El Comercio

75 años de 'hogarinos'

Parte del equipo de trabajadores y voluntarios de la Fundación Hogar San José posa junto al director de la misma, Rafael Piñera, segundo por la derecha.
Parte del equipo de trabajadores y voluntarios de la Fundación Hogar San José posa junto al director de la misma, Rafael Piñera, segundo por la derecha. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • La Fundación Hogar de San José, creada en 1942 por el padre Máximo González, atendió hasta hoy a más de 8.000 chavales

  • Hoy son 45 los jóvenes internos y 219 los chicos y chicas atendidos en 2015 dentro de alguno de los programas educativos y de inserción laboral y familiar de la entidad

«A las ocho de la noche se presentaron dos señoras con cinco niños. La madre estaba en el hospital y los niños en una choza de El Llano, durmiendo sobre paja y mojados. Con ellos se estrenaron las mantas y colchones llegados de Madrid para el internado». Así recogía en su diario el jesuita Máximo González, fundador del Hogar de San José, la llegada de los primeros 'huéspedes' a la entonces conocida como Casa de Los Rosales, el 10 de enero de 1943. Hoy pasaron ya más de 8.000 chavales, externos e internos, por la entidad de El Natahoyo.

En realidad, todo comenzó unos años antes, en 1939 cuando, finalizada la Guerra Civil, el joven jesuita procedente de Valladolid comenzó a acoger en el centro juvenil de la llamada congregación de Las Coscas, en el número 3 de la calle Covadonga, a niños cuyos padres habían muerto o se encontraban en campos de concentración. «Lo hacía como podía, pues apenas tenía medios», explica el exdirector de la Fundación Hogar San José Manuel Rodríguez Carrera. Un año después, el padre Máximo logró abrir un comedor en la parroquia de San Lorenzo para alimentar a los pequeños.

No obstante, su intención era tener todos los servicios integrados, por ello no paró de pelear hasta que consiguió un local que hiciese las veces de hogar. Y lo encontró en la mencionada Casa de Los Rosales que, al parecer, fue incautada a un republicano. «Llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento de Gijón para pagar la mitad cada uno. Que yo sepa, nunca llegó a abonar esa mitad, ni tampoco se la reclamó nadie», señala Carrera, quien recuerda, entre risas, los 'simpas' que se marcaba el jesuita. «Una vez se llevó a los niños a Roma para asistir al IV Congreso Internacional de la Federación de Niños Cantores y consiguió abrigos para todos en El Corte Inglés que nunca le fueron reclamados. No me consta que nadie le exigiese nada, pues todo el mundo sabía que no pedía para él, sino para los chavales», indica.

Cama para cuatro

Pese a la ayuda que siempre recibieron de los gijoneses, -«el hogar no hubiese salido adelante sin el apoyo de la gente», insiste Carrera-, los primeros años fueron sumamente difíciles. El centro llegó a albergar a cerca de 250 'hogarinos' y otros tantos externos que pasaban allí el día pero volvían a casa a dormir. «Los pequeños dormían de tres en tres o de cuatro en cuatro en la misma cama y el padre Máximo salía todas las noches a recoger los posos de café de varios bares de la ciudad para tener algo que echar al puchero a la mañana siguiente», relata el actual director de la fundación, Rafael Piñera. Tantas penurias y dificultades, agrega, fueron minando la salud del jesuita, quien tuvo que ser sustituido en 1952 por el padre Isaac Montero. «La gota que colmó el vaso fue la denegación de una ayuda prometida que no llegó a materializarse debido a cambios internos en el Gobierno central», explica Carrera.

Sin embargo, insisten ambos religiosos, no todo fueron penurias. «El padre Máximo demostró una gran originalidad y del hogar salieron una banda de cornetas y tambores y un coro que amenizaban las romerías de la zona y servían, de paso, para sacar algo de dinero», relata el exdirector. En aquella época también se abrió, una vez cubiertas las necesidades básicas de los chavales, el Grupo Escolar Hogar de San José. Contaba con seis unidades, todas ellas abiertas a todos los niños y niñas de El Natahoyo, para que estos tuviesen escolarización y los 'hogarinos' fuesen a clase con el resto.

A lo largo de la historia del hogar fueron muchas y muy originales las iniciativas que se pusieron en marcha para obtener fondos para los niños, como las veces que los 'hogarinos' acudieron a El Molinón como recoge pelotas bajo la dirección de Montero, cuando viajaban por el concejo con su tómbola de la mano del padre Luis Darriba, quien sustituyó a Montero en 1964, o cuando sorteaban vehículos, ya con el padre Ramón Rodríguez Lara, director entre 1967 y 1979. También bajo su mandato surgió un grupo de música pop compuesto por cinco internos: los Jois. Llegaron a viajar por toda España para presentar sus cinco vinilos.

Por aquel entonces las instituciones ya estaban mucho más involucradas que al principio con el centro, aunque el principal sustento de la entidad seguía proviniendo de la solidaridad ciudadana.

Nuevo edificio

Con la llegada de un nuevo director, el padre Manolo Robla, en 1979, se puso en marcha la llamada 'campaña del bote naranja', con la colocación de miles de tarros de este color en diferentes comercios asturianos para obtener fondos con los que derribar el antiguo edificio y construir uno nuevo. Para lograrlo, el religioso también acudió a la televisión. «Manolo había sido profesor en la Inmaculada, por lo que mantenía muy buenas relaciones con exalumnos suyos que entonces ya eran arquitectos, así que el proyecto le salió gratis y no tardó en conseguir prácticamente todo el dinero necesario para las obras», relata Carrera. Así, en octubre de 1981 comenzó la demolición de la Casa de Los Rosales y en poco más de un año estaba construido el nuevo hogar, al que los primeros niños se mudaron ya en la Navidad de 1982. La inauguración oficial tendría lugar en marzo de 1983.

Tras el paso por la institución de nuevos directores como Pablo de León y Carlos Lozano, llegó Carrera al cargo, donde permanecería entre 1988 y 1999. «Cuando estuve en el hogar como maestro con Manolo ya se había reducido a la mitad el número de chavales internos, que eran unos 117, y cuando llegué a la dirección eran 'solo' medio centenar, cifra que se mantuvo durante los siguientes años», relata. También comenzaba a cambiar el perfil de los 'hogarinos': ya no eran niños de la calle, sino chavales procedentes de familias desestructuradas y con otros problemas. «Esto planteaba situaciones mucho más complejas a las vividas con anterioridad y requería una atención mucho más personalizada y especializada, por lo que el trabajo de educadores y voluntarios se fue profesionalizando», indica.

Bajo la dirección de Carrera, en 1996, se formalizó la fusión del hogar y el colegio Padre Ferrero de Oviedo, ambas obras de la Compañía de Jesús, para dar lugar a la fundación que hoy conocemos.

«En la actualidad son unas ochenta las personas que componen la gran familia del hogar, entre educadores, psicólogos, trabajadores sociales, personal de servicio y voluntarios», explica Piñera. Aunque hoy el centro acoge a 45 chicos y chicas -es mixto desde el año 2000- de entre tres y veinticuatro años internos, son muchos más -219 en 2015- los que atiende a través de sus variados programas. Está el de acompañamiento para la inserción laboral, que cuenta con la empresa Imena donde ya fueron contratados tres jóvenes; el servicio de reincorporación familiar, que pretende dotar a las familias de habilidades y estrategias necesarias para ejercer un correcto cuidado de los menores, y las Mañanas Educativas, que apoyan a aquellas familias que no pueden hacerse cargo de sus hijos cuando estos son expulsados de los centros escolares. Atiende a unos 125 niños cada año.