El Comercio

Las cuentas del Grupo salen adelante con bronca e intercambio de reproches

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Enrique Tamargo, aplaudido por la actual directiva tras su intervención. / JOAQUÍN PAÑEDA

  • La propuesta de la actual directiva obtuvo 225 votos a favor y 169 en contra. La votación estuvo tan reñida como el propio debate

Un enfrentamiento indisimulado y directo entre la actual directiva del Real Grupo de Cultura Covadonga y la anterior ejecutiva, con sus respectivos partidarios entre los asistentes, caracterizó ayer una asamblea bronca y larga en la que hubo intercambio de reproches e incluso la advertencia de Antonio Corripio sobre la posible intervención de la comisión de disciplina ante lo que consideró «faltas de respeto» en las palabras del público. Previamente, varios de los presentes le habían censurado sus apariciones en los medios de comunicación para dar unas explicaciones que consideraban se debían hacer llegar a los socios a través de otros cauces.

Miembros o allegados a la anterior directiva, presidida por Enrique Tamargo, acusaron a los actuales dirigentes de la entidad de pedir auditorías e informes técnicos «con el único objetivo de desprestigiar la gestión» del equipo anterior. Corripio replicó que no pueden dar lecciones en ese sentido «quienes fueron condenados por informar mal a los socios», en referencia a la sentencia que anuló el acuerdo de rectificar la fusión con el Centro Asturiano.

Los asistentes menos posicionados de antemano lamentaron la «falta de ayuda para conocer si las cuentas están ahora bien hechas o lo estaban antes». Al tiempo que calificaron de «confusa» la excesiva proliferación de informes económicos.

La asamblea transcurrió con el habitual desorden en cuanto al respeto por el contenido del orden del día. Casi todas las intervenciones se dirigieron a tocar el aspecto que al interviniente le interesaba, independientemente de que fuera lo que tocaba tratar o no.

Jorge del Río, miembro de la directiva anterior, se dirigió a Antonio Corripio asegurando que «está secuestrado por los socios del Centro Asturiano de La Habana porque les debe la presidencia». Le calificó, además, de «presidente pancartero».

En un tono más amable transcurrió la intervención de Enrique Tamargo, vivamente aplaudido incluso antes de empezar a hablar. Defendió su gestión allá hasta donde el tiempo concedido se lo permitió, tanto sobre la finca de La Torriente como sobre el Pabellón Verde. Fue interrumpido al concluir su tiempo y acabó deseando suerte a la actual directiva.

Antonio Corripio agradeció sus palabras e hizo hincapié en que tanto la revisión de las cuentas como los informes técnicos sobre el Pabellón Verde no son responsabilidad de su equipo, sino que fueron redactados por técnicos independientes.

El ambiente se volvió a calentar al hablar sobre la fusión con el Centro Asturiano de La Habana. El actual secretario del Grupo Covadonga, Manuel José Rodríguez, consideró «inexplicable» que Tamargo hubiese intentado que el Registro de Sociedades del Principado rectificase lo que él mismo había firmado previamente ante notario.

Honorarios de los abogados

Entre las numerosas intervenciones destacó la del último presidente del Centro Asturiano, Marco Antonio Tuñón, para contestar a un reproche que le habían hecho sobre los honorarios de los abogados de la entidad a la que representaba. Se defendió diciendo que era su obligación «velar por los intereses de sus asociaciones».

A la hora de las votaciones, el resultado estuvo también muy reñido, como el propio debate. La propuesta de cuentas de la junta directiva fue aprobada con 225 votos a favor y 169 en contra, además de 16 abstenciones. Nada más producirse la votación, pasadas las once de la noche, gran parte de los asistentes a la asamblea -entre los que se encontraban Tamargo y sus afines- abandonaron el Palacio de Congresos del recinto ferial Luis Adaro. Así pues los siguientes puntos del orden del día fueron aprobados con una mayoría mucho más abultada. Fue el caso de los presupuestos de 2016 y el programa de actividades, que contaron con 194 apoyos por nueve votos en contra y siete abstenciones. También la creación de las secciones de billar y bolos, que fueron respaldadas por 155 socios. 17 votaron en contra y tres se abstuvieron.

De las primeras tres horas de asamblea se puede resumir que las dos últimas directivas grupistas tenían ganas de soltarse cuatro frescas a la cara y para ello movilizaron en la medida de sus posibilidades a sus más fieles. El socio Felipe Aller Celemín, una vez más, anunció que impugnará la asamblea.