El Comercio

Tanatorio de Jove, donde se instaló el velatorio.
Tanatorio de Jove, donde se instaló el velatorio. / CITOULA

«Nadie se merece algo así, pero menos Marimí, que dedicó la vida a sus hijos»

  • Los vecinos de Monteana se muestran «consternados» por el parricidio que ha acabado con la vida de una mujer «muy querida»

«No notamos nada raro en el chico en los últimos tiempos. No hacía mucha vida por Monteana, pero aparentemente estaba normal. Sabíamos que había estado ingresado en Jove una temporada, pero no nos imaginábamos que fuese capaz de hacer una cosa tan tremenda». Los vecinos de María Milagros Fresno, Marimí, no son capaces de digerir la trágica muerte de la mujer de 54 años a manos de su hijo. «Siempre piensas que estas cosas no van a pasar aquí tan cerca con personas que conoces, pero la vida no deja de sorprenderte», reflexionaba José Manuel Fernández, vecino de la parroquia donde siempre vivió la mujer ahora fallecida.

La vivienda familiar en la que produjo el crimen se encuentra justo en frente al bar Cañaveral, uno de los históricos. «El martes a primera hora vimos que llegaba la Policía y que había mucho movimiento. Al principio no sabíamos qué pasaba, hasta que ya a media mañana nos dijeron que habían matado a Marimí... Una desgracia», comenta la madre del dueño del negocio, quien define a la fallecida, a su marido y al autor confeso del crimen «como personas intachables, nunca dieron que hablar ni media palabra, al contrario».

El viudo, Rafael, es uno de los asiduos del bar, donde hace tertulia con los vecinos. Ayer no faltó a la cita, aunque lo hizo «roto por el dolor, no podía dejar de llorar». Recibió las condolencias de sus amigos y conocidos. «No hay palabras para decirle en estos momentos. Es toda una desgracia», lamentan.

Iván G. F., de 32 años, es el mayor de los tres hijos del matrimonio. Sus hermanas, más jóvenes, estaban en la vivienda cuando tuvo lugar en violento episodio. También estaba su padre. Ninguno de los tres se percató de lo ocurrido. Dormían cada uno en sus habitaciones y no fue hasta que la Policía les llamó al timbre cuando se enteraron de que Marimí yacía en el salón.

«Trabajaba por temporadas»

«Iván trabajaba por temporadas, pero esta última debía de estar inactivo. La gente comentaba que estaba mal y tenía una especie de depresión, pero realmente él siempre que lo veíamos estaba cordial, saludaba con normalidad y no notabas nada raro», comenta un vecino.

El estupor se ha apoderado estos dos últimos días de una parroquia habitualmente tranquila y en la que todos se conocen. «Nadie se merece eso, pero mucho menos Marimí, que ha dedicado toda su vida a su marido y a sus hijos y siempre veló por que no les faltase de nada», lamentaban.