El Comercio

«Ha tenido una vida muy generosa y ha muerto donde él quería»

  • Carmina Blanc, viuda de Aza, destaca su carácter «tranquilo, sereno y reservado». A veces, ironiza, «había que interpretarle»

«¿Cómo es posible que los pacientes le quisieran tanto si no hablaba?». Carmina Blanc, viuda de Vital Aza, recurría ayer al humor para ilustrar el carácter «tranquilo, sereno y reservado» de su marido, a quien a veces «había que interpretar, pues decía muy pocas palabras». Blanc describía, serena, a Aza como «un excelente profesional de la medicina, un excelente padre y un excelente marido». Pese a vivir «un momento muy duro», no dejó de destacar que quien fuera su marido había tenido «una vida muy generosa» y «ha muerto donde él quería».

Un comentario que compartía su hijo Gonzalo, quien trajo a sus padres desde Madrid el pasado martes y quien coincidía en la descripción de la madre con palabras como «reservado, modesto, generoso y muy buena persona».

En el año 2016, reseñó, Vital Aza fue operado de próstata, pero solo por una inflamación y en 2017 había estado ya en Gijón en Semana Santa, «pero debió regresar a Madrid a los tres días por la muerte de un cuñado». Se le resistía este año la playa de Estaño, donde no llegaría a bañarse, pero sí quizá a coger sus últimas 'orejitas' (opérculos de conchas), de las que tenía «una bolsa hasta arriba» en el desván de La Martina.

Aunque nació en Madrid, Vital Aza tenía los cuatro abuelos asturianos. Uno de ellos, el médico, dramaturgo y poeta lenense Vital Aza. Su padre, ingeniero industrial, se fue a Madrid a participar en la construcción de los tendidos ferroviarios y tomó parte en la fundación de Renfe. Otro tío, llamado también Vital Aza, fundó el hospital Sana Alicia y fue una autoridad en ginecología y tocología. El cardiólogo Vital Aza Fernández-Nespral no quedaría rezagado en esta lista.

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