El Comercio

«Hay quien cree que las termas romanas pudieron tener encima un burdel»

La profesora Carmen Guiral, antes de iniciar la charla.
La profesora Carmen Guiral, antes de iniciar la charla. / J. PAÑEDA
  • Carmen Guiral, profesora de la UNED de Madrid, imparte una conferencia sobre la erótica y el sexo en las saunas públicas en la Antigua Roma

Las termas, además de contribuir al bienestar físico de los romanos, fueron un espacio de seducción. La erótica y el lujo de sus vapores llevó a los nobles a usar estos escenarios para sus relaciones sexuales. «Había, sobre todo, prostitución. La voluntaria, que ejercían las cortesanas y, la forzada, con las esclavas. Las tenían incluso en las casas para servir al dominus y a sus invitados», explicó ayer la profesora de la Universidad a Distancia (UNED) de Madrid, Carmen Guiral, en una charla impartida en las Termas de Campo Valdés dentro de la iniciativa 'Museos e historias controvertidas. Decir lo indecible en los museos'.

Para apoyar su discurso, la experta, titular de Arqueología, mostró al público las ocho escenas eróticas e inéditas aparecidas en las termas suburbanas de Pompeya. «Son tríos, cuartetos, felaciones, cunnilingus. Para muchos, el kamasutra de Roma», advirtió la docente, que apuntó que «cada imagen está numerada y se piensa que podía obedecer a una interpretación lúdica, un mero juego para los clientes de la sauna». Guiral manifestó que «incluso hay quien cree que las termas romanas pudieron tener encima, en el piso superior, un burdel, y que esas escenas representaban las especialidades de la casa». Sea como sea, para la ponente lo único que está claro es que «son los únicos cuadros eróticos que se guardan de las saunas. Todas las imágenes y esculturas encontradas están guardadas en el gabinete secreto de Nápoles».

La profesora también desmitificó que los romanos fueran homosexuales. Defendió que «en Roma vivían una sexualidad libre; no existía el concepto de bisexual ni homosexual. En sus relaciones se regían por jerarquías sociales. Debían ser siempre activos; los pasivos eran los esclavos. No era un enfoque de placer, sino de poder». Carmen Guiral añadió que tampoco debían llegar vírgenes al matrimonio. Las mujeres estaban reprimidas, dijo, y «no iban a las termas porque podían tener un bastardo».

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