«Cuando abrí el foso del ascensor y vi el perro quedé atónito; él ni se inmutó»

Fernando G., ayer, durante el juicio. / DAMIÁN ARIENZA
Fernando G., ayer, durante el juicio. / DAMIÁN ARIENZA

La versión del técnico que rescató al teckel muerto en El Lauredal incrimina al dueño, quien dice que si lo hubiera querido matar «habría ido a la Campa»

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

«Se mostró impasible, no se quería hacer cargo del cadáver y llegó a decir que no entendía por qué tanto lío por un perro». El testimonio del policía local que intervino en el edificio de El Lauredal donde fue hallado un perro muerto en el hueco del ascensor fue claro: «El hombre tenía un desinterés total por el animal, una actitud inusual y más teniendo en cuenta que era su perro». El juicio por la muerte del teckel de siete meses se celebró ayer en el Penal número 2. El fiscal José Antonio Hernández mantuvo la petición de quince meses de prisión para Fernando G. por un un delito relativo a la protección de animales domésticos.

El acusado negó tajantemente que la muerte del animal hubiese sido un acto voluntario. «Llegábamos de paseo, yo entré al ascensor y el perro quedó fuera, se enganchó la correa y el ascensor se cerró. Luego escuché tres chillidos y cuando salí ya no estaba...» , relató. La Policía Local negó la versión y señaló que el cadáver del perro estaba con el collar y la correa intacta y que cuando llegaron al lugar alertados por el técnico del ascensor, el propietario se desentendió del tema y se mostró «impasible». «Es mentira. Si hubiese querido matar al perro habría subido a la Campa Torres y lo hubiera tirado. No lo habría hecho en mi casa. Además, tuve otro perro, un pekinés, que murió de un cáncer de próstata el pobre bicho y lo quería con locura», aseguró ante el juez. A las preguntas de por qué no quiso hacerse cargo del animal respondió que sufrió «un ataque de ansiedad y eché a andar y a llorar, me salí de mis casillas».

Hipótesis «imposible»

Un testimonio clave de la vista oral fue el prestado por el técnico del ascensor al que llamó el propio procesado. «Llamó diciendo que se le había perdido el perro y creía que estaba en el hueco del ascensor...», dijo el profesional, quien añadió que es «materialmente imposible que el perro se haya caído por la ranura del ascensor como dice el dueño. Al foso solo hay acceso si se abre la puerta con el ascensor en un piso superior, de alguien que tenga la llave».

Según la versión del técnico, el perro, de haberse quedado enganchado fuera del ascensor, tendría que haber caído a través de una rendija de unos dos centímetros, algo bastante improbable para un perro de ocho kilos. «Cuando llegué y abrí el foso y vi allí el cadáver, quedé atónito. El hombre ni se inmutó», manifestó el técnico, visiblemente emocionado. El juicio quedó visto para sentencia tras la declaración del forense que confirmó que la muerte se produjo por un traumatismo torácico al caer desde una altura.

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