Más de 2.300 beneficiarios en tres décadas de historia

Construcción de un puente en el Botánico, en la última edición. / E. C.
Construcción de un puente en el Botánico, en la última edición. / E. C.

La informática y la asistencia social se sumaron en los últimos años a tareas como la jardinería y la albañilería | Los alumnos adecuaron espacios en el Botánico, restauraron fuentes y lavaderos y ayudaron a recuperar el albergue juvenil y la Campa Torres

I. VILLAR GIJÓN.

Desde su primera edición en 1987, hace ya tres décadas, 2.323 beneficiarios han pasado por los programas de escuelas taller de Gijón en sus diferentes modalidades: escuelas taller propiamente dichas, para menores de 25 ó 30 años -el límite ha variado con el tiempo-; talleres de empleo, para mayores de 30; y casas de oficio, para mayores de 45. Desde 2008, el Ayuntamiento se limita a la primera de estas fórmulas, la orientada a la población más joven, por el alto desempleo juvenil y porque la población mayor ya tiene atención preferente en los planes de empleo.

En su primer año los módulos se centraron en áreas como la jardinería, la albañilería y la carpintería, aunque con el paso de las ediciones se han ido incorporando cada vez más oficios, sumando a los más tradicionales aquellos que fueron surgiendo con las nuevas tecnologías y las nuevas demandas del mercado laboral. A finales de los ochenta y durante la década de los noventa, los alumnos se formaron en hortofruticultura, talla de madera, joyería, cría de pequeños animales, apicultura, recuperación forestal, vidrio y cerámica, estructuras metálicas, chapa y pintura, fontanería y forja, pero también hubo módulos sobre turismo rural, apoyo a la vejez, archivística y documentación y auxiliar de arqueología. Con el cambio de siglo se añadieron otras propuestas como el reciclaje de ropa usada, la mediación intercultural y la atención a jóvenes con dificultad. Y en los últimos años, la programación de videojuegos, la confección de páginas web y la atención sociosanitaria. Siempre, sin dejar de ofrecer los módulos más clásicos.

El componente práctico que incluyen las escuelas taller ha dejado un extenso listado de obras realizadas por sus alumnos por toda la ciudad. Han participado en la adecuación de varios espacios del Jardín Botánico, en la rehabilitación del palacio de San Andrés de Cornellana como albergue juvenil, en la urbanización de la finca de la casa de Rosario Acuña y en la recuperación integral del yacimiento arqueológico de la Campa Torres. Han construido sendas y caminos y restaurado fuentes y lavaderos. Entre sus últimas acciones estuvieron el arreglo de la cubierta de la bolera del Pueblo de Asturias y el ajardinamiento de una gran explanada de asfalto que existía en el parque fluvial de Viesques.

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