El Comercio

«El 'muelle' es una práctica sexual aislada»

La sexóloga y docente Ana Jiménez.
La sexóloga y docente Ana Jiménez. / JOAQUÍN PAÑEDA
  • La sexóloga Ana Jiménez alerta de sus riesgos: «Puede ser causa de enfermedades o embarazos»

  • La docente, además, no percibe su proliferación en los jóvenes de la ciudad: «Ya mucha gente da por hecho que lo hacen cada fin de semana»

Estalló hace unos días en los medios de comunicación de todo el país y su expansión es ya imparable. El juego sexual del 'muelle', importado a España desde Sudamérica, está trayendo de cabeza a multitud padres, preocupados por la supuesta expansión de una práctica de riesgo para sus hijos. Sin embargo, ¿realmente se están dando casos entre la juventud o se trata de un bulo surgido en la red? ¿Cuáles son sus riesgos? ¿Ha llegado a los adolescentes gijoneses? «Este tipo de casos venden mucho y tienden a distorsionarse. La realidad es que son prácticas aisladas cuando ya mucha gente da por hecho que los adolescentes hacen el 'muelle' cada fin de semana», afirma Ana Jiménez, sexóloga con más de veinte años de experiencia como docente.

La práctica, en sí, tan solo necesita de un grupo de personas para llevarse a cabo. Los hombres, ya sea en una silla o tumbados en el suelo, se mantienen en sus posiciones mientras las mujeres se sientan sobre ellos buscando la penetración. Cada 30 segundos, las mujeres rotan de compañero hasta que uno de ellos eyacula. Éste se convertiría en el perdedor del juego, mientras el chico que más tarde en hacerlo se convertiría en ganador. Todo ello, en muchas ocasiones, sin la utilización de ningún tipo de protección. Sin embargo, la proliferación cíclica de este tipo de prácticas -hay constancia del 'muelle' en España desde 2014- hacen dudar a la sexóloga sobre el verdadero impacto en la juventud gijonesa. «En las aulas yo no lo percibo. Siempre puede ocurrir, pero no es la tónica general. Ahora que está en su punto culminante, sin embargo, sí te preguntan por ello», afirma.

Los riesgos de esta práctica, aunque no sean la tónica general entre los adolescentes, sí que son lo suficientemente serias como para ser tomadas en cuenta. «Al igual que toda práctica sexual sin protección, conlleva mucho riesgo: desde las ETS hasta los embarazos no deseados», estima la sexóloga.

Igual que hace 20 años

Hoy en día, al contrario de lo que podría parecer, la cantidad de información que aporta internet en materia sexual no está creando jóvenes más preparando para un mundo que muchas veces sigue siendo tabú. Así lo asume Jiménez, quien lleva tratando con varias promociones de alumnos estas dos décadas y, en esencia, nota las mismas inquietudes en las aulas. «Pese a que estas generaciones tienen mucho más acceso a la información, no significa que estén más informadas. Hay un gran bombardeo mediático y el sexo, al final, se utiliza para todo tipo de cometidos», relata.

En concreto, la televisión -a través de la publicidad y los contenidos de ficción- ejerce un poderoso reclamo sobre la percepción juvenil sobre el sexo, muchas veces distorsionado y ligado a estereotipos perjudiciales. «Es esencial, por tanto, la importancia de una educación sexual real y potente. Que les ayude a construir relaciones responsables, libres y con conocimiento de causa», sintetiza Jiménez. Para ello, la importancia de los sexólogos en las escuelas resulta capital, pero necesita estar acompañado de un apoyo específico desde las familias. A ojos de Jiménez, las relaciones sexuales siguen siendo tabú en muchos hogares, lo que genera una situación de inseguridad y desinformación que acaba afectando al adolescente. «Algunos padres con los que trato siguen con la idea en la cabeza de que están bien sabiendo lo menos posible», apunta.

Educación contra el riesgo

Este secretismo, precisamente, es el que hace indetectable prácticas de riesgo como la del 'muelle' hasta que las consecuencias negativas salen a la luz. «Otro de los problemas que más tratamos y de los que apenas se habla en el entorno familiar son los relativos a la propia imagen», explica. Con la llegada de la pubertad y el consecuente aumento de importancia que los jóvenes conceden a su imagen, las inseguridades y los problemas empiezan a surgir. «Algo que noto mucho es la desconexión de los jóvenes con su propio cuerpo. Se da mucho peso a la imagen corporal, imitando a los iconos mediáticos, y no se atiende a las inseguridades que empiezan a sentir», explica. La única solución posible, por tanto, pasa por dialogar con los adolescentes abiertamente sobre la pubertad, los cambios físicos y psicológicos y sobre la libertad sexual en respeto mutuo. «La educación es la mejor medicina contra las situaciones de riesgo».

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