El Comercio

CELESTINO JUNQUERA

  • Un concejal altruista con visión de futuro

Pocas personas hay en la historia de nuestro Gijón del alma que despierten tanto interés como la de Celestino Junquera, a quien la corporación municipal acordó dedicarle una más que merecida calle con fecha 22 de diciembre del año 1899, y es por ello que tratamos de complacer a un buen número de lectores ávidos de saber cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en los escritos que nos han dejado diversos cronistas referentes a la figura de este gijonés a quien entre otras cosas se le atribuyen 24 hijos de su único matrimonio con la joven cubana Juana Chirino y Castillo, nacida en Bejucal, provincia de La Habana, aunque de origen canario y descendiente del Marqués de Chirino.

Celestino Junquera Toral nació en Gijón el 2 de mayo de 1817 y sabemos que al menos tuvo otro hermano llamado Calisto que alcanzó el grado de teniente coronel del Ejército. Fueron sus padres Buenaventura Junquera Huergo y Josefa Toral. Nuestro singular personaje de hoy se marchó a Cuba de muy joven y su dinamismo pronto le llevó a una buena situación económica, y a contraer matrimonio con la citada joven hija de los españoles, también emigrantes en Cuba, Antonio Chirino y María de los Dolores Castillo, a la que aventajaba en diez años de edad. Cumplidos los cuarenta años, Celestino regresó a Gijón con toda su familia, estableciéndose con una tienda de tejidos en la calle Contracay, y dicen que era un gran aficionado a la música tocando con destreza el violín que tenía sobre el mostrador con esta leyenda: «En esta casa no se rebaja ni un centimín / porque lo dice este violín».

Ahora bien, la fama de Celestino que ya en Gijón había unido los apellidos paternos pasando a llamarse Celestino Junquera-Huergo y Toral, le vino dada por su condición de concejal, y por haber adquirido en propiedad unos extensos terrenos conocidos como del 'Balagón' en la zona del Arenal, proponiendo al Ayuntamiento construir una amplia plaza a semejanza de las grandes ciudades, en la que desembocasen un buen número de calles. En 1867 el arquitecto Lucas María Palacio presentó un plano completo de la urbanización de lo que ahora es la plaza de San Miguel y en la que Celestino Junquera-Huergo construyó dos edificios ya de forma circular en la zona noroeste a la vez que cedía altruistamente la mayor parte de los terrenos propios y financiaba la construcción de los jardines, hasta tal punto que a nivel popular se llegó a decir que «estaba completamente loco» porque donaba terrenos, financiaba obras, trabajaba personalmente y no recibía nada a cambio. El proyecto de Celestino Junquera siguió adelante y él mismo trasladó su comercio a uno de sus edificios haciendo esquina con la calle Uría y el otro lo vendió a la familia del pintor Mariano More, donde instalaron en el año 1871 una fábrica de envases para conservas y la litografía artística «More, Hermanos y Cia». Con fecha 18 de setiembre de 1875 el Ayuntamiento acordó dar nombre a las calles Menéndez Valdés, Cura Sama, Abad de Santa Doradía, que junto con la de Uría de 1872 serían las primeras en cumplir la iniciativa propuesta por Celestino Junquera-Huergo. De la tradición oral llegada por medio de sus descendientes, aseguran que la elección de los nombres de las siete calles que finalmente completarían el proyecto fueron propuestas por nuestro personaje de hoy, ya que la que lleva su nombre fue aprobada 12 años después de su fallecimiento acontecido el 8 de julio de 1887, a los 70 años de edad, y a consecuencia de fraccionar la de Cura Sama, que inicialmente tenía su continuación atravesando la plaza.

Por los cronistas de su época sabemos que Celestino Junquera-Huergo y Toral renunció en repetidas ocasiones a cargos públicos de notoria relevancia afirmando que el solo conocía 'Las Providencias' de Dios y la del Cabo de San Lorenzo, pero no cesaban sus proyectos en pro de la ciudad, ya que fue destacado promotor del Muro y paseo de la playa y de la edificación de viviendas para veraneantes próximas a la mar. Juana Chirino, su esposa, falleció el 13 de febrero de 1881, seis años antes que Celestino Junquera-Huergo, al que dejó viudo con doce hijos que habían nacido en Gijón, y emparentaron con las familias Rollán, Tejera, Pastor y Alvargonzález, entre otras que hicieron historia en el comercio, la cultura y la industria de la villa y puerto de Gijón. De nuestro ilustre personaje de hoy se cuentan infinidad de curiosas anécdotas que dan para otro capítulo en el que sería interesante incluir una fotografía de Celestino Junquera-Huergo y Toral, que hasta el momento no ha sido posible conseguir.