Un «agente exterior» originó el incendio que obligó a desalojar un edificio de viviendas en Gijón

En el centro, parte del edificio, ahora en rehabilitación, que resultó afectado por el incendio. / E. C.

El informe apunta a la posibilidad de un cigarrillo y los bomberos destacan que se alcanzaron temperaturas de unos 700 grados

ANDRÉS PRESEDO GIJÓN.

Hace casi dos meses, el 25 de mayo, un edificio en rehabilitación ardía en la calle del Doctor Aquilino Hurlé, sobre todo en su parte inferior, poniendo en serio peligro la vida de los inquilinos. No hubo que lamentar desgracias personales, más allá del traslado de algún vecino al Hospital de Cabueñes afectado por la enorme densidad de humo originado en el suceso y gracias a la rápida intervención de los efectivos del Cuerpo de Bomberos de Gijón, pero quedan muchas incógnitas por resolver de aquel espectacular incendio.

Los pisos de las tres primeras plantas, los más cercanos al penacho donde se originó el fuego, quedaron muy afectados, tanto en su parte externa como en el interior de las habitaciones. Fuego y humo destrozaron las viviendas, para entonces ya desalojadas por sus inquilinos. Transcurrido más de un mes, muchas preguntas permanecen en el aire. ¿Cómo se inició el fuego y dónde? Y, sobre todo, ¿cómo es que tuvo una propagación fuera de lo normal, con espectaculares llamas saliendo de la fachada? La Policía Científica analiza los resultados de las pesquisas realizadas desde el primer momento en el lugar del incendio y están pendientes de ofrecer sus primeros resultados, que presentarán en breves días y que estarán a disposición de quienes, judicialmente, tengan algo que decir sobre este suceso.

Las pesquisas policiales, según pudo saber EL COMERCIO, concluirán en que el fuego se inició, por un «agente externo», en el primer nivel del andamio exterior. Allí estaba almacenado abundante material de obra de la empresa, incluidos cables, plásticos, etcétera. Por sí mismos, indican, es complicado, por no decir casi imposible, que dieran lugar a un fuego, pero sí relativamente sencillo que lo propagaran ante una actuación exterior. Por ejemplo, un cigarrillo encendido. En ese caso, ¿de dónde pudo llegar? ¿De la calle? ¿De algún vecino cercano que lo arrojara encendido por la ventana? Imposible, por lo que parece, llegar a más concreción.

En este momento, la Policía Científica sigue trabajando en su informe definitivo. No será concluyente. Hay que tener en cuenta que los efectivos del Cuerpo de Bomberos de Gijón se vieron en la lógica obligación de apagar el fuego a la mayor rapidez posible, sobre todo en el origen, y ello contribuye, de forma inevitable, a destruir o hacer desaparecer posibles pruebas del origen del siniestro.

Todo empezó poco antes de las cuatro de la madrugada. En ese momento se recibió una llamada en el Parque de Bomberos de Gijón alertando de la presencia de fuego en el citado edificio. La intervención de los profesionales del parque gijonés fue extremadamente rápida. En apenas ocho minutos estaban en el lugar de los hechos con once efectivos, la casi totalidad de los disponibles en el parque, y con tres vehículos: una bomba urbana ligera y dos autoescaleras. El fuego tenía su punto máximo de acción en el andamio que estaba situado en la primera planta. El elevador estaba en una planta inferior y apenas fue afectado por el fuego. Dos horas estuvieron los bomberos trabajando en la zona para dar por terminado el servicio a las seis de la mañana, aunque mucho antes el fuego ya había desaparecido y los vecinos del inmueble, los primeros que había que tener en cuenta, estaban totalmente a salvo.

Piezas del andamio dobladas

Las características del fuego y, sobre todo, el lugar donde se produjo obligaron a una actuación especialmente delicada por parte de los bomberos. No es habitual, como reconocieron, que el fuego se propague por el exterior de una fachada y que, además, entre en el interior de las viviendas. En el andamio donde comenzó el incendio, y por el efecto de las llamaradas, la temperatura subió de manera espectacular hasta situarse en torno a los 700 grados. Tanto es así, que el aluminio del exterior (hay que tener en cuenta que se trataba de una obra de rehabilitación en marcha), quedó literalmente fundido como si fueran láminas de papel.

Los vecinos, con la lógica alarma del momento, salieron de forma apresurada de sus casas, sobre todo los de las primeras plantas, dejando puertas abiertas, lo que contribuyó a que el humo se apropiara también de los huecos de la escalera dificultando la posible evacuación de las plantas superiores.

El consejo en estos casos es tratar de cerrar todas las puertas y aislar los habitáculos afectados. Eso es lo aconsejable. Otra cosa es, con un incendio en su propio domicilio, tener de capacidad de llevarlo a la práctica. Afortunadamente, el fuego, su gran virulencia, no pasó de la tercera planta y las superiores. Luego hubo daños menores ocasionados por el calor, también elevado, y por el humo.

No tuvieron tanta suerte de los vecinos de las tres primeras plantas, cuyas casas quedaron seriamente afectadas, tanto en la parte exterior como interior.

Volviendo al posible origen del fuego, el edificio estaba cubierto por una tela visible desde la calle que, se presume, tiene que tener unas características homologadas que eviten que sea una fuente de propagación. Esta red, entienden los expertos, no es totalmente ignífuga, ni la normativa prevé que así sea, pero sí tiene que reunir una serie de propiedades que, en caso de incendio, eviten que sea una fuente propagadora. Lo cierto es que la citada malla exterior ardió de forma totalmente vertical, sin expandirse a toda la fachada de la casa, íntegramente cubierta por ella como una piel exterior, lo que hubiera ampliado de forma aún más grave los efectos del incendio. El andamio quedó también seriamente dañado, con algunas de sus piezas totalmente dobladas por el efecto del fuerte calor, pero, según los expertos que analizaron a posteriori la zona, nunca estuvo en peligro de venirse abajo.

Denuncia por daños

Hasta tres plantas del edificio se vieron gravemente afectadas por el incendio, con la rotura de ventanas, de vidrios y, en general, con un importante destrozo. ¿Por qué se produjo un fuego de esa virulencia? Estos detalles quedan pendientes de una investigación de la que todavía no hay conclusiones. Por parte de los bomberos se considera a que no había en la zona ningún «acelerante» que justificase unas llamas de ese calibre.

Sin embargo, expertos de la empresa Murart -que, como afectados directos por una obra anexa al incendio, analizaron las causas- son de una opinión diferente y así lo han hecho constar en la denuncia presentada esta semana en el juzgado de Guardia de Gijón, en la que reclaman 40.154 euros por los daños del siniestro.

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