Fernando Alonso, decano de la Facultad de Enfermería de Gijón, en uno de los pasillos del centro universitario.
Fernando Alonso, decano de la Facultad de Enfermería de Gijón, en uno de los pasillos del centro universitario. / AURELIO FLÓREZ

Terapia de choque para fumadores con depresión

  • La Facultad de Enfermería de Gijón forma parte de un proyecto investigador en el que participan un centenar de pacientes

Es una evidencia que los médicos constatan cada vez con más asiduidad en sus consultas. La depresión suele ser frecuente entre las personas que demandan tratamientos para dejar de fumar. De hecho, se estima que aquellos que muestran síntomas depresivos tienen el doble de probabilidades de ser fumadores. Aproximadamente, un tercio de quienes fuman presentan depresión en el momento de dejar el tabaco.

Con estas premisas, cinco investigadores de la Unidad Clínica de Conductas Adictivas (UCA) de la Universidad de Oviedo -dependiente de la Facultad de Psicología y con Roberto Secades a la cabeza como investigador principal-, iniciaron hace dos años un proyecto de investigación para ayudar a este tipo de pacientes a dejar el cigarrillo, ya que, en contra de lo que se creía, se ha comprobado que el ánimo de las personas con depresión mejora al abandonar la adicción.

Fue así como nació esta iniciativa en Oviedo, donde ya han sido tratados más de noventa pacientes, de los que el 71% lograron superar la adicción al finalizar las sesiones. La terapia ya ha comenzado en Gijón. Según explica Fernando Alonso, uno de los investigadores y decano de la Facultad de Enfermería gijonesa, los pacientes son derivados desde los centros de salud, que ya han sido informados, o pueden contactar directamente (985104 189). Los requisitos para formar parte del programa es fumar diez cigarrillos o más al día y tener un diagnóstico de depresión o síntomas de la enfermedad, aunque no haya una valoración oficial. Si cumplen estos criterios, se les incluye en la terapia. Si no, son tratados igualmente, pero no dentro del proyecto de investigación. Antes, se les realiza una valoración extensa, de entre hora y media y dos de duración. En dicha entrevista se les pregunta por el consumo de tabaco, el historial como fumador; se les entrega un cuestionario sobre su depresión y dependencia a la nicotina y se miden otras variables psicológicas. Asimismo, se determina el monóxido de carbono que hay por aire espirado y la nicotina en orina.

Ocho sesiones

Tras este primer paso -que se lleva a cabo en el centro de salud de Puerta de la Villa-, los pacientes se integran en un grupo formado, habitualmente, por cuatro personas, aunque el máximo suele ser de seis. En el caso de Gijón, ya está funcionando el primero con cinco personas y la próxima semana se pondrá en marcha el segundo, con cuatro. La terapia psicológica, gratuita, consta de ocho sesiones distribuidas a lo largo de ocho semanas; en su transcurso no se utilizan fármacos. Se basa en la reducción gradual del consumo de nicotina, pues «está demostrado que la disminución semanal ayuda a dejar de fumar sin síntomas de abstinencia o con una abstinencia muy leve», explica Alonso. Dicha reducción pasa por «el cambio de marca, con menor concentración de nicotina». Este proceder es también propio de programas estándar. «La diferencia es que, en nuestro caso, el programa es más intensivo al ser ocho sesiones en ocho semanas», añade el decano de Enfermería, quien apunta, además, que cada dos sesiones hay una de refuerzo. «En la terapia se entrenan distintas habilidades vinculadas con la relajación, la programación de actividades alternativas, el ejercicio físico, soluciones a los problemas...».

Los resultados revelan que este tipo de terapia «tiene mucha más efectividad que el principal fármaco para dejar de fumar: Vareniclina». En el caso de Oviedo, dejaron este hábito el 71% de los noventa pacientes tratados. También se demostró que mejora el estado de ánimo de los participantes. Pero los investigadores no ocultan que las «recaídas son habituales». Para evitarlas, se les hace un seguimiento al mes, a los dos meses, a los tres, a los seis y al año. «Gijón siempre respondió muy bien a este tipo de iniciativas y espero que siga siendo así. Es una terapia muy efectiva», concluye.