El Comercio

Julia Fernández, acompañada de Jessica García y Ana Méndez.
Julia Fernández, acompañada de Jessica García y Ana Méndez. / A. F.

Una vendedora de estirpe golosa

  • Esta gijonesa gestionó durante 37 años Casa González, una de las tiendas de dulces con más tradición

Para cualquier paseante goloso, el escaparate de su local ha supuesto desde hace décadas un reclamo irresistible: caramelos, chocolates, gominolas, pastas, polvorones... Desde su fundación, allá por los años 50, Casa González se las ha apañado para convertirse en una de las pocas tiendas de su género que actualmente sobrevive, mutando y encontrando su sitio pese al cambio de paradigma en el mundo de los negocios. «No hay una fórmula infalible para mantenerse. Lo que hemos intentado es no engañar a nadie con el producto, ofrecer un precio competente y una buena atención al cliente», sostiene Julia Fernández, administradora durante 37 años -junto a su marido- del negocio de gominolas y frutos secos sito en la avenida de la Costa 66.

La tienda es ya una referencia para varias generaciones de gijoneses, que encuentran en sus materias primas y en su trato una excusa perfecta para dejarse llevar por el dulce. «Me incorporé en 1977. Me casé con José Villanueva González, sobrino del fundador del negocio, y juntos empezamos a gestionar lo que su tío había levantado», explica. Celestino Gónzalez Campos, por tanto, fue el encargado de iniciar el negocio, aunque con una imagen y unos medios sustancialmente diferentes a los de ahora. «El negocio empezó en la calle Cabrales como ultramarinos y no fue hasta 1968 cuando se trasladó a su actual ubicación, que hasta la fecha había funcionado como almacén de sacos», rememora.

En aquella época se vendían patatas, lentejas o garbanzos, pero la proliferación de los supermercados hizo que la especialización fuese necesaria para sobrevivir. «Nuestro mayor fuerte a día de hoy son los frutos secos. Tenemos una gran oferta de productos y, sobre todo en estas fechas, es lo que más nos reclaman», subraya Fernández. Sin embargo, tanto Julia como su marido han intentado que la esencia de la tienda de alimentación generalista no se pierda, ofreciendo otros muchos productos. «Decimos que ya no somos ultramarinos pero aquí tienes plantado un sacu fabes», añade entre risas.

Clientes «reincidentes»

La venta a mayoristas supone otro de sus pilares, surtiendo a varios quioscos de la zona con producto molido y empaquetado por ellos. «La competencia se relativiza un poco de esta manera. Si al final están vendiendo nuestros frutos secos nos compensa para que sigan comprando», asume. Mientras pasea por la tienda comentando su historia, varios clientes entran a esperar pacientemente su turno, «nada de autoservicio, aquí pides tantos gramos de producto y nosotras lo despachamos». Esta fidelidad es la que sigue manteniendo vivo el motor del negocio: «Nos vienen clientes habituales de Oviedo y Lena que ya son totalmente reincidentes».

Aunque ahora haya dado un paso al margen, su presencia en el negocio sigue siendo habitual, acompañando a Jessica García y Ana Méndez, las nuevas caras visibles del negocio. «Después de medio siglo trabajando ya me tocaba jubilarme. En total, no debí acumular ni una semana de ausencia. Después de tener al niño a los dos días ya estaba aquí», añade. Con la Navidad a la vuelta de la esquina la temporada alta se asoma en el horizonte: «Ahora llega lo bueno».