El Comercio

Isaura Álvarez: «Me he sentido desamparada»

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Isaura Álvarez y su hija Isabel, madre y hermana de Silvia Álvarez, asesinada por su pareja en Gijón en marzo. / Purificación CItoula

  • La madre de Silvia, la gijonesa asesinada por su pareja en Roces llena de emoción el homenaje en Begoña a las víctimas de maltrato

El 14 de marzo de 2016, el cadáver de Silvia Hernández Álvarez apareció en su casa de Roces. Tenía 34 años y dos puñaladas. A su lado estaba su pareja Celestino G. V. Ingresado en prisión desde entonces acusado de matar a Silvia. Aquel día también «mató a toda su familia y a la gente que la quería. Tenemos un vacío que jamás llenaremos».

Isaura Álvarez no lloró ayer, pero, con sus palabras sí lo hicieron muchas de las decenas de personas que asistieron a la concentración que con motivo del Día contra la Violencia sobre las Mujeres se celebró en el paseo de Begoña. En el que representantes de los grupos políticos, de diferentes asociaciones, con la alcaldesa, Carmen Moriyón, al frente, dieron lectura a los nombres de cada una de las 40 mujeres asesinadas este año. De forma excepcional y antes de la lectura de la declaración institucional del Ayuntamiento, aprobada por todos los grupos –Foro, PSOE, Xixón Sí Puede, PP y Ciudadanos– la madre de la gijonesa pidió la palabra.

Y su discurso se convirtió en una detallada y dura radiografía de la respuesta que reciben las víctimas de violencia machista. «Me he sentido desamparada», aseguró Isaura Álvarez. En un texto leído a medias con su hija Isabel, ahogada ella sí por el llanto, la madre de Silvia recordó que, ante los primeros episodios de malos tratos sufridos por su hija, «busqué ayuda en la Casa Malva, en trabajadores sociales y en los juzgados. En la Casa Malva me dijeron que solo podían prestarme ayuda si cooperaba Silvia. La trabajadora social me remitió a la Casa Malva y el juez, que solo podía actuar si pasaba algo grave».

Y así Silvia, que tenía una discapacidad psíquica del 70%, continúo viviendo con su pareja, en «su pasado más oscuro». El que, lamentó la madre de la joven, «fue lo único que interesó a algunos medios. Nadie contó que Silvia tocaba el piano. O que era una gran defensora de los animales. Creo que han confundido a la víctima con el verdugo», clamó Isaura con la misma fuerza con la que exigió «penas más duras y cumplimiento íntegro de las condenas» para los asesinos.

Manuela y su valor

Un rotundo aplauso cerró su discurso. Como también lo hubiera recibido Manuela García, de haber sabido el público que la mujer delgada y de suave voz que leyó el nombre de una fallecida era la mujer salvajemente agredida por su marido el pasado día 11 en El Natahoyo. Él, ingresó anteayer en prisión. Ella hizo suyo uno de los eslóganes: ¡No nos vamos a callar!