«Adaro no existiría hoy si en 1990 no hubiésemos iniciado las exportaciones»

Luis Adaro de Jove, presidente de Adaro Tecnología.
Luis Adaro de Jove, presidente de Adaro Tecnología. / JORGE PETEIRO

«Tenemos que devolver a la sociedad lo que nos ha dado con muchas creces. Soy un privilegiado y tengo que aportar, al menos, un poco» Luis Adaro de Jove Presidente de Adaro Tecnología y premio 'Gijónes del Año'

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Pertenece a una de las sagas familiares más relevantes de la ciudad. Hecho que queda de relevancia al entrar en la sala de juntas de Adaro Tecnología, presidida por los retratos de tres 'Luises' con el mismo apellido: el bisabuelo, el abuelo y el padre de Luis Adaro de Jove (Gijón, 1943). El actual presidente de la empresa familiar, especializada en equipos de seguridad y protección para la minería, recogerá el jueves el primer galardón 'Gijonés del Año', concedido por la revista 'Vivir Gijón'.

-Le conceden el premio 'Gijón del Año' por mantener vivo el espíritu emprendedor e innovador de su familia. ¿Es difícil conservar esa esencia?

-En primer lugar, estoy muy honrado con que me hayan dado este premio, que no encuentro muy merecido. Por ello, hay que hablar de la generosidad del jurado y de las personas que se han fijado en mí. Por otro lado, sí es difícil mantener una pauta de funcionamiento. Pienso que de una generación a otra va saliendo por impulsos y sentimientos que se van cogiendo en este tipo de empresas.

«Mi objetivo es dejar la empresa en las mejores condiciones para la quinta generación»«Mi padre gastó muchas horas para que la Feria de Muestras fuese creciendo cada año»

-Los orígenes de Adaro Tecnología se remontan a 1902. ¿Cómo ha sido el proceso de evolución durante más de un siglo?

-La fundó mi bisabuelo, Luis Adaro Magro. Y, en esta empresa, ha pasado de todo. Absolutamente de todo. Ha habido cosas muy buenas y otras más complicadas. En la época de mi abuelo, entre las décadas de 1910 y 1940, la empresa sufrió un gran incendio, se destruyó y hubo que reconstruirla. Después, sufrió un problema financiero grave y entró en quiebra. Hubo que sacar la empresa a concurso público y el abuelo, no con el favor de todos los que le rodeaban, la compró en la subasta haciendo un gran esfuerzo financiero. Ahí se vio el tesón de él y de la familia de mantener la empresa a base de hacer un sacrificio y que todo el mundo participase y apoyase esa idea.

-¿Cuándo comenzó su andadura en la compañía?

-En 1940, fallecido mi abuelo, empezó a trabajar en la empresa mi padre y estuvo en ella hasta el fin de sus días, en 2006. Yo prácticamente trabajé toda la vida aquí. Creo que la historia de la empresa es mi historia. Empecé en 1968, así que el próximo año voy a cumplir cincuenta años en esta casa. He trabajado de todo: empecé como asistente de producción, después estuve en la división comercial y luego pasé a la general. Desde 2006, soy presidente.

-¿No ha pensado en jubilarse?

-No me quiero jubilar todavía. Hay problemas que resolver. Está uno tan metido en esta vorágine de funcionamiento que, en este momento, no me encontraría sin ello. Todavía estoy dispuesto a dar un poco más de guerra. Lo que sí es cierto es que, si vamos a tener trayectoria y transición, debemos pensar en que la próxima generación, que es la quinta y ya está trabajando en la empresa, tenga un protagonismo importante. Son quince personas que pronto tendrán que decidir y definir qué es lo que quieren hacer con Adaro Tecnología. Mi objetivo ahora es dejar la empresa en las mejores condiciones para esa quinta generación.

-Nació como empresa especializada en equipos de seguridad y protección para la minería, pero ha incorporado nuevos productos. ¿Cómo ha sido esa diversificación?

-En los años ochenta, estábamos fabricando lámparas de seguridad para mineros. Y nos dimos cuenta, en los noventa, de que la minería iba a ceder muchas posibilidades de encontrar buenas inversiones y nuestros productos tenían que variar. Entonces, tuvimos que empezar a hacer una diversificación y aprobamos el Proyecto 2000, pensando en cómo estaríamos en ese año. Invertimos aproximadamente cien millones de pesetas; nuestro objetivo era crear un departamento de I+D+i para poder diversificar y encontrar productos. '¿Qué hacer?', nos preguntamos. La respuesta era hacer cosas que ya sabíamos hacer. Revisar lo que teníamos hecho y mejorarlo. Y ese fue el camino que emprendimos. Pasamos de fabricar lámparas mineras, que todavía hacemos, para fabricar linternas de seguridad, que pueden trabajar en atmósferas potencialmente explosivas. Y esto nos permite encontrar unos nichos de mercados muy singulares.

-¿Ha sido muy complicado para Adaro Tecnología introducirse en el mercado internacional?

-Pues sí. Salir al exterior en los años noventa nos costó mucho trabajo. Iniciamos ese proceso y, como yo digo, andábamos de misioneros por el mundo intentando picar en muchas puertas y muy pocas se nos abrían. No encontrábamos la razón para hallar el camino adecuado hasta que nos dimos cuenta de que teníamos que encontrar una red de distribución de empresas que fuesen parecidas a nosotros donde soportar la comercialización. Conseguimos, a través de ferias monográficas, ofrecer nuestros productos a personas que estuviesen interesadas en ellos. Nos costó seis o siete años crear esa red de distribución.

-¿Cuál es su fórmula para superar la crisis?

-Nosotros lo tenemos muy claro: si en 1990 no hubiésemos iniciado nuestro proceso misionero de la exportación, hoy Adaro no existiría. Tuvimos la suerte de poder decidir, en aquel momento, la estrategia de comenzar poco a poco a exportar, de tal manera que la exportación consolidó la empresa. Es imposible que esta compañía, con estos productos, pueda sobrevivir solamente con el mercado español. En este momento, el 82% de nuestra producción va dirigida al mercado exterior.

-Volviendo al premio. El jurado también destacó su compromiso con los desfavorecidos. ¿Cómo es la labor social que realiza?

-Pienso que en la vida hay que actuar de esa manera porque tenemos que devolver a la sociedad lo que nos ha dado con muchas creces. Me considero, en este sentido, un privilegiado y lógicamente tengo que aportar, al menos, un poco -siempre será poco- de lo que la sociedad me ha regalado a mí. Concretamente, desde la Asociación Gijonesa de Caridad -soy miembro de la junta directiva- tratamos de enfocar las cosas para aportar un cierto bienestar a toda la gente necesitada.

-Queda poco más de un mes para que empiece la Feria de Muestras, una cita que era ineludible para su padre. ¿Asiste todos los años?

-Sin duda. La Feria de Muestras en mi familia es un episodio anual de una enorme importancia. Mi padre gastó muchas horas para que fuese creciendo cada año y la sensación que tenemos es que, en esos años y ahora, con sus actuales responsables, sigue creciendo como uno de los eventos más importantes de Gijón.

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