«Esto no va acabar con las palomas»

Ana González y María del Carmen Jorge toman un vino en Salustio Regueral. Cerca de ellas, una paloma.
Ana González y María del Carmen Jorge toman un vino en Salustio Regueral. Cerca de ellas, una paloma.

La mayoría ve más efectivo multar a quien las alimenta y retirar más nidos, aunque algunos apuntan que tapar los pinchos «sí las ahuyenta»

ELENA RODRÍGUEZ GIJÓN.

A la familia Sánchez le gusta tomar el aperitivo en una de las terrazas del barrio del Carmen. Sabe bien que «las palomas y las gaviotas ya no le tienen miedo a nada» y, a la menor, están al acecho en busca de restos de comida. Ayer, en los bares de Salustio Regueral ya había servilletas y carteles alusivos a la campaña que, conjuntamente, han puesto en marcha el Ayuntamiento y la Asociación de Hostelería y Turismo de Asturias (Otea): 'Tengamos la tapa en paz'. En ella piden la colaboración ciudadana para «no alimentar ni voluntaria ni involuntariamente a las aves» y «extremar la precaución en el consumo de alimentos para que no queden descuidados», tratando -como apuntaba el presidente de Otea, José Luis Álvarez Almeida- «de tapar el pincho con un plato o de alguna otra manera».

«A mí me parece una estupidez gastar el dinero en esto», señaló Amelia Sánchez al ser preguntada por la campaña. Tanto Amelia como Silvia Rueda -sentada a su lado- ven más efectivo que «el Ayuntamiento incremente el control y retirada de nidos y multe a quien realmente alimenta continuamente a las aves». Porque, como muchos de los consultados, aseguran que «hay vecinos a los que incluso las aves les pican en el cristal para que les pongan comida en el alféizar de la ventana». «Hay restos -añade Ramón Sánchez- que caen a bancos donde se sienta la gente y no es nada higiénico». Precisamente la insalubridad es uno de los motivos por los que se pone en marcha esta iniciativa. Según Emulsa, las campañas de control de las palomas de 2006 a 2012, redujo la población en un 60%, pero «su elevada tasa de reproducción, favorecida por el cebado por algunos ciudadanos, les permite recuperarse rápidamente». En cuanto a las gaviotas, el número de ejemplares se ha estabilizado tras veintidós campañas de control (en mayo y junio), consistente en retirar nidos, huevos y polluelos de los tejados.

Esta familia también ha detectado un mayor incremento de palomas que de gaviotas y, ahora, con mayor despliegue de terrazas por la ciudad creen que en El Carmen su presencia ha disminuido. «Que nos concienciemos es un acto de civismo», reconoce Ramón, quien señala que «esto no va a acabar con las palomas» y entiende que la responsabilidad ha de recaer, sobre todo, en el Ayuntamiento. Y, remata Javier Sánchez, también en los hosteleros. «¿Pero qué hacemos? ¿Recogemos la terraza? ¿Avisamos? Es obligación de los hosteleros mantenerla atendida. No creo que para eso sea necesaria una campaña», dice, consciente, no obstante, de los daños materiales que generan las aves: «Rompen vajilla que no veas».

Unos metros más bajo están Elena González y Marcos García. Viven en París y están pasando unos días en Gijón. Se muestran «muy sorprendidos» con la campaña. «Pero esto lo tendrán que gestionar los técnicos...», señala Marcos. En la capital francesa también se han establecido medidas -en buena parte por los excrementos que aparecen en los coches- y allí han recurrido a «podas de los árboles, para que busquen otro hábitat y han extremado el cuidado de jardines y papeleras. Nunca hemos oído hablar de algo así».

Ana González, de León, y María del Carmen Jorge, residente en Viena, explican que las aves «se lanzan a todo lo que pillan en las terrazas e incluso a las bolsas de comida en la playa. Hay demasiadas palomas y gaviotas». A falta de mayor concreción, ven bien la campaña, aunque creen necesarias más medidas. «Tal vez habría que plantearse el exterminio, pero dígaselo a los animalistas...», apuntaba Ana.

«Alimento fácil»

En la terraza de la cafetería Mayerling, en Corrida, el matrimonio formado por Javier Melero y Pepita Sebastiá y su hija Marta cuentan que esta «fue una de las primeras en instalar las tapas de rejilla para proteger los pinchos y la verdad es que da resultado». El peor episodio lo vivieron en los Jardines de la Reina, cuando nada más servirles unas cervezas y unos cacahuetes, las aves se les echaron encima. Para ellos, uno de los principales problemas está en la gente que les da de comer. «¿Cómo no van a proliferar si las gaviotas acceden a comida fácil en vez de tener que buscar peces en el mar?», indica Javier. Defienden mayor control y de medidas «como que los perros no ocupen un asiento en las terrazas».

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