El Albergue Covadonga registró más demanda este verano, con un 82% de ocupación media

Albergue Covadonga. Gely Santamarta, Johanna Minciuna y Mari Luz Díez, en el comedor.
Albergue Covadonga. Gely Santamarta, Johanna Minciuna y Mari Luz Díez, en el comedor. / P. CITOULA

El centro de día que gestiona Siloé recibe una media de cien visitas diarias y la Cocina Económica sirve 443 menús por jornada

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

La llegada del verano es tiempo de vacaciones para muchos, pero no para los voluntarios y profesionales que trabajan en las entidades que forman la Red de Inclusión Activa de Gijón. De hecho, ellos tienen que hacer frente a un aumento de la demanda asistencial en los meses de calor. Un total de 424 personas buscaron refugio en el Albergue Covadonga entre los meses de junio y agosto. En concreto, 45 más que en las mismas fechas del año pasado. Las personas sin hogar se acercan a la ciudad, en mayor número, durante el período estival atraídas por los grandes eventos, como la Semana Negra y la Feria de Muestras, donde suelen trabajar en empleos esporádicos.

El albergue pasó de tener 50 a 87 plazas -55 para hombres, 23 para mujeres y 9 para uso polivalente- a principios de 2016, lo que permite dar servicio a todas las personas que lo solicitan. Además, esta ampliación permite ofrecer una mejor atención a los usuarios, lo que se refleja en el aumento de las estancias. «Las personas ahora pueden quedarse más tiempo porque tenemos camas suficientes para atender a las que llegan después», explica Julia María Castro, directora de programas de la Fundación Albergue Covadonga.

Así, los siete días al mes estipulados para los asturianos -cinco cada trimestre para los usuarios de otras comunidades- se prolongan «algún que otro mes» en ciertos casos. «Por ejemplo, si alguien está enfermo y trae justificante médico o está gestionando el salario social le decimos: 'nosotros te ayudamos'», apunta Castro. Una restricción que plantean eliminar este mes para equiparar los derechos de los locales y aquellos procedentes de otras provincias. «Lo tratamos en la Red de Inclusión y a todos nos pareció bien», indica. El Albergue Covadonga tiene una ocupación media del 82%. Alrededor de 70 personas pernoctan, comen, se asean y lavan su ropa en las instalaciones al mismo tiempo. El perfil de los usuarios no ha variado significativamente desde que empezó la crisis, cuando se detectó un elevado incremento de personas que antes tenían una vida normalizada y, como consecuencia de las dificultades económicas, se vieron obligadas a recurrir a los servicios asistenciales.

Lo que sí han percibido los responsables del Albergue Covadonga es un descenso del número de inmigrantes que solicitan alojamiento. «Hasta hace unos años eran el 25% de los usuarios y ahora ha bajado al 20%», apunta Castro. Alrededor del 30% se corresponde con personas de Gijón y otros puntos de Asturias, mientras que el 50% restante procede de otras comunidades autónomas. En 2016, el albergue dio alojamiento a 963 personas (801 hombres y 162 mujeres), ofreció 64.094 comidas anuales y realizó casi 4.800 servicios de lavandería.

Más comidas

La Red de Inclusión Activa ofrece recursos diferentes para atender, en la medida de lo posible, todas las necesidades de los usuarios. La Cocina Económica, gestionada por la Asociación Gijonesa de Caridad, es un lugar de referencia para las personas sin recursos suficientes a la hora de recibir alimentos. Durante los siete primeros meses del año, la entidad sirvió 91.730 desayunos, comidas y cenas, lo que supone una media superior a los 400 menús cada día. En julio, en concreto, fueron 443, dos menos que en junio. En agosto, cuyo balance aún no estaba cerrado ayer, la previsión es que sean alrededor de 500 comidas más en el cómputo mensual.

«En agosto, vamos a tener más que la media porque generalmente vienen más personas», explica el presidente de la Asociación Gijonesa de Caridad, Luis Torres. El motivo es que «otros donde se sirven comidas cierran y, además, llega más gente a Gijón por el buen tiempo». Pero no solo ofrece servicio de comedor, que el año pasado sirvió 165.056 menús. El colectivo también permite a los usuarios acceder a duchas, peluquería y ropero. El año pasado, fueron 2.464 las personas atendidas en estos aspectos. También entregó alimentos a 108 familias, así como ropa de abrigo, mantas y sacos de dormir a transeúntes. Respecto al dispositivo de emergencias, fueron atendidas seis familias monoparentales. En cuanto a los talleres, se desarrollaron un total de 129. Asimismo, el centro de primera acogida Vicente de Paúl cuenta con 82 plazas y la residencia de media estancia, otras 26.

Sobre los perfiles, Torres apunta que son muy variados: «Jóvenes, personas de mediana edad con problemas laborales, usuarios sin familia o con una muy desestructurada, transeúntes con problemas psicológicos e inmigrantes y minorías étnicas». Y también mayores con pensiones muy bajas, familias en situación precaria, reclusos y exreclusos y jóvenes con gran desarraigo familiar con adicción al alcohol y las drogas.

Nuevos perfiles

A éstos se une el nuevo perfil surgido a raíz de la crisis, de personas con vidas normalizadas que ven cambiar sus condiciones en un corto plazo de tiempo. En los últimos años, también es frecuente que lleguen a la Cocina Económica «personas con rupturas familiares que no pueden hacer frente a una vida autónoma» y jóvenes que se encuentran en la calle al cumplir la mayoría de edad y salir de los centros de menores. Alrededor de cien visitas recibe cada día el centro Milsoles, ubicado en El Coto. Ofrece desayunos y comidas, así como café y la posibilidad de descansar, ver la televisión y asearse. La demanda asistencial ha crecido enormemente desde el inicio de la crisis. «En 2010, fueron 254 las personas atendidas en Milsoles, pero la cifra se elevó a 843 el año pasado. El 23% de los usuarios que accedieron al servicio en 2016 lo hicieron por primera vez», señala Pablo Puente, coordinador del programa Innuit, en el cual se enmarca el centro de día. Respecto a la procedencia, un cuarto eran originarias de otros países.

En todo este entramado solidario, los voluntarios suponen un enorme valor añadido. Una media de noventa colaboran con el albergue para atender a los usuarios, mientras que la Cocina Económica tiene a su disposición a 130 ciudadanos altruistas. En Milsoles, cuatro personas ofrecen su trabajo y cariño de forma desinteresada para dar apoyo a los cinco trabajadores del centro.

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