El Comercio

Marimí, una gran aficionada al mus volcada en el cuidado de los suyos

A la izquierda, con paredes blancas, vivienda de Monteana donde María Milagros Fresno murió asfixiada por su hijo. A la derecha, la casa de su cuñada.
A la izquierda, con paredes blancas, vivienda de Monteana donde María Milagros Fresno murió asfixiada por su hijo. A la derecha, la casa de su cuñada. / Citoula
  • Desarrolló toda su vida en Monteana y desde hace cinco años, al agravarse la salud mental del primogénito, salía muy poco

Marimí, de 54 años, llevaba toda la vida viviendo en Monteana. Allí se había criado, allí se había casado con Rafael y allí murió el martes por la mañana, presuntamente a manos de Iván, el mayor de los tres hijos. Era precisamente por él por quien estaba «muy preocupada». El estado de salud mental del chico le había obligado a permanecer varias veces ingresado en el área de Psiquiatría de Jove. La última, en junio.

«Ella llevaba varios años que salía muy poco, hacía mucha vida en casa con su familia y se le veía con menos frecuencia que antes», comentaban ayer sus vecinos, quienes la definen como «una mujer muy agradable y muy atenta con los demás». El que sí hace mucho más vida por la parroquia es su marido, Rafael, quien ayer mismo acudió como cada mañana a tomar un café al bar Cañaveral, justo en frente de su casa. Recibió las condolencias de sus amigos, incapaces de encontrar una palabra de ánimo a tan complicada situación.

Siempre estaban juntos. Y más desde que Rafael se jubilase tiempo atrás de su trabajo en Arcelor. Precisamente esa ausencia que refieren sus vecinos la notaron también los que fueran sus compañeros de mus. Porque Marimí y Rafael eran una de las parejas asiduas en todos los campeonatos de naipes que se celebraban en la ciudad. Pero hace cinco años, sin razón aparente, dejaron de practicar esta afición a la que dedicaban casi todo su tiempo libre.

Formaron parte del equipo de Casa Justo con el que ganaron en 2009 el trofeo de Gijón y eran fijos de los maratones que tenían lugar los fines de semana en el también extinto Xeitosa. Ganaron también numerosos torneos individuales. Pero de buenas a primeras dejaron de acudir a las partidas.

«Siempre jugaban juntos»

«Siempre jugaban juntos y jugaban muy bien, tenían mucha afición los dos desde jóvenes, pero hace unos cinco años dejaron de ir a los trofeos y a los campamentos de la noche a la mañana. Una pena porque era un matrimonio muy agradable», comentan quienes fueran sus compañeros.

El tiempo en el que dejaron de jugar al mus coincide con el agravamiento de la patología mental del hijo. Ella se dedicó toda su vida al cuidado de su familia, tal y como explican los que fueran sus vecinos. Hace aproximadamente una década montaron un negocio de carnicería en el entorno del colegio de los Jesuitas, pero cerraron tiempo después.

«Es una auténtica desgracia. Los hemos visto crecer y que la historia haya acabado así...», lamentaba una vecina mayor que tuvo mucha amistad con los padres de Marimí, ya fallecidos. El matrimonio residía con sus tres hijos en una casa ubicada justo al lado de la de su cuñada, María Victoria, quien también enviudó hace no mucho tiempo.