El Comercio
Mariño, en su despacho parroquial de San José.
Mariño, en su despacho parroquial de San José. / DAMIÁN ARIENZA

«Covadonga es la gran parroquia por la que pasan creyentes y no creyentes»

  • «La gente pasa solo unas horas. Hay que arriesgar y darle un mensaje grandioso que sea un toque de fe y vida interior para el resto del año»

  • Adolfo Mariño Nuevo abad de Covadonga

Le gusta ser pastor y relaciona especialmente esa función con la de párroco, por encima de otros puestos, como los de arcipreste o vicario, que también ha ejercido o ejerce. Adolfo Mariño, todavía párroco de San José, dedicó ayer una carta de despedida a sus fieles en la que les pide que le dejen marchar «en silencio», sin homenajes, a su nuevo destino como abad de Covadonga.

¿Será un ministerio muy distinto?

Tengo muy claro lo que es ser pastor de una comunidad parroquial, porque durante 38 años ejercí como párroco. Covadonga es algo grandioso que a veces nos sobrepasa. Pero me doy cuenta de que es la gran parroquia de Asturias, porque por allí pasamos todos los asturianos, creyentes o no creyentes, al menos una vez al año. Pienso que, igual que un pastor de parroquia, he de acogerlos y trabajar con ellos.

Supongo que también hay diferencias sustanciales...

Sí, una fundamental, y es que la gente pasa y no queda. Por eso hay que arriesgar y darle un buen mensaje a esa gente que va a pasar unas horas a Covadonga y que debe marchar con un mensaje grandioso que es un toque de fe y vida interior para el resto del año. Una comunidad parroquial es más estable.

¿Conserva la parroquia de San José la impronta de lucha obrera de otros tiempos?

En aquellos tiempos la sensibilidad social era muy grande. Hoy las iglesias ya no son lugar de encuentro y manifestaciones laborales, porque la gente se manifiesta con toda libertad en otros sitios. Antes no se podía y por eso acudían a las parroquias. Esta era nuclear en ese sentido, quizá por la sensibilidad que demostraron los párrocos anteriores. Pero, tanto antes como ahora, hay algo que a mi juicio identifica mejor a la parroquia de San José y a veces nos pasa inadvertido, y es que la gente se siente como una familia, como un grupo humano y religioso muy entrañable, muy cercanos entre sí. Lo observé nada más llegar.

¿Seguirá siendo así con su sucesor, Fernando Llenin?

Puedo hablar muchas cosas de él porque fuimos compañeros de estudios. Mantenemos nuestra amistad y pienso que va a responder muy bien a lo que es esta parroquia. Es un hombre exquisito, un gran sabio y hombre con una preparación cultural y humana tremenda.

Dele un consejo público.

El consejo es que quiera a la gente y se deje querer. Que escuche.

¿Perciben los curas hostilidad hacia la Iglesia?

Este mundo está tremendamente secularizado. Sin embargo, estoy notando que hay mucha gente que después de un alejamiento, de desencanto con la Iglesia, de dar la espalda, hoy está regresando. Pero hemos de ser realistas, las comunidades cristianas van a ser de menos gente, pero de gente más comprometida, estable y con ideas mucho más vivas. En cuanto a hostilidad, en la sociedad siempre hubo fundamentalismos y hoy también existen. Hay gente para la que los curas vivimos bajo sospecha, pero quien es secular y entiende bien la secularización entra en diálogo con las realidades eclesiales, sin denostarlas, sin despreciarlas, tratando de verlas en positivo para ver qué se puede hacer por los demás, en su conjunto, independientemente de ideologías.

¿Disminuye la petición de ayudas que disparó la crisis?

Estamos sobrepasados. Te pongo un ejemplo muy sencillo y es lo que está pasando en esta parroquia, que es del centro y estamos atendiendo alrededor de treinta, treinta y cinco o cuarenta familias. Imagínate qué no será en Pumarín, La Calzada... Cientos de familias que están siendo atendidas. Aunque no hay medios para todo, es muy importante la solidaridad interparroquial y compartimos economía, trabajo, voluntariado, para entre todos ir sacando esto adelante.

¿Tiene más razón quien señala las carencias o quien destaca que los sábados los bares están llenos?

Yo daría la razón a las personas sensatas. El pobre también tiene derecho un día a tomar un vaso de vino, a fumar un cigarrillo y a disfrutar como cualquiera. Yo daría la razón a las personas sensatas que, constatando toda esta pobreza que tenemos y que se está generando cada día más, son capaces de arrimar el hombro en vez de buscar disculpas para no ser solidarios.

«Dejo una comunidad potente»

En Covadonga esto no será tan acuciante...

Es que no solo hay pobreza de pan, también hay pobreza de Dios. Hay gente que necesita reencontrarse con Dios y que sufre situaciones interiores de grandes conflictos. Es la pobreza de la que nunca se habla y que es también importante abordar, porque la gente va allí a saciar su vida de oración. La enfermedad es otra gran pobreza, y llega gente a rezar por algún enfermo o por ellos mismos si están enfermos. Esa pobreza la Iglesia la entiende muy bien y la acompaña desde siempre.

¿Qué deja atrás en San José?

Una comunidad que no es solo obra mía, sino también de otros sacerdotes como don Carlos, don José Luis, don Segundo. Un sacerdote no es un eslabón aislado. Somos continuadores de otros hermanos que han venido antes y cada uno pone su granito de arena. Dejo una comunidad potente, fuerte, un gran voluntariado. Gente buena, gente al servicio de la Iglesia. Pero en el corazón me llevo rostros, nombres y apellidos concretos, y muchas vivencias.

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