La «abuela» del Albergue Covadonga

Estrella González recibe el aplauso de voluntarios, monjas y usuarios del centro. / CITOULA
Estrella González recibe el aplauso de voluntarios, monjas y usuarios del centro. / CITOULA

La voluntaria más veterana, Estrella González, se retira tras casi treinta años de «entrega y servicio»

LAURA CASTRO GIJÓN.

Dicen que los voluntarios son repartidores de sonrisas. La de Estrella González ha iluminado el Albergue Covadonga desde sus inicios, durante casi treinta años. Por eso compañeros de turno, religiosas y usuarios no dudaron en organizarle un homenaje cuando supieron que se retiraba. «¡Cómo me engañaron!», admitía ayer Estrella cuando descubrió la sorpresa que le tenían preparada. No le gusta ser el centro de atención, pero en esta ocasión el protagonismo era todo suyo.

«Su fidelidad a este centro es tremenda. Ella es el Albergue. Siempre ha sido la voluntaria perfecta y me ha enseñado mucho. La experiencia es un grado, pero además a ella le puede la entrega y el cariño». Así la definió Trinidad Larrea, monja del centro y encargada del turno de los sábados, en el que Estrella colaboraba hasta hace tan solo tres semanas. Su reputación le precede, pues incluso las hermanas que llevan menos tiempo en el centro saben su historia. «Todos hablan de ella y no es para menos. Ha dedicado su tiempo a colaborar aquí y siempre lo ha hecho con una sonrisa, en lugar de pensar que esto era una carga. Y lo más importante, jamás nos ha pedido nada a cambio», comentó la religiosa Mari Luz Ferrández.

La historia de Estrella también la escriben los propios usuarios, como Primitivo Romero. «Es nuestra abuela, la de todos. Entiendo que ya tiene una edad en la que debe dejar de preocuparse tanto por ayudarnos a los demás y empezar a pensar en ella, pero la echaremos de menos», aseguró. En esta línea se expresó también Luciano Rodríguez, quien primero fue usuario del Albergue y ahora lleva casi una década cooperando como voluntario. «Estrella fue mi guía aquí dentro desde el principio. Siendo usuario empecé un tratamiento de cáncer y ella me apoyó mucho. Por eso, decidí quedarme después para devolver todo lo que recibí en su momento», confiesa.

«Me pueden los recuerdos»

Estrella no solo ha dejado una huella imborrable en el Albergue Covadonga y en quienes han trabajado con ella, sino que se ha convertido en un ejemplo para todos. «Este centro está lleno de recuerdos», afirmó visiblemente emocionada. Asegura echar de menos a las hermanas que ya no están, especialmente a las fundadoras. «Carmina era mi segunda madre y cada vez que pienso en ella me embargan los sentimientos. Por eso, prefiero no venir por aquí, me pueden los recuerdos», explicó.

Pero algo tiene el Albergue, que no la dejará nunca irse del todo. Quizás sea, como señalaba ayer, que «te vas con más de lo que llegaste». Ella se llevaba cada sábado «cariño y felicidad a raudales», pero también dejó mucho entre las paredes del centro y en la memoria de sus compañeros. «Es la persona más activa, servicial y cariñosa que he conocido. Es entrañable, atenta, entregada... Todo lo que podamos decir se queda corto», afirmó Marta Valledor, voluntaria desde hace seis años. «Es la abuela de cuento que cualquiera querría tener».

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