El Comercio

Ocio saludable sin límites

Sandra, Llara, Shearlyn, Javier, John, Miguel y Pelayo, en una clase de teatro en la sede de la asociación Alarde.
Sandra, Llara, Shearlyn, Javier, John, Miguel y Pelayo, en una clase de teatro en la sede de la asociación Alarde. / P. CITOULA
  • «Esperamos que no se recorten las ayudas», dicen en la asociación, que maneja un presupuesto de 100.000 euros anuales

  • Unas 200 personas con discapacidad intelectual participan en la escuela de Alarde

Lucas tiene catorce meses y Pedro casi setenta años. El primero recibe estimulación a través de la musicoterapia y el segundo no se pierde ni una clase de baile. Ambos tienen una discapacidad intelectual y los dos forman parte de los aproximadamente doscientos usuarios de la escuela de arte de la asociación Alarde. Unas instalaciones en las que prácticamente todo es posible. «Nuestro objetivo es que los chavales lo pasan bien, ellos nos proponen qué quieren hacer y nosotros tratamos de organizarlo», explican Clara González Suárez y Juan Luis Castañón, presidenta y vicepresidente de una asociación que acumula ya 21 años de vida dedicada a hacer posible que las personas con discapacidad intelectual puedan disfrutar de su tiempo de ocio.

«Lo que hacemos nosotros no lo hace nadie en Asturias», incide Clara González para recalcar la utilidad de las actividades que cada día organizan en su sede de la calle María Zambrano en Gijón, donde llevan ya nueve años. Y donde esperan continuar mucho tiempo más. «Poder seguir como hasta ahora, ese es nuestro proyecto», añaden González y Castañón, preocupados por la viabilidad económica de esta iniciativa, que sale adelante a través de subvenciones municipales, «que esperamos no se recorten».

Informática, piano, batería, teatro, zumba, pilates, danzas urbanas y hasta clases de apoyo son solo una muestra de la amplísima oferta de Alarde. Y organizar todo este programa -que incluye excursiones y práctica de cualquier deporte que a uno se le pueda pasar por la cabeza- tiene un coste: unos 100.000 euros al año. Fondos que obtiene Alarde, además de la subvención municipal, a través de las cuotas de las 180 familias que son socias. Y de no parar de moverse en busca de apoyos -como la fundación Irene Villa, Cruz Roja, Abierto hasta el Amanecer y los rotarios- y de ideas como la venta de calendarios solidarios.

El del año que viene, con fotos realizadas por Nuria Fernández de los chavales practicando deportes, ya está a la venta y cuesta cinco euros. «Todo lo que lleva el apellido 'terapia' es caro y muchas sesiones se hacen con grupos reducidos y algunas, como la del bebé que va a musicoterapia, son individuales», detallan González y Castañón.

Mejorar la sociabilidad

En torno a sesenta personas hacen uso de las instalaciones de Alarde al día. No solo se divierten, también tiene un efecto positivo sobre, por ejemplo, su sociabilidad. «Mejoran mucho», indican los responsables de Alarde, quienes recuerdan que la suya es la única asociación que se centra exclusivamente en diseñar actividades de ocio para discapacitados intelectuales.

«Lo que pretendemos -añaden- es que prueben cosas nuevas, que no se pongan límites». Y actividades como el parapente o la esgrima clásica dan fe de que este objetivo se va cumpliendo.