El Comercio

Ingresa en prisión el parricida gijonés

    María Milagros Fresno y su marido, Rafael.

    María Milagros Fresno y su marido, Rafael. / Pañeda

    • El padre y sus dos hermanas se enteraron del crimen cuando llegó a la casa la Guardia Civil. «No podía dormir, bajé al piso de abajo y la maté», confesó

    El titular del juzgado de instrucción número 2 dictó, a petición del fiscal, una orden de ingreso en prisión comunicada y sin fianza para Iván G. S., autor confeso del crimen de su madre.

    El Ministerio Público ha solicitado la medida cautelar, en principio, por un delito de asesinato con la agravante de parentesco, sin perjuicio de que esta calificación jurídica pueda modificarse a lo largo de la instrucción después de que el hombre confesara los hechos tras entregarse en Comisaría.

    El Juzgado deberá resolver ahora sobre esta solicitud una vez que el detenido sea trasladado a dependencias judiciales desde el cuartel de la Guardia Civil en el que permanece arrestado.

    Se está pendiente del auto del Juzgado que resuelva sobre esta solicitud.

    Mató a su madre mientras el resto de la familia dormía

    «No pasó nada en concreto, me desperté, no podía dormir, bajé al piso de abajo y la maté». El porqué de la tranquilidad con la que Iván G. F. se entregó a la Policía después de acabar con la vida de su madre en Monteana la explicó él mismo: «Sufro un trastorno psicosocial grave y no tengo capacidad de empatía con los demás ni siento nada». No parece existir un móvil concreto del crimen, más allá de la propia alteración mental que sufre el presunto parricida y para la que, según dijo, no tomaba la medicación prescrita. Su último ingreso en el área de Psiquiatría del Hospital de Jove fue el pasado mes de junio. Pero los problemas venían «de más lejos», lamentaron ayer desde su entorno, que se encuentra «hundido y superado» por la desgracia.

    Un furgón de la Guardia Civil traslada al presunto parricida hasta los Juzgados

    Un furgón de la Guardia Civil traslada al presunto parricida hasta los Juzgados / Paloma Ucha

    El cadáver de María Milagros Fresno Ramos -Marimí-, de 54 años, fue encontrado dentro de la casa familiar por la Policía sobre las nueve de la mañana del martes. Poco antes, su hijo, Iván, de 32 años, se presentaba en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de El Natahoyo y le espetaba al agente que controla la entrada de las dependencias: «He matado a mi madre. He venido andando desde Monteana para ver si me daba el aire. Vengo a entregarme».

    Tras el asombro inicial, se puso en marcha el protocolo pertinente para comprobar si su versión se ajustaba a la realidad. La certeza llegaba cuando los agentes se personaban en el chalé y comprobaban que, efectivamente, la madre de Iván estaba muerta. El padre y sus dos hermanas, más jóvenes que el autor confeso del crimen, conocían la fatalidad justo en el mismo momento en el que la Guardia Civil llamaba a su puerta. Los tres dormían en sus respectivas habitaciones ajenos a lo ocurrido, sin saber que Marimí yacía en el salón desde hacía varias horas. La escena que se vivió fue dramática.

    Tal y como se desprende de las investigaciones, el ahora detenido bajó de su habitación de madrugada cuando su madre aún no se había acostado. Sin que mediase discusión alguna y sin que la mujer tuviese tiempo a reaccionar, la asfixió. Luego volvió a subir a su cuarto, se vistió y abandonó la casa sin que su familia escuchase nada.

    Diez kilómetros caminando

    De noche cerrada y caminando por la carretera, recorrió los diez kilómetros que separan el chalé familiar en Monteana -justo frente al bar Cañaveral- de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, en la avenida de Juan Carlos I. «Quería despejar la cabeza y empecé a caminar», se explicó ante la Policía. Habría empleado más de dos horas en recorrer todo el trayecto.

    Iván G. F. quedó arrestado por un delito de homicidio y fue trasladado a la comandancia de la Guardia Civil de Gijón, donde permaneció durante toda la jornada de ayer. Está previsto que a lo largo de la mañana de hoy pase a disposición del juzgado de instrucción que realiza las funciones de guardia. El joven, de 32 años, se mostró «muy tranquilo» en todo momento. Se limitó a confesar el parricidio y explicar que padece una patología mental. El resto de tiempo permaneció callado y pensativo.

    Los restos mortales de María Milagros Fresno Ramos fueron llevados el martes al Instituto de Medicina Legal, en Oviedo. Los médicos forenses le practicaron ayer por la mañana la autopsia y confirmaron que murió por asfixia, tal y como ya apuntaban los primeros datos recabados por la Guardia Civil. El marido, Rafael, sus dos hijas y el resto de familiares recibieron ayer numerosas muestras de cariño de las muchas personas que se acercaron al tanatorio de Jove, donde quedó instalada la capilla ardiente. La despedida será hoy a las 16 horas en el mismo tanatorio con un acto de la palabra. A continuación, será enterrada en el cementerio de Monteana.

    La familia es muy apreciada y conocida en la parroquia. Marimí llevaba viviendo allí desde pequeña, desde que llegase a muy corta edad con sus padres a los pisos de Ensidesa. Se casó con Rafael, también de Monteana, y se quedaron en el mismo pueblo, en una casa que construyeron en una parcela junto a la de su cuñado, Luciano, fallecido hace varios años y quien fuera alcalde pedáneo de la parroquia. Su cuñada, Mariví, dio ayer cobijo en su vivienda al viudo y a sus dos sobrinas.

    «Están rotos. La tragedia es de tal dimensión que no se puede asimilar», lamentaba un vecino que conoce a la familia «de toda la vida». «Son muy buena gente. No merecen que les pase esto. Llevan mucho tiempo peleando con el chaval, que estaba mal, pero nadie se imaginaba que fuese a acabar matando a la madre», comentaban.

    La familia ha decidido incluir en la esquela de María Milagros al presunto parricida. Iván aparece junto a sus hermanas Elsa y Lara y a su padre, Rafael. «Es una situación muy complicada. Por una parte, es su hijo pero, por otra, ha matado a su esposa. Es tristísimo», intentaban razonar.

    Desde 1996

    El último parricidio ocurrido en Gijón se remonta a 1996. Ese año, en marzo, fallecía la joven Ana Lastra, sordomuda de nacimiento. Murió a manos de su padre, después de que le pegase martillazos en la cabeza en el piso familiar, en la calle del Conde Toreno, de El Coto. La víctima tenía 25 años y acababa de quedar huérfana de madre.

    El del parricida de El Coto fue el segundo procedimiento judicial celebrado en Asturias mediante la modalidad de jurado popular. Fue en la Sección Segunda de la Audiencia, en Oviedo. Lo condenaron a quince años por el delito de asesinato. Lleva cinco años libre.