en decorar sus curas antes de repartirlas. «Yo le pongo un mensaje a la calle para que se mejore lo antes posible», explicaba una de las participantes en el taller mientras rotulaba 'cúrate por favor' en su pieza.

Baldosas y farolas rotas

La aparición de la lluvia matinal no deslució la ilusión de los niños por encontrar imperfecciones en cada esquina, creando un pequeño grupo de exploradores urbanos y dando color a las zonas más afectadas. Este improvisado estudio urbanístico dejó varias curas adheridas en la plaza de la Corrada y en la calle Rosario, donde se pueden observar numerosas baldosas rotas y degradadas.

En la plaza del Lavaderu, por su parte, se vendó una de las farolas, rota por varios frentes. «Ahí tenemos que poner unas cuantas, igual hasta empapelarlo», comentó uno de los padres señalando hacia la Tabacalera. La intensidad de la lluvia hizo que las demás tiritas se guarden hasta nuevo aviso, en el que los niños volverán a salir a encontrar los puntos negros y así retomar la actividad.

«En este barrio notamos de manera muy acusada las dificultades en los accesos y los problemas en materia de movilidad. Tenemos aceras muy estrechas y empinadas y en el día a día se nota. Si no, que se lo pregunten a las madres con carrito o a las personas con silla de ruedas», reflexiona Ana González, miembro de la plataforma Tabacalera Gijón.

Ella fue la encargada, a última hora de la mañana, de ofrecer un taller de pegatinas para que los niños eligiesen el derecho fundamental que más les gustase, inmortalizarlo y llevárselo a casa.