El Comercio

«El foro romano de Gijón está por descubrir»

Narciso Santos Yanguas, junto a José Luis Martínez.
Narciso Santos Yanguas, junto a José Luis Martínez. / PALOMA UCHA
  • La incógnita que planteó Santos Yanguas es si Gijón llegó a tener categoría de municipio romano, ya que, aunque no figura como tal en inscripciones explícitas, que existen en casos como el de Astorga

Hay vestigios romanos a la luz pública en la plaza del Marqués y bajo el Campo Valdés, pero «el foro de la ciudad romana, el centro administrativo, religioso y de mercado está por descubrir y previsiblemente se encuentre en el interior de la muralla», hasta donde no han llegado las excavaciones realizadas. Más que una propuesta de actuación, que sería inevitablemente conflictiva, la idea fue un argumento utilizado ayer por Narciso Santos Yanguas, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo, para explicar en una conferencia pronunciada en el Ateneo Jovellanos la importancia de Gijón en el mundo romano.

La incógnita que planteó Santos Yanguas es si Gijón llegó a tener categoría de municipio romano, ya que, aunque no figura como tal en inscripciones explícitas, que existen en casos como el de Astorga, todo apunta a que fue un enclave importante en el Cantábrico, con instalaciones relevantes como la fábrica de salazones y el puerto original, en lo que hoy es El Muelle.

El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo manifestó a EL COMERCIO que «Gijón no se configura como centro urbano hasta el siglo II, que es cuando lo cita Tolomeo, sin perjuicio de asentamientos anteriores como los de cilúrnigos de la Campa Torres», y que probablemente no tuvo «un teatro o un anfiteatro, pero falta por saber qué había dentro de las murallas», ya que el único edificio público que se conoce, las termas, están fuera. «El conocimiento del Gijón romano no está agotado, ni mucho menos, y seguramente intramuros se ubicaba el foro, como espacio más significativo, pero es evidente que descubrir eso entraña muchas dificultades».

No matar al herido

Puede ser cuestión de tiempo, porque, según indicó Santos, no hay motivo para pensar que los vestigios se vayan a perder por permanecer enterrados. «Lo importante es que si aparecen restos cuando se excaven los cimientos de un nuevo edificio se dé cuenta de ello, porque, si se tapa, estaríamos matando al herido». En ese sentido, la normativa es clara y cualquier obra de excavación en Cimadevilla requiere un seguimiento arqueológico para comprobar que no se destruyen huellas que puedan ser interesantes para profundizar en el conocimiento de los orígenes de la ciudad.

Sobre la población estimable en el Gijón romano, Santos Yanguas señaló que un castro ocupaba aproximadamente una hectárea y se puede pensar que en el Cerro de Santa Catalina había cinco, aunque la capacidad fuera para siete, de forma que se debe entender que «Gijón llegó a tener en época romana entre 1.200 habitantes y, a lo sumo, 2.000 habitantes».

Sobre lo que el historiador invitado ayer por el Ateneo Jovellanos no tiene dudas es sobre la relevancia de Gijón en su entorno, donde destacan tres enclaves romanos en Lugo de Llanera, Santianes de Pravia y Gijón.

Narciso Santos hizo referencia también a los crismones en cerámica localizados en Veranes, como expresión de la expansión del cristianismo en torno al final del Siglo V y el Siglo VI.

Otro dato que citó el mismo conferenciante como significativo de lo que fue el Gijón romano es su producción cerealista, suficiente para deducir que mantenía actividades comerciales a través de la escuadra romana del Cantábrico. Derivado de ello, entiende que en Gijón pudo existir un faro similar a la Torre de Hércules de La Coruña, aunque es evidente que no ha llegado hasta nuestros días.