El Comercio

El Sagrario y Cristo de la Paz lucen en la iglesia de La Merced en Burgos.
El Sagrario y Cristo de la Paz lucen en la iglesia de La Merced en Burgos. / RAMÓN GARCÍA RILOVA

«Difícilmente el sagrario luzca en otro sitio con el esplendor que tiene aquí»

  • El responsable de la iglesia de La Merced de Burgos revela que el pasado año dos gijoneses amenazaron con llevarse los tesoros de la Iglesiona

Aunque apenas lleva tres años al frente de la iglesia de La Merced, situada en Burgos a orillas del río Arlanzón, don Gonzalo ya le ha tomado afecto a los dos tesoros que presiden el altar del templo castellano. «Pues mire usted difícilmente el sagrario, con este tamaño, luzca en otro sitio con el esplendor que tiene aquí», apunta a preguntas de EL COMERCIO sobre su origen gijonés tanto de dicho sagrario como del Cristo de la Paz, que permanecieron en la Iglesiona desde 1924 hasta 1998.

Don Gonzalo elude profundizar sobre la procedencia de las piezas más señeras de la iglesia burgalesa remozada integralmente tras sufrir un incendio en 2001. «Llevo seis años en la ciudad y tres aquí y no sé nada del tema. Solo un incidente desagradable que tuvimos hace año y medio. Vinieron dos personas de Gijón y, de malos modos, dijeron: 'Venimos a llevarnos el sagrario. Es nuestro'. Yo, sorprendido, les dije que si traían alguna documentación podíamos empezar a hablar. Uno de ellos me dio un empellón y se fueron de malas maneras». Una misionera religiosa, sor Inés, abunda en el incidente. «Vinieron con muy mala educación y accedieron al altar sin pedir permiso a nadie cuando nosotros, por respeto, no permitimos el acceso», recordó. Ninguno de los dos religiosos tenía más datos sobre su identidad.

Incidente aparte, don Gonzalo es reacio a hablar de la controversia suscitada en Gijón por el traslado de las dos piezas, primero a Valladolid y después a Burgos, por decisión de la Compañía de Jesús tras firmar con el Arzobispado la entrega de la basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Tampoco quiso valorar el hecho de que ambas piezas fuesen costeadas por los propios feligreses ni de que el sagrario, el mayor construido en España en aquel entonces, luzca en su frontal de plata labrada precisamente la silueta de la Iglesiona gijonesa. «Yo no sé nada. No me puedo pronunciar. Tendría que hablar la provincial española», se limitó a afirmar. En declaraciones a EL COMERCIO, el delegado de la plataforma apostólica de los jesuitas en Asturias, Inocencio Martín, recordaba que todo el acuerdo para el abandono de la Iglesiona entre la Compañía de Jesús y el Arzobispado de Oviedo «está documentado» en 1998 y esto avalaría legalmente su proceder. Añadió, no obstante: «Me sorprende mucho que se los llevaran (el sagrario y el Cristo) si habían sido donados por los feligreses».

Recogida de firmas

Desde la pérdida de ambos tesoros, tanto Carlos Osoro, en una ocasión, como el entonces rector de la Iglesiona, Julián Herrojo, en dos, solicitaron a los jesuitas que, manteniendo la propiedad, accedieran a su retorno a Gijón en calidad de depósito. En los tres casos recibieron la negativa por respuesta. Ahora un grupo de feligreses ha iniciado una campaña de recogida de firmas que avalen una nueva demanda. Se pueden llevar a efecto en la farmacia Escalera (San Bernardo), El Tritón (Menéndez Valdés) y las boutiques Meana (San Agustín) y Viriato (Cabrales esquina con Casimiro Velasco).