El Comercio

«Marimí ha sido víctima de una enfermedad, no la suya propia, sino la de su hijo»

El coche fúnebre abandona el tanatorio.
El coche fúnebre abandona el tanatorio. / DAMIÁN ARIENZA

«A Iván no lo podemos juzgar, tenemos que ayudarlo, cualquiera de nosotros podría pasar por una situación como la suya». Constantino Bada, párroco de Poago y Monteana, intentó ayer dar ánimos al viudo de Marimí y a sus dos hijas durante el acto de la palabra que se celebró en el tanatorio de Jove y al que asistieron numerosos vecinos, amigos y compañeros de una familia «que se ha quedado rota».

«En esta desgracia hay dos víctimas, Marimí y su hijo Iván. Ella ha sido víctima de una enfermedad, pero no la suya propia, sino la de su hijo, que en el fondo es como si fuera también suya», dijo el religioso durante la homilía y antes de animar a los asistentes a rezar por la fallecida y también por el autor confeso del parricidio, quien sufre una patología psiquiátrica desde hace años. Tras el breve acto de despedida, la comitiva puso rumbo al cementerio de Monteana, donde María Milagros Fresno recibió sepultura en el cementerio de la parroquia en la que residió toda su vida y en la que era una «vecina muy apreciada y querida» por todos.

Fueron muchos los que quisieron arropar a Rafael González y a sus dos hijas, Elsa y Lara, en el peor momento de sus vidas. «No hay palabras de consuelo que se les pueda decir, están hundidos de dolor, falta una madre pero no deja de ser su hijo y hermano, una persona enferma que no es consciente de sus actos», reflexionaba uno de los amigos de la familia. Iván G. F. no hacía mucha vida en la parroquia, aunque sus vecinos aseguran que «nunca antes había dado un problema».