El Comercio

Miguel Ángel D. L., en el juicio en la Audiencia Provincial, celebrado el pasado mes de junio.
Miguel Ángel D. L., en el juicio en la Audiencia Provincial, celebrado el pasado mes de junio. / JORGE PETEIRO

El TSJA rebaja la condena al asesino de Nuevo Roces al no ver ensañamiento

  • Impone a Miguel Ángel D. L. 17 años y medio de cárcel en lugar de los 22 iniciales pese a que propinó 28 navajazos a Andrés Valdés Bermejo

El condenado por el crimen de Andrés Valdés Bermejo cumplirá cuatro años y medio menos de cárcel. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha rebajado de 22 a 17 años y medio de prisión la pena impuesta a Miguel Ángel D. L. por el asesinato cometido en septiembre de 2014 en una vivienda social de Nuevo Gijón. La Sala Civil y Penal del TSJA ha estimado parcialmente el recurso presentado por el procesado y ha retirado el agravante de ensañamiento, pese a que la víctima sufrió 28 puñaladas.

Los hechos declarados por el jurado popular -en el juicio celebrado en la Sección Octava de la Audiencia Provincial- «no contienen la base fáctica precisa para apreciar la existencia de los requisitos legales del ensañamiento», especifica la resolución judicial del recurso. Recuerda al respecto la jurisprudencia del Tribunal Supremo, en concreto una sentencia de enero de 2010 sobre una muerte causada por reiterados golpes con una navaja en la que, se explica, «no se describe en el hecho probado más que la muerte por medio de reiteración de golpes, sin expresar dato alguno que permita inferir que se causaron con la deliberada intención de aumentar el sufrimiento de la víctima. En definitiva, la muerte era el objetivo único del acusado y esa finalidad fue la que presidió la sucesión de navajazos».

Precisamente, ese era el argumento que alegaba Miguel Ángel D. L., quien confesó que apuñaló a la víctima, de 41 años, pero sin ánimo de provocarle un sufrimiento extra. El cadáver de Andrés Bermejo fue encontrado días después del asesinato en la cocina de su piso. Presentaba 28 heridas cortantes en la cabeza y el tórax, causadas con un cuchillo y un machete. La víctima, que había salido de la cárcel poco tiempo antes, le había recriminado al ahora condenado que no hubiera hecho entrega a un tercero de 195 gramos de heroína y que se hubiera quedado con el dinero. El acusado acudió a su casa con un cuchillo de grandes dimensiones con la intención de matarle. Lo hizo. Y luego trató de ocultar las pruebas limpiando la escena del crimen. En el palo de la fregona quedó plasmada su huella dactilar. Huyó, si bien las investigaciones realizadas por los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) se materializaron con su detención apenas unos días después. Junto a él arrestaron a un supuesto compinche que le habría ayudado a deshacerse de los efectos personales del fallecido, si bien ese individuo quedó absuelto tras el juicio en la Sección Octava de la Audiencia Provincial. Para el jurado popular que intervino en la vista oral quedó demostrado que Miguel Ángel D. L. era el autor del asesinato, cometido con alevosía y ensañamiento, un extremo que no aprecia ahora el TSJA.