El Comercio

«La generación de Felipe González está encantada de haberse conocido»

Antonio Orejudo, junto a la desembocadura del río Piles.
Antonio Orejudo, junto a la desembocadura del río Piles. / PALOMA UCHA
  • «La mía ha sido un tanto insignificante ya que no vivió una corriente entusiasta como la de mayores y jóvenes. Me siento en tierra de nadie»

  • Antonio Orejudo Escritor y profesor universitario

Dicen de él que, con su última novela, no ha hecho más que ajustar cuentas con toda una generación. En concreto, con la suya propia. Escuchándole hablar, lo cierto es que Antonio Orejudo (Madrid, 1973) ha echado la mirada atrás pero con una cosa clara: no hay cabida para la nostalgia. Así, 'Los cinco y yo' (Tusquets), presentada ayer en la Feria del Libro de Xixón, aborda el crecimiento y madurez de la conocida banda juvenil como excusa para mirar a su propia trayectoria.

Si las últimas generaciones estuvieron marcadas por Harry Potter, le suya lo estuvo por 'Los cinco'.

Desde luego, es lo más equivalente. Con la diferencia de que, pese a estar por encima de todo, Harry Potter convive con una gran variedad de literatura juvenil. Hay un montón para elegir. Los padres de mi edad, ahora, tienen mala conciencia por haber leído poco y quieren que sus hijos lean. Cuando yo era niño mis padres no leían y no tenían ninguna mala conciencia por ello.

¿Qué recuerdo tiene de esas primeras lecturas?

No las recuerdo como lecturas propiamente dichas, sino como una aventura, una experiencia preliteraria. No sabía qué era Enid Blyton ni me importaba, solo contemplaba a cuatro chavales y un perro que iban en bote a una isla desierta y vivían aventuras increíbles. Se podría decir que participaba con ellos.

¿Ya no le ocurre?

Ahora yo veo esto en mi hijo. Es 'youtuber', juega a videojuegos y tiene experiencias muy similares a las mías. Cuando sale de su cuarto después de haber jugado al 'Call of Duty' está como cuando yo leía esos libros, con cierto enrojecimiento y la expresión de haber vivido una experiencia casi real. Yo, personalmente, no he vuelto a tener una relación tan animal con los libros desde Los cinco, eso seguro.

¿Le atraen estas nuevas ficciones?

Si ahora tuviera la edad de mi hijo no habría leído ni una sola línea en mi vida, habría jugado a videojuegos y me habría hecho 'youtuber'. Estoy totalmente seguro. Es una nueva manera de consumir ficción que ha desplazado a los libros. Solo espero que cuando la testosterona baje y busque algo más reposado vaya a la literatura.

Volviendo a su novela, Los cinco sirve de pretexto para hablar de sí mismo y de su generación.

Sí, es el recurso. Durante algún tiempo pensé en escribir sobre la vida adulta de estos chavales, de la misma manera que dentro de 30 años los lectores de Harry Potter se preguntarán qué fue de él. La cosa es que quedaba abstracto, algo que se fue perfilando cuando me di cuenta de que, en realidad, estaba escribiendo sobre mí, mi generación y el papel que hemos jugado.

De la Transición a las plazas

¿Cuál es ese papel?

Uno muy poco halagüeño. Mi generación ha sido un tanto insignificante en el devenir histórico, porque estamos en el medio de dos generaciones potentes: los que hicieron la Transición y los que sacaron la tienda de campaña con el 15-M. La mía no ha hecho mucho, ha sido un poco acomodaticia ya que no ha tenido la suerte de vivir una corriente entusiasta que si vivieron mis mayores y los más jóvenes, los que se unieron en torno a una idea. Me veo un tanto insignificante, como en tierra de nadie.

¿No cree entonces que toda generación es autocrítica con su papel en la configuración del país?

A lo que tenía miedo es que las generaciones se consideren el centro de algo. Les ocurre a nuestros mayores, que a veces se consideran demasiado importantes. Quería huir de eso y, sobre todo, de la nostalgia. No creo que todas las generaciones tengan una concepción crítica de sí mismas. La generación de Felipe González, por ejemplo, está encantada de haberse conocido y agrandan su valor real en el devenir histórico. Faltan lecturas críticas siempre.

¿Es difícil configurar una ficción sobre uno mismo?

No más que en un libro de ficción al uso. No porque el personaje se llame como yo es más real que si lo llamo Pedro. Simplemente se crea un efecto óptico cuando se utiliza la primera persona del singular pero, al fin y al cabo, todos acaban escribiendo de uno mismo aunque la protagonista sea una mujer negra paralítica. Todo sale de lo que sientes, temes o deseas.

Tras su quinta novela, ¿ya se considera una voz propia en panorama literario español?

Ya me da vergüenza decir que soy escritor, como para encima pensar que me hago un hueco (ríe). Al ser profesor de Literatura sí que puedo abstraerme y ver que he hecho cosas en momentos en los que no se hacía, así que en ese aspecto sí he puesto mi granito de arena. No me doy mucha importancia, tampoco me la quito.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate