Adiós a «un luchador convencido»

Decenas de conocidos y familiares llenaron la capilla del tanatorio de Cabueñes para despedirse de Mario Menéndez. / JORGE PETEIRO

Emotiva despedida a Mario Menéndez, fundador de Apta y consumado atleta, en el tanatorio de Cabueñes | «Si tenía que vender helados para tirar del carro lo hacía. Fue todo un pilar», destaca un amigo sobre su labor con los padres del Marítimo

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Amigos, familiares, compañeros de carreras, trabajo e, incluso, de servicio militar. La capilla del tanatorio de Cabueñes abrió ayer tarde sus puertas para dar el último adiós a Mario Menéndez, fundador de la Asociación de Padres y Tutores de Antiguos Alumnos del Sanatorio Marítimo (Apta) y un reconocido deportista que, pese a sufrir un transplante de corazón en 1995, se empeñó en seguir compitiendo y cosechando triunfos a nivel nacional e internacional. «Venimos a despedirnos de nuestro hermanín Mario, que nos deja a los 73 años. Es ejemplo de que puede haber segundas oportunidades y, en su caso, la aprovechó para vivir amando, ver crecer a sus nietas y disfrutar de cada respiración y zancada», reflexionó el diácono Alberto González, encargado de oficiar la misa.

Momentos antes de la ceremonia, decenas de conocidos de Mario se arremolinaron junto a la capilla para mostrar sus condolencias hacia la familia, que se mostró emocionada por tantas muestras de cariño. «Apenas me salen las palabras de lo buena persona que era. Dio la vida por todos y se me salen las lágrimas al recordarle», lamentó uno de sus amigos más cercanos, visiblemente dolido, antes de abandonar el tanatorio. Como muestra del cariño cosechado en vida, los bancos del templo se vieron desbordados por la presencia de seres queridos, teniendo algunos que seguir la ceremonia de pie en la parte trasera.

Pese a que destacó en múltiples facetas, todos los presentes quisieron destacar en primer lugar su calidad humana. «Nos criamos juntos en Les Paseres, al lado de Mosquitera. Solo puedo decir de él que era un luchador convencido, trabajador y, en definitiva, un fenómeno», destaca Faustino García. Para él, los logros conseguidos por Apta en materia de inclusión social son, en buena medida, gracias a su trabajo. «Si tenía que vender helados para tirar del carro, lo hacía. Fue un auténtico pilar para la asociación, algo que se notó con su marcha», explica.

Un «abuelo» en la 'mili'

Para Rufino Parajón, Mario se convirtió en un «gran amigo» desde que se conocieron en el servicio militar. «Fuimos destinados a Astorga, y desde aquella los viajes a Asturias siempre los hacíamos juntos. Tuvimos después mucho roce en Gijón, nos veíamos a menudo», rememora. Los primeros adjetivos que le vienen a la cabeza para definirlo son «leal y convencido, algo que demostraba cuando se le metía algo en la cabeza, como el Apta o las carreras, y tiraba en linea recta, sin pijadas ni excusas». Con cariño recuerda que, debido a que Mario acudió dos años más tarde de lo normal a la 'mili' a causa de sus estudios, entre sus compañeros quedó bautizado con un mote. «Lo llamábamos 'el abuelo'», explica Parajón con una sonrisa.

Su faceta como deportista, antes y después de su transplante de corazón, fue reflejo de sus logros vitales en otros ámbitos, según recuerdan parte de los allegados. «Yo soy de Mosquitera y, aunque nos llevábamos diez años, siempre nos tratamos mucho. Jugó a fútbol en el Tuilla y, si te digo la verdad, era bueno en todo deporte que practicaba», explica Aurelio Vázquez, otra de sus amistades. En la misma línea se pronunció José Manuel Fernández, que entabló una amistad «a través de un hijo mío» que con los años se haría fuerte. «Era una persona fantástica dinámica y con muchas ganas de vivir. Le recordaremos», concluye.

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