37 alumnos de Nuevo Roces comienzan el curso escolar sin transporte escolar al Piñole

Las familias se manifiestan hoy tras haber conocido el viernes la suspensión de un servicio que la Consejería de Educación «había prometido»

G. POMARADA GIJÓN.

Los 37 alumnos de nuevo ingreso del colegio Nicanor Piñole residentes en el barrio de Nuevo Roces no podrán coger hoy el autobús escolar para desplazarse hasta el centro educativo. Tras una semana de periodo de adaptación, los niños de tres años debían incorporarse esta mañana a las clases como alumnos de pleno derecho, pero apenas 72 horas antes, en la mañana del viernes, la dirección del colegio supo que el servicio de transporte no estaría disponible para los alumnos de nueva matrícula.

«Lo peor es que ni siquiera avisaron. Que se enteraran fue algo fortuito», afea a la Consejería de Educación María Suárez, presidenta de la Asociación de Madres y Padres del colegio. «La directora llamó a la empresa de transporte y ellos le dijeron que no teníamos autobús», explica. A expensas de que la consejería remita una resolución «a lo largo de la mañana», las familias afectadas se concentrarán a modo de protesta a las ocho y media en la parada del transporte escolar, en la intersección entre las calles Alicia Concepción Álvarez y Ramón Gómez Lozana.

Allí se dará la paradoja de que los alumnos que ya estaban escolarizados en el centro el pasado curso podrán subir al autobús, mientras que los de nuevo ingreso se quedarán en tierra. El motivo de la disparidad de criterio se encuentra, señalan desde la asociación, en un reglamento en el que se establecen como requisitos para el acceso al transporte escolar estar matriculado en segundo ciclo de educación infantil, tener el domicilio familiar a una distancia superior a 1.500 metros del centro docente y residir en una localidad distinta a aquella en la que esté ubicado el colegio. Esta última exigencia no se cumple en Nuevo Roces, si bien en una reunión con la asociación de vecinos celebrada a finales de junio «nos prometieron que se iba a mantener», apunta Óscar Martínez, padre afectado y miembro de la entidad.

«Estamos en un barrio para el que prometieron muchas cosas y ni siquiera tenemos accesos para ir caminando. Solo nos podemos mover en coche», recuerda la presidenta del Ampa. La opción que barajan las familias hasta que se resuelva el problema pasa por llevar a los niños en sus propios vehículos o en EMTUSA, cuyos autobuses «pasan cada media hora y solo cogen dos carritos de bebé».

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