«Para aliviar el dolor físico hay que tratar también el emocional»

Ainhoa Coloma. /  E. C.
Ainhoa Coloma. / E. C.

Esta especialista en prevención de abuso de fármacos considera que «la terapia psicológica es fundamental en pacientes que tomen analgésicos» Ainhoa Coloma Psicóloga de la Universidad Miguel Hernández de Elche

LAURA CASTRO GIJÓN.

Ainhoa Coloma, psicóloga general sanitaria de la Universidad Miguel Hernández de Elche, es una firme defensora del dogma tradicional que aboga por tener una mente sana en un cuerpo sano. Sin embargo, cuando este último no acompaña a causa, por ejemplo, de un dolor crónico, el papel que juega la mente se vuelve fundamental. Es este sufrimiento físico el que lleva a muchos pacientes tratados con analgésicos opioides -como la oxicodona y la morfina- a una conducta abusiva de estas sustancias. Una actitud, según Coloma, que se puede prevenir.

Este será el tema que aborde en la jornada de Prevención y Manejo de la Dependencia a Analgésicos Opioides que organiza la asociación Socidrogalcohol y en la que también participará Teresa Orengo, médico de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Valencia. Las ponencias tendrán lugar hoy a partir de las 16 horas en la Academia de Ciencias Médicas de Gijón.

-¿Ha aumentado el número de personas con adicción a los analgésicos opioides?

Imparte esta tarde una ponencia en la Academia de Ciencias Médicas

-Sí. Es un dato que hemos observado en la universidad en los últimos años y que está estrechamente relacionado con su uso cada vez más habitual para el tratamiento del dolor crónico.

-¿No deberían recetarse?

-Se trata de que cuando lo hagan, se anime también a esos pacientes a acompañar el tratamiento farmacológico con una terapia psicológica preventiva. Está demostrado que son útiles a corto y medio plazo, aunque está por demostrar su implicación a largo plazo, pues por el momento es algo que no está muy claro. Deben manejarse con cautela y tener estrategias donde se incluya una intervención multidisciplinar con variables médicas y también psicológicas.

-¿No se lleva a cabo actualmente?

-No. Se recurre a la terapia psicológica una vez que la persona ha desarrollado dependencia a los fármacos, pero no de manera preventiva. No hay demasiados estudios que evalúen cómo minimizaría los riesgos un tratamiento de este tipo.

-¿En qué se basaría esta terapia?

-Consiste en un tratamiento cognitivo conductual. Es el más utilizado por su eficacia y el objetivo que persigue es darle a las personas una serie de técnicas para activar la conducta, herramientas de comunicación con su entorno y estrategias de relajación. Muchas de las personas que viven con dolor crónico, por ejemplo, dejan de hacer actividades físicas o de ocio. Esta actitud les genera además pensamientos distorsionados del tipo: no voy a ir a una fiesta a la que estaba deseando acudir porque me va a doler demasiado. Esto repercute en el estado de ánimo de los pacientes hasta el punto de que puede llegar a intensificar el dolor que sufren.

-Entonces, ¿el dolor físico puede llegar a provocar dolor emocional?

- Sí. Y viceversa. De hecho, hace más de cincuenta años que sabemos que no debemos entender el dolor como algo meramente físico, sino que tiene una parte emocional muy importante. Cuando convives con él a diario, acabas teniendo discusiones con la familia y con tus allegados. Por eso, es importante darles herramientas para aprender a comunicarse mejor y a expresar lo que sienten en cada momento. El dolor repercute en su manera de pensar y de relacionarse con los demás y por eso, muchos optan por encerrarse en sí mismos, quedarse en casa y no salir. Adoptar esta actitud es lo que hace que se intensifique el dolor físico que sienten hasta el punto de llegar a desarrollar trastornos psicológicos.

-¿Cuáles son los más frecuentes?

-La ansiedad y la depresión. Son, además, factores de riesgo para el desarrollo de una adicción a los analgésicos opioides. Es una de las conclusiones que hemos extraido de la evaluación que estamos llevando a cabo en la universidad con una muestra de la población española.

-¿Qué más han averiguado?

-Entre otras cosas, es especialmente llamativo que en personas con trastornos de ansiedad y depresión los tratamientos con analgésicos se alargan más que en personas que no los padecen. Es decir, sienten dolor por más tiempo. En base a esto, hemos diseñado un modelo para predecir qué personas pueden desarrollar dependencia a los fármacos y entre ellas están las que sufren estas alteraciones psicológicas.

-¿Cómo saber si son una consecuencia del dolor o la causa?

-Es difícil porque pueden ser ambas cosas. Es decir, el dolor me puede generar ansiedad, pero si yo ya padecía este trastorno puede influir de manera negativa en mi dolor aumentando su intensidad.

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