El Comercio
Pilar Varela, consejera de Servicios y Derechos Sociales .
Pilar Varela, consejera de Servicios y Derechos Sociales .

«La lucha contra el cáncer necesita más donaciones»

  • A la carrera, a pie y en silla de ruedas, las participantes en la decimotercera cita solidaria reivindican más financiación

  • Las asistentes consideran «clave» consolidar los fondos y aplauden la visibilidad de esta edición al 016, el teléfono para las víctimas de maltrato

A los 19 minutos y 51 segundos de que el Himno de Asturias hubiera servido de pistoletazo de salida, Paula González entraba en la meta. Una hora, treinta y cinco minutos y veintidós segundos después de que 8.000 mujeres salieran a la carrera desde Albert Einstein, el marcador de la meta, en Las Mestas, dejó de contar. Lo hizo al paso de Covadonga Romero, la corredora 7.021. El resto del pelotón, ya fuera de marca, siguió entrando en el complejo deportivo. Sin prisa, pero sin pausa. Porque todas tenían claro que la de ayer no era una carrera contra el reloj, sino contra el cáncer de mama.

Por eso en 57.44 minutos entró en la meta la consejera de Servicios y Derechos Sociales. «Otros años sí corría, pero este año he venido más andando», apuntaba entre risas, mientras destacaba «la importancia de esta cita», convertida más en una fiesta reivindicativa que en una prueba deportiva. «Hay polémica debido a que es solo para mujeres, pero, si fuera más competitiva, quizá no estaríamos aquí las 8.000 que estamos», señalaban Marta Vega y Verónica Juan.

Ambas del grupo Born to Run que tiene entre sus filas a la presidenta de la Federación Asturiana de Mujeres Progresistas. Blanca Esther Aranda defendió el respeto «a los motivos particulares que cada una tenga para correr». En su opinión, se está «infantilizando un poco un tema tan serio como es el cáncer de mama», pero, aseguró, «si esta carrera vale para que una sola mujer se haga una revisión, ya vale».

Una como la que se hizo por su cuenta Mila González. Aconsejada por una amiga médica, decidió no esperar a tener la edad para el cribado obligatorio. Y se encontró un bulto. «Se necesita más inversión para investigación y prevención», dijo ayer después de confesar que «entré de las últimas en la meta, pero lo importante es entrar. Y seguir haciéndolo en los próximos años». Integrante de la Casa de la Vida Bruno Salvadori Lions, asegura que «nunca dejaré de participar» en una cita en la que ayer se reclamó «más donaciones».

«Lo importante es ayudar»

Así lo hizo Marichu Madiedo, que como mujer operada hace siete años de un carcinoma en el pecho sabe «que se necesitan muchos fondos». Vengan de donde vengan. «Si los dona Amancio Ortega me parece bien, pero debe haber más», dijo. Ella aplaudió, también, que la cita de este año lleve al 016 como número visible en los dorsales.

«Ver a 8.000 carteles de 016 corriendo por Gijón es vital para la lucha contra la violencia sexista», defendió Blanca Aranda, con el asentimiento un grupo que lleva en su nombre toda una declaración de principios. Desafío Guerreras suma hasta 150 participantes y Marta Díaz ejerció de portavoz. «Somos un club de mujeres que corremos juntas. Empezamos en octubre y la meta era llegar a esta carrera. Y lo hemos conseguido». Un objetivo marcado en rosa porque «es una carrera especial por todo lo que significa. Por la lucha contra el cáncer y por la solidaridad con otras causas».

Causas como la erradicación de la ablación del clítoris. Mundo Cooperante es la ONG más volcada en esa lucha y cuenta con puesto fijo en la Carrera de la Mujer. Plácida Fernández lucía orgullosa una de las pulseras solidarias. «Es la del año pasado. Este año, seguiremos aportando, porque todo el apoyo es necesario».

Apoyar es también la motivación de Chari Busto. Con su perro Repy, «que tira de mí», cruzaron la meta en 55 minutos. «Somos de Piedras Blancas y venimos a apoyar. Aunque en mi entorno no hay nadie con esta enfermedad, creo que es clave colaborar». También lo piensa Cristina Rodríguez. Hace dos años corrió por primera vez. Sola. Este año ha llegado a la meta de la mano de su hija, Cristina Rodríguez. De nueve años, la joven corredora aseguró que «volveré siempre, porque quiero correr con mamá», algo que la aludida corrobora: «Es una cita importante, volveremos».

De tres meses a 92 años

Pese a sus nueve años, Cristina no fue la corredora más joven. Martina Álvarez, de tres meses, le ganó de largo, igual que su hermana, Martina, de dos. Aunque ambas participaron sobre ruedas, ya que fueron su abuela, Teresa Ruiz, y su madre, Jessica Falcón, quienes corrieron empujándolas. «Cuesta, pero hay que hacerlo», dijo la feliz abuela.

Tan feliz como el equipo multiprofesional de la Residencia Geriátrica Plaza Real. Ellos se llevaron uno de los grandes aplausos de la cita, al atravesar la meta empujando siete sillas de ruedas. En las que iban Isabel Muñiz, Carmen Fanjul, Isabel Domínguez, Julia Mier, Mercedes Sobrino, Claudia Sienra y Oliva Castro. Ella creyó llevarse el premio a la corredora de más edad, porque tiene 92 años. «Llamad a mi hija y preguntárselo, que yo ya dudo», bromeaba.

Sin embargo, el galardón se lo llevó, como en la edición de 2016, Consolación Fernández, que a sus 88 años repitió podio. La organización explicó que hubo un fallo en la acreditación de Oliva quien, no obstante, dejó claro su voluntad de «volver el año que viene. He sido muy deportista. Subí al Naranjo, fui ciclista. Ahora me llevan». En 2018, prometen traerla. Con su dorsal.

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