Los agresores, tras golpear al joven en Fomento: «Meca, lo matamos»

Un furgón de la Guardia Civil trasladó a los presuntos agresores a prisión durante la mañana de ayer. /JORGE PETEIRO
Un furgón de la Guardia Civil trasladó a los presuntos agresores a prisión durante la mañana de ayer. / JORGE PETEIRO

Ingresan en prisión dos chicos de 19 y 20 años acusados de golpear a la víctima que está en coma inducido en el HUCA. La policía investiga si hay más implicados

RAMÓN MUÑIZ / ÓSCAR PANDIELLOGIJÓN / OVIEDO

En el momento posterior, al ver a la víctima tendida en el suelo, inconsciente, con la cabeza abierta manando sangre y la piedra con la que le habían atacado al lado, tuvieron un arrebato de conciencia. "Meca, lo matamos", exclamaron, antes de emprender una huida inútil. A esa hora, las cuatro de la noche del jueves al viernes, se cuentan por decenas los testigos de la paliza ocurrida en Fomento, en Gijón. Los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) no tuvieron más que hablar uno a uno con ellos, para concluir que debían arrestar a unos jóvenes a los que ya conocían. Son Yeray R., de 20 años, e Imad A., de 19. Cuentan con antecedentes por agresión, el segundo practica el boxeo, ambos figuran en las redes sociales en un grupo que se hace llamar 'La manada'. Ayer fueron llevados al Juzgado de Instrucciön número 5, en funciones de guardia. Tras considerar la violencia empleada, los indicios en su contra y su probable horizonte penal, el fiscal solicitó su ingreso en prisión provisional, medida que el magistrado concedió.

Ayer durmieron ya en Villabona. Han superado la mayoría de edad lo que les expone al rigor que el Código Penal reserva para los adultos. El tiempo que permanezcan en prisión dependerá, en buena medida, de la evolución de la que se considera víctima de sus actos, German F., de 25 años. Camarero en un conocido restaurante, hombre pacífico según todos los que lo conocen, continúa en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del HUCA, en coma inducido. «Tiene lesiones muy graves en la cabeza, un ojo reventado, que no reacciona a la luz, y un oído igual, que sangró hasta el viernes», refiere uno de sus familiares. «Podría tener secuelas graves cuando salga del coma pese a que respira bien y no tiene dolores. Está peor de lo que pensaban», comenta afligido tras el resultado del primer escáner. Ha pasado las primeras horas estable «pero lo están vigilando y según como evolucione, los médicos nos dicen que habrá que operarle». Su abuela, madre, hermanos y amigos han pasado las últimas horas en vilo, aguardando por nuevas noticias desde el hospital

Germán fue el peor parado pero no la única víctima. De hecho los agresores la emprendieron con él cuando intentó separarles de otro de sus compañeros. M., uno de sus amigos, recibió siete puntos de sutura tras salir de la reyerta con la boca y una de sus orejas seriamente dañadas.

Los dos jóvenes detenidos formaban parte de un grupo más amplio, cercano a los diez integrantes, por lo que el Cuerpo Nacional de Policía trata de determinar la participación y responsabilidad de sus acompañantes, no descartándose nuevos arrestos. Entre otras pesquisas, se han analizado las imágenes obtenidas por las cámaras de un local en el que los supuestos agresores se encontraron con quienes serían sus víctimas.

Los hechos ocurrieron pasadas las cuatro de la noche del viernes. Las víctimas estaban acompañadas por unos seis amigos. Uno de ellos relata así la chispa que lo encendió todo: «Cuando quisimos irnos, uno de ellos se puso en medio, impidiéndonos el paso, insultándonos. Mi amigo M. trató de apartarle, poniéndole la mano en el cuello y diciéndole 'anda guaje', y el otro se revolvió agresivo contestando que 'a mi no me agarras por el cuello'». El testigo asegura que el grupo entero trató de apaciguar las aguas mientras salían del club, todo ello sin resultado. «Decíamos que nos queríamos ir, que nos dejaran, pero son gente que sale a pegarse, te busca, y hasta que no lo logra no para», considera.

Fuera del local, los intentos de rebajar la tensión resultaron estériles. «En un momento dado le dieron un puñetazo al primo de M., y Germán se metió para tratar de separarlos», indican los testigos. En ese momento, parte del grupo agresor se abalanzó sobre Germán, quien reculó hacia la acera contraria, lugar donde fue rodeado y recibió patadas y puñetazos que lo dejaron mareado. En ese momento, uno de los agresores se acercó por la espalda y le golpeó en la cabeza con la fatídica baldosa. El golpe lo desplomó. Los testimonios recogidos por los agentes implican a Yeray e Imad con esta escena, que no fue la única pavorosa. El propio M. también resultó derribado, y estando aturdido en el suelo, uno de los agresores le pateó la cabeza.

Los agredidos son unos habituales de la zona. «Llevan siete años viniendo por aquí y nunca, nunca, nunca dieron el más mínimo problema; nos parece todo increíble», comenta Javier R., dueño del local donde comenzó todo. Los trabajadores del establecimiento seguían el viernes conmocionados. «He visto camareros llorando, el portero destrozado; le quería todo el mundo mogollón», añade. Tras la noche de autos otros gijoneses se han puesto en contacto con las víctimas y sus familiares, para transmitirles su apoyo y comentarles las andanzas de los agresores.

Uno de los arrestados es aficionado al boxeo, pero la noticia de su implicación ha cogido por sorpresa a los compañeros de su primer gimnasio. «Aquí empezó, pero hace años que cambió de sitio; no entendemos qué ha pasado en este tiempo, cuando le teníamos aquí era una persona muy respetuosa», señala uno de los entrenadores. Entre las llamadas que están recibiendo las hay de gijoneses que aseguran haber sido también atacados por el mismo grupo. La noticia tiene conmocionada la ciudad, y los familiares de Germán no dejan de recibir mensajes, en ocasiones confusos. En la mañana de ayer por ejemplo si inquietud se acrecentó al asegurarles una persona próxima que uno de los agredidos estaba libre y se lo vio la noche del viernes de copas. Era falso, pero la falta de información oficial les dejó a merced de ello.

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