El Comercio

México dice adiós a la viuda de Paco Ignacio Taibo I

María del Carmen Isabel Mahojo y Paco Ignacio Taibo I, en México.
María del Carmen Isabel Mahojo y Paco Ignacio Taibo I, en México. / Archivo familiar
  • María del Carmen Isabel Mahojo, nacida en Cimavilla en 1928, emigró en 1959 con su marido, que triunfó en el país azteca

En abril de 1996, tenía 21 años y acababa de incorporarme como asistente de redacción en la sección de cultura del periódico El Universal, en Ciudad de México y trabajaba con Paco Ignacio Taibo I, cuando un día sonó el teléfono de su escritorio y, sin saberlo, me cambió la vida.

-«¡Cultura!»

-«Hola, vida, soy la señora de Taibo. ¿Está Paco? Que se ponga».

Le pasé el teléfono al jefe y seguí haciendo lo mío, mientras él hablaba. De pronto, le cambió la expresión en el rostro y me miró con extrañeza, pasándome el auricular:

-«Oye, criatura, que mi mujer quiere hablar contigo».

Más extrañado me sentí yo, mientras tomaba el aparato y oí la misma voz; de mando, pero al mismo tiempo irresistible: «Vida, vas a venir a comer a la casa. Coged un taxi y los veo aquí a las dos».

Esa fue mi primera invitación a la mesa de Paco y Mari en la calle de Culiacán 76. Fue una mesa a la que volví durante más de una década, todos los martes (y muchas otras veces) y donde encontré siempre solidaridad, una sonrisa y un plato de fabada. Y todo, siempre, con la guía de Maricarmen.

Hija de marino mercante

Mari nació María del Carmen Isabel Mahojo Menéndez en Cimadevilla, en julio de 1928. Su padre era marino mercante, su madre cosía (un talento que heredó a su única hija de modo notable) y cuando el padre murió durante un naufragio en 1936, creció rodeada de primos (Ceferino, José Enrique), de los que era una suerte de hermana mayor, y con quienes adquirió esa mano firme con guante de seda, y de solidaridad y responsabilidad. Mari, y lo puede decir cualquiera que la haya conocido y la haya querido, una vez que adoptaba a alguien, lo quería para toda la vida.

En 1959, Paco y Mari -con Paco II ya de 10 años- se mudaron a México a buscar mejores oportunidades de trabajo y literalmente encontraron su fortuna: no solo tuvieron dos hijos más -el formidable Benito en 1960 y Carlos, hoy uno de los mejores productores de cine de América Latina, en 1965-, sino que cultivaron numerosas amistades en el ámbito cultural, como el mismísimo Luis Buñuel, Amparo Rivelles, Ofelia Guilmáin, María Dolores Pradera, Pilar Rioja o el poeta Luis Rius.

Ángel González, amigo de Paco desde la infancia, fue siempre un huésped distinguido en su hogar y las veladas en su mesa siempre fueron animadas. Mari nunca le negó un plato a nadie y fue generosa más allá de todo: su interés en los demás era genuino y sabía escuchar como nadie, sin juzgar nunca.

Después de morir Paco en 2008, Mari mantuvo su mesa abierta a los amigos que quedaron, y si bien no era lo mismo que en los 60 y los 70, siempre estuvo rodeada por el amor de quienes estaban cerca, un amor que ella supo instigar y ganarse, y que siempre repartió sin tasa. Su amiga más cercana fue siempre Amparo Hevia 'Pinky', que todas las tardes estuvo a su lado, en un círculo de costura de dos, que vieron crecer a tantas familias.

Una vida luminosa

Esta semana, Maricarmen alcanzó a Paco, y sus hijos la despidieron rodeada de amigos, la familia que construyó a lo largo de cinco décadas, con sus tres nietas y una plétora de cariño, para decirle adiós, celebrar su luminosa vida (como dijo Benito) y ver cómo esa niña de calcetas blancas que creció en Cimadevilla, que podía recitar algunas poesías de memoria y que había aprendido a cantar 'Lili Marlene' de pequeña, esa mujer maravillosa que tenía el mejor recetario de México y era una gran anfitriona y amiga, se convertía, para todos usos y razones, en una estrella, en parte del cosmos.

Adiós, Mari. Gracias por querernos tanto a todos.

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