El Comercio

Héctor Rato.
Héctor Rato. / DANIEL MORA

«El reto de la ampliación de la ciudad está en que los servicios lleguen a todos»

  • El geógrafo Héctor Rato narró en la Inmaculada la historia de Gijón a través de imágenes aéreas y vaticinó que la expansión será «difusa y hacia el sur»

A vista de pájaro, la evolución de las ciudades se presenta clara y nítida al observador. Primero desordenadamente, con callejuelas estrechas y dispersas y, después, de una forma sistemática, obedeciendo a planes de ensanche con aceras amplias y barrios cuadriculados. Gijón, después del 'boom' de población que definió el siglo XX -de 78.000 habitantes en 1930 a 255.000 en 1980-, se encuentra actualmente estancada, formando lentamente nuevos barrios pero muy lejos de la expansión territorial de décadas pasadas. «A partir de ahora la ciudad seguirá ampliándose hacia el sur pero de una forma más difusa. El reto es que los servicios lleguen a todos los ciudadanos de las nuevas zonas», explica Héctor Rato, geógrafo de la Universidad de Oviedo.

Durante la mañana de ayer estuvo presente en el colegio de la Inmaculada para mostrar la historia de Gijón a través de su estampa aérea: desde la trazada en cartografía hasta la tomada con cámara. «Tomando como núcleo Cimavilla, la ciudad fue expandiéndose hacia el sur. En el siglo XVII y XVII ya se empezaron a ver los primeros barrios de nueva factura», relata. La barriada del Carmen, por ejemplo, data de estas fechas y fue hogar de decenas de gremios artesanos. La ciudad empezaba a salir de su núcleo original. «Uno de los elementos que frenó momentáneamente el desarrollo normal de Gijón fue su segunda muralla. Después de la romana vino la carlista, que cercó el centro de la ciudad durante parte del siglo XIX. Hoy en día el trazado todavía se puede adivinar en el callejero», añade Rato.

La Arena como un tablero

El nacimiento de la industria y la necesidad de organizar el territorio, cada vez más irregular y precario, supuso la mutación de la caleya al asfalto. Las casas, por lo general unifamiliares, comenzaron a dar paso a los bloques de edificios, más eficientes en la distribución del espacio. «A principios del siglo XX podemos ver como La Arena se crea como un tablero de damas, con manzanas rectilíneas y organizadas. Isabel la Católica todavía eran marismas y, poco a poco, la iniciativa pública empezó a dar paso a la privada», sintetiza Rato.

Pumarín y Contrueces comenzaron su camino desde los 50 y El Llano comenzó a unirse paulatinamente con el resto de la ciudad y acabar con su aislamiento. Así, la zona sur comenzaba su expansión hasta el día de hoy, con Nuevo Roces como el único barrio en pleno auge. «Ahora, y hace años era realmente impensable, podemos ir de Cimavilla a Montevil por suelo urbanizado».