Aarón celebra el primer aniversario de su trasplante

Aarón, con sus padres, Johnson Ihekwendu y Natalia Vázquez, en su casa de Nuevo Roces.
Aarón, con sus padres, Johnson Ihekwendu y Natalia Vázquez, en su casa de Nuevo Roces. / DAMIÁN ARIENZA

El niño gijonés se recupera de la leucemia que le fue detectada hace casi dos años. Su hermano fue el donante de médula

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Aarón ha celebrado dos cumpleaños en 2018. El 11 de enero sopló las velas por el sexto aniversario de su nacimiento y el miércoles conmemoró su primer 'cumplevida'. El 7 de febrero del año pasado, este niño gijonés recibió un trasplante de médula ósea para combatir la leucemia linfoblástica de células T que le fue diagnostica en junio de 2016. Llegó la noticia esperanzadora de la existencia de un cordón compatible con el pequeño, pero los médicos que le trataban decidieron que las células madre de su hermano, Samuel, eran más propicias.

«Todo va bien, aunque el miedo lo tienes. En cuanto le sube la fiebre, le llevamos al HUCA para que le hagan análisis», señala su madre, Natalia Vázquez. Aarón se encuentra bien y todas las pruebas a las que se ha sometido en el último año han dado resultados positivos para su restablecimiento. Ha recuperado el apetito y las ganas de jugar, aunque todavía está en fase de recobrar la energía de antaño. «Caminando ya no aguanta lo mismo, le llevo en silla; le cuesta más correr y moverse», apunta su madre. Es algo normal tras el trance que atravesó -«durante la enfermedad iba del sillón a la cama»- y que todavía sufre en forma de «sustos». Sin ir más lejos, hace dos meses el niño tuvo que tomar tres ciclos de antibióticos seguidos. Se los prescriben para prevenir complicaciones en cuanto su temperatura corporal aumenta.

Porque Aarón continúa tomando inmunodepresores. Su organismo no reaccionó bien cuando los oncólogos le bajaron la dosis. En verano, cuando la proliferación de virus sea menor que en los meses de frío, volverán a intentar quitárselos. Por el momento, el niño ingiere once tomas de siete jarabes distintos. «Salvamos porque los toma como agua», apunta Natalia, quien destaca la enorme fuerza de voluntad de su hijo. «No se quejaba nada. Eso sí, no quería ni ver a los médicos y las enfermeras» porque su presencia significa, a menudo, pinchazos. «¿Volvemos al hospital?». Aarón niega rotundamente con la cabeza cuando su madre le formula esta pregunta. El pequeño habla poco a causa de un retraso en el lenguaje que ya padecía antes del diagnóstico de la leucemia. Cuando asistía al colegio público El Llano, contaba con el apoyo de un logopeda, pero la enfermedad echó por tierra los esfuerzos realizados. «Volvió atrás cuando estaba en el hospital y hasta se negó a hablar», relata su madre. Como consecuencia de pasar tantos meses ingresado -incluidos 45 días en aislamiento tras el trasplante-, se encerró en sí mismo. Pero al regresar a su hogar, en Nuevo Roces, Aarón volvió a abrirse a su entorno y a buscar la compañía de otros niños. Porque ahora, como tanto anheló, ya puede jugar en el parque y acudir a lugares espaciosos en los que no haya demasiada concurrencia.

Agradecidos por el apoyo

Pero aún no puede regresar a las aulas. Su familia espera que puede volver al colegio tras las vacaciones de Semana Santa. Para intentar paliar esta ausencia, un profesor acude cada martes a casa de Aarón «porque tiene que saber leer cuando empiece Primaria». Además, los miércoles se traslada a Oviedo, a la sede de la Asociación Galbán, que ofrece apoyo a las familias de niños con cáncer, para recibir clases junto a otros pequeños. Una de sus actividades favoritas actualmente, aunque no superada por su mayor interés: «Jugar a la PlayStation», como él mismo reconoce.

Natalia y su marido, Johnson Ihekwendu, agradecen todo el apoyo recibido desde que se conoció la enfermedad de Aarón. Su madre explica que incluso personas desconocidas la paran por la calle para preguntarle por el niño. Natalia hace hincapié en la importancia de promover la donación de médula ósea. «Un pinchazo salva una vida. Y donar el cordón umbilical también», recalca. Insta a la sanidad pública a que informe a las mujeres que van a dar a luz de esta posibilidad. En el caso de Aarón, la salvación llegó gracias a Samuel, que aguantó como un campeón «aunque llevó muchos pinchazos por las vacunas que le pusieron antes del trasplante».

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